Composición fotográfica: José Salcedo / DeChalaca.com¿Es este Barcelona campeón de la quinta Champions de su historia el mejor equipo de todos los tiempos? Posiblemente, no, o al menos aún. Pero quizá haya logrado algo incluso más importante que eso: lograr que un proyecto haya trascendido generaciones de futbolistas y sostenga una identidad en el éxito más allá de los nombres de los protagonistas.

El morbo por calificar a algo o alguien de el o lo "mejor de todos los tiempos" es inmenso y universal. Suele agitarse cuando se observan cosas grandiosas, como el gol de Pelé a Suecia en 1958, el de Maradona a Inglaterra en 1986 o el de Messi al Athletic hace un par de semanas. Y al ensayarse un juicio de ese tipo, usualmente se deja de lado un requisito que la ciencia histórica plantea como sine qua non para afirmaciones absolutistas: la distancia temporal respecto de los hechos.

Pero aun obviando esa condición, observar a este Barcelona multicampeón en un mismo año -tras haberlo conseguido a nivel europeo por última vez en 2011, hace cuatro temporadas- no permite visualizar una imagen más dominante que la de otros equipos de la historia que fueron multicampeones y por ende invencibles en años continuados. Tres ejemplos saltan de inmediato a la mente: i) el Real Madrid pentacampeón de Europa con Di Stéfano entre 1955 y 1960; ii) el Ajax de Cruyff tricampeón entre 1971 y 1973; iii) el Milan de Arrigo Sacchi de finales de los ochenta. Todos esos clubes, en su momento, fueron los mejores del mundo, y ejercieron un dominio tanto o más incuestionable que el actual del Barcelona.

El Ajax de Cruyff fue tricampeón y ejerció un fuerte dominio en Europa (Foto: blaugrana.com)
Esa variable para medir al "mejor", la de comparar dominios absolutos sobre el resto de los equipos de una misma época, es posiblemente más prolija que la de plantear un partido de Playstation para comparar los stats de Di Stéfano con los de Messi. Es imposible y poco fidedigno, por la evolución técnica, táctica y física del fútbol, poner a un equipo de los cincuenta, setenta o incluso noventa frente a uno actual aun imaginariamente y evaluar, a partir de un partido entre ambos, cuál sería superior.

Satisfecho ese planteamiento, no obstante, es posible plantear uno más ambicioso: que este Barcelona, si bien no es el mejor equipo de todos los tiempos, ha conseguido algo incluso más importante que eso. Le ha ganado el duelo al tiempo mismo, y ha conseguido que una misma forma de jugar evolucione con el paso de los calendarios sin modificar las líneas básicas de su identidad. Porque este Barça de la MSN luce más vistoso y demoledor que aquel campeón de todo de 2011. Y este último, a su vez, le ganó al Manchester United con más solvencia y contundencia que en 2009. Y este último equipo del 'Pep' lucía muy superior al que en 2006 orquestó Rikjaard y le ganó al Arsenal. Y ese mismo equipo, con Ronaldinho a la cabeza, parecía bastante más que el que en 1992 lideraba Koeman y le ganó con un tiro libre del holandés a la Sampdoria. Cabe anotar que este último equipo, que ya era un Dream Team para la crítica, inclusive fue futbolísticamente superado por sí mismo cuando incorporó a Romário, pese a no haber campeonado con él la Champions.

El actual Barcelona, con un imparable Neymar como parte de su ofensiva, se muestra como un equipo demoledor a comparación de años anteriores (Foto: afp)
¿Importa, pues, cuál Barcelona fue mejor que otro? En realidad no. Importa que en cada uno de esos momentos fue el mejor, y que mostró curva ascendente en lo colectivo a lo largo del tiempo. Messi, ícono indudable de las mejores épocas azulgranas, lo explica en sí mismo. En 2006 era un emergente suplente que asomaba como potencial sucesor de Ronaldinho; en 2009 era el mejor, y el que llevaba al equipo a su ritmo y voluntad; en 2011 ya era un extraterrestre, y brillaba demasiado más que cualquier otro futbolista sobre la faz de la tierra; en 2015 sigue siendo el rey, pero el equipo tiene otros astros, como Neymar y Suárez, que encandilan con luz propia. Pero en ninguno de los tres casos, ni siquiera en el del propio 'Lio', el brillo individual es mayor que el de la MSN combinada.

Por eso, si en algo el Barcelona ha superado al Real Madrid, al Ajax y al Milan es en haber conseguido que, más allá de los nombres, sus equipos jueguen a lo mismo y extiendan, a lo largo de un horizonte de nueve años (2006-2015) un reinado con intervalos en los resultados, pero no en el predominio de una filosofía. Durante esta época, que para el mass media será "la era de Messi", lo que realmente ha predominado en el mundo es la manera de jugar al fútbol del Barcelona, sinónimo de éxito y prestigio. Una que, hasta el hartazgo de sabe, germinó en La Masía concebida por Oriol Tort e impregnó sus valores en alumnos de probada excelencia como Josep Guardiola.

Josep Guardiola conoció y moldeó de cerca el gran trabajo que viene realiza Barcelona en este momento (Foto: lavanguardia.com)
Quizá el único club en el mundo que consiguió hacer trascender tanto una manera de jugar acompañada de resultados en el tiempo es uno que está en las antípodas del Barça: el Estudiantes de La Plata en el que Osvaldo Zubeldía dictó un camino cuya senda, casi cuarenta años después, supo recoger Alejandro Sabella. Pero no ha tenido la consistencia de este Barcelona que sigue autoimponiéndose retos y vislumbra uno muy grande por delante: lidiar con la curva descendente que en algún momento tocará la carrera de Messi y gobernar la transición alrededor de eso. Cuando lo logre, ratificará que hay cosas més importantes que ser el mejor club.

Composición fotográfica: José Salcedo / DeChalaca.com
Fotos: blaugrana.com, afp, lavanguardia.com


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