Carlos Silvestri pasó 25 años muy sufridos en el fútbol profesional antes de su primera vuelta olímpica. Quien supo ser un arquero esforzado, muchas veces suplente y de emergencia, se consagró como el guía del Cantolao campeón en un estadio que envuelve momentos simbólicos de su carrera.
    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

Y allí está el arquero de toda la vida, volando por los aires de Matute. Esta vez tras ser alzado en hombros y en medio de una imagen de felicidad que en el fútbol le había sido siempre ajena, lejana. Pero lo suyo ha sido siempre el aire, y por eso flota, levita. Como campeón.

Carlos Jean Pierre Silvestri Saux (Lima, 22 de junio de 1972) es ese arquero vinculado con los tres conceptos menos agradables que los tres palos son capaces de enmarcar en la mente del aficionado. Uno, el banco de suplentes, desde el que tantas veces respondió a llamados de emergencia poco recompensados. Dos, el de sacrificado rol de guardameta de equipo chico, que implica ir muchas veces a recoger el balón del fondo de las redes aun cuando individualmente se haya entregado lo mejor de uno. Tres, el del descenso, esa mancha que desmerece currículos y golpea orgullos.

Carlos Silvestri el día de su debut en Primera, en el arco de San Agustín. En la escena no logra interceptar a Rosinaldo y verá caer su valla por única vez. (Recorte: diario Expreso) 

Porque la carrera de Silvestri comenzó en efecto así, volando por los aires de Matute. De la tarde del 13 de noviembre de 1991 queda una postal que lo muestra con cabello largo así, suspendido en el aire, intentando sacarle el balón a Rosinaldo Lopes. No lo conseguiría: el brasileño lo sobrepasó y marcó el único gol que le dio a Alianza una victoria por 1-0 sobre San Agustín. Ronald Amoretti le había hecho al joven portero de solo 19 años de edad el primer SOS de su carrera, pues en el partido anterior, ante Huaral, Héctor Martín Yupanqui había sido expulsado y el arco colegial, quedado vacante.

Desde entonces, el apellido Silvestri pasó a convertirse en un habitué de las formaciones canarias. De ese equipo que jugaba de preliminarista y siempre andaba ingeniándoselas para sobrevivir en la categoría y evitar que le metieran goles. Su imagen en el arco, por eso, está asociada en la memoria del hincha con éxitos ajenos: postales como las del título de Universitario en 1993, por ejemplo, lo tienen de víctima de turno. Con San Agustín sobrevivió en la categoría hasta 1996, año en que la dirigencia colegial decidió mudar el equipo a Trujillo en línea con su nuevo auspiciador y se hizo el harakiri: perdió la categoría con suma anticipación y nulo apoyo en las tribunas.

Silvestri víctima del bullying del ataque mortífero del Cristal tricampeón: Julinho le anota en el triunfo cervecero por 0-3 sobre San Agustín en Trujillo por el Descentralizado 1996. (Recorte: diario El Comercio, suplemento Deporte Total) 

Silvestri, sin embargo, defendió el arco santo en los 30 partidos de aquella temporada, sin salir un solo minuto del campo. Tal regularidad y el hecho de que muchas veces su esfuerzo personal no alcanzara para menguar las carencias de su equipo no pasaron inadvertidas para Juan Carlos Oblitas. De modo sorprendente, el 'Ciego' convocó a la selección en junio de 1996 al portero del colero del torneo para que fuera tercer arquero, detrás de Julio César Balerio y Miguel Miranda, en el cotejo de la tercera fecha de las Eliminatorias a Francia 1998, nada menos que ante Argentina.

Desde entonces y hacia adelante, y a despecho del descenso canario, Silvestri fue inamovible en el plantel que cuajó la mejor campaña de un seleccionado peruano en Eliminatorias en los casi 36 años que la blanquirroja lleva fuera de los mundiales. No faltaron los venenosos de siempre y la respuesta de Oblitas fue siempre la misma: no solo era una persona positiva para el grupo, sino que para ser tercer arquero tenías que estar preparado para responder a la emergencia y la eventualidad, y un guardameta que peleaba la baja era el más adecuado para ese rol.

Postal del Clausura 1999: Tressor Moreno elude a Silvestri, quien se estira para intentar alcanzarlo; sin embargo, le comete la falta fuera del área y sale expulsado. (Foto: revista Don Balón Perú)

En 1997, pasó a Melgar. Atajó el Apertura, pero tras participar de otra postal de éxito de terceros -los dos goles de Waldir Sáenz en la UNSA que les dieron a los íntimos el primer título de aquel año- fue relegado al banco una vez más, ante el arribo a la Ciudad Blanca del argentino Alejandro Mulet. Así, para 1998 decidió aceptar la oferta de Municipal, en cuyas filas más bien estaba preparado para ser suplente de un referente de sí: Miguel Miranda, a quien había tenido delante en la selección. Sin embargo, tras el fracaso de la mediática dupla 'Ma-Ma' y la crisis interna que sobrevino en la 'Academia', el 'Carón' optó por marcharse al fútbol chino y fue más bien Silvestri quien atajó casi toda la temporada en la que 'Muni' salvó la categoría en revalidación ante Yurimaguas, con Ramón Quiroga evocando a la madre del tristemente inolvidable Rafael Hernando.

Después de esa intensa experiencia y luego de medio año de para, le tocó pasar a Deportivo Pesquero para el Clausura 1999. Empezó bien, pero una tarde de agosto en el Manuel Gómez Arellano tuvo que lidiar en un mano a mano contra Tressor Moreno, el gambetero de moda en el medio por entonces. El colombiano lo dribló y Silvestri, impotente, voló todo lo que pudo para tomarlo de la cintura y cometerle falta fuera del área. Vio la tarjeta roja y forzó así el debut de su sustituto Rivelino Urrutia, quien con los músculos fríos se devoró un gol de Marcial Salazar en el tiro libre producto de esa misma falta. Pesquero fue goleado 0-4 por Alianza Lima y Silvestri tuvo pocas ocasiones más en un nuevo año complicado.

Carlos Silvestri reanima a Juan Diego Vidalón tras el descenso de Municipal el 26 de noviembre de 2000. El golero no volvería a jugar en Primera División. (Recorte: diario Líbero)

Para 2000, Municipal y todos sus problemas volvieron a recibirlo. Como siempre, él puso el pecho, la cara y los guantes: fue, una vez más, el ingrato protagonista de postales de derrotas de una de las peores campañas de la historia edil. Del aciago mediodía del 26 de noviembre en el Miguel Grau, tras el fatídico empate ante Alianza Atlético, queda más bien su escena reanimando compañeros desolados, a lo Chilavert, alzándolos del brazo cuando lloraban el descenso. Ya era entonces un golero maduro, aun cuando jamás volvería a jugar en Primera.

Sin querer o queriendo, ese día Silvestri se vinculó a la familia edil. Participó en las cuatro primeras temporadas de la franja en su retorno a Segunda, con espíritu de lucha y ya cumpliendo el rol de ceder espacio a los más jóvenes, como a Ricardo Farro en aquella campaña que acabó en la pérdida del ascenso a manos de Sport Áncash. Dejó buena imagen, pero también algo más: aun cuando él se marchó para cerrar su carrera en Virgen de Chapi en 2005, su padre y homónimo ingresó a la dirigencia de 'Muni', y ya se sabe lo que -sin análisis de culpas y sí de resultados de gestión- pasó.

El vuelo de un exarquero campeón que se cobró la revancha personal y familiar de sonreír en los aires de Matute. (Foto: Raúl Chávarry / DeChalaca.com) 

Por eso, verlo allí, volando por los aires de Matute, es también un inmenso gesto de revancha para un apellido que una tarde de 2007 fue sindicado, en ese mismo estadio, como el gran responsable de haber hecho descender a Municipal con juveniles y un 6-0 a cuestas -con Carlos hijo, una vez más, poniendo el pecho, ahora como DT de emergencia de ese equipo remendado-. La foto actual lo muestra otra vez con cabello largo, como la de 1991, pero con las entradas propias del tiempo. Y de la experiencia que acumuló para, luego de su retiro, irse formando como DT en las canteras de Universitario y haber aceptado otra vez los llamados de emergencia cuando Ángel Comizzo dejó el comando técnico crema en 2014 y cuando Oscar Ibáñez hizo lo propio en 2015. En ambos casos, curiosamente, se trató de nuevos cambios de arqueros titulares por arquero suplente: fue un paso para, una vez más, crecer viniendo desde el banco.

Este 2016 le permitió a Carlos Silvestri hacer su primera campaña completa como técnico en un plantel profesional. Uno de camiseta amarilla, como la de su recordado San Agustín; pero también uno de gente correcta y bien formada, de espíritu académico y planificador. El guía del Cantolao campeón es un hombre que esperó veinticinco años para que el fútbol le regale una gran sonrisa llamada vuelta olímpica. Casi como convalidando el refrán que dice que a quien espera y no desespera, su bien algún día le llega.

Fotos y recortes: diarios Expreso, El Comercio y Líbero; Pedro Monteverde y Raúl Chávarry / DeChalaca.com


Comentarios (1)add
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escrito por Aguilag , diciembre 13, 2016
Qué bonita reseña del técnico del Cantolao campeón de la Segunda Profesional 2016 merecidamente. Felicitaciones amigos de DeChalaca, excelente trabajo.
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