Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comBarcelona abdicó sus posibilidades de clasificación -y acaso cerró un nuevo ciclo de brillantez- ante una Juventus sobria y sólida. El 0-0 obtenido en el Camp Nou respalda, por forma y fondo, al equipo de Massimiliano Allegri como candidato de fuerza para hacerse del título de la Champions League.
    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y fueron ocho. Exactamente los toques que la Juventus, cuando corrían 88 minutos de partido, dio en el campo del Barcelona de manera libre y acaso humillante. Un camotito de cualquier estilo excepto italiano, pero sí real y palpable por las 96,290 almas que coparon el aforo máximo del Camp Nou y que, salvo la prole bianconera llegada desde Turín, asistió resignada a un choque con la realidad.

Esa realidad dicta que el Barcelona está prácticamente fuera de combate en todos los torneos en los que interviene y que, con el anuncio efectuado por Luis Enrique sobre su partida a final de temporada, configura el marco ideal para dar inicio a un nuevo ciclo que enrumbe al equipo al éxito al que está acostumbrado. Acaso uno, si bien legítimamente fiel a sus convicciones, menos endeble a la obviedad de propuestas antagónicas que ya han demostrado con matices, en los últimos años -Inter, Chelsea, Atlético, ahora la Juventus-, cómo puede sacarse del camino una receta predecible.

En esa línea, le hace daño al Manual de Estilo culé el discurso mediático y tribunero de que su manera de jugar es la única, la superlativa y la moralmente mejor que todas las demás. Sobre todo, el paradigma de que aquel equipo que le juega al Barcelona con la mente puesta primero en el arco propio antes que en el rival es el villano de la historia, el malo del película, el personaje hitchockiano que llega dispuesto a destruir a Oliver Atton y sus amigos. Esa fantasía del bien futbolístico que conduce a que, cuando la Juventus alejaba balones de su arco con la sobriedad de Gianluigi Buffon, la rústica pero impecable eficiencia de Giorgio Chiellini o la presencia oportuna de Leonardo Bonnucci, las redes sociales ardieran en vituperios y descalificaciones al planteamiento de los de Massimiliano Allegri.

La postal que dio la vuelta al mundo: Lionel Messi y una fuerte caída de rostro. (Foto: EFE) 

Pero la 'Juve', vieja y elegante señora, respondió con fineza y alcurnia. La señal la dio el viejo 'Gigi': casi como gesto de concesión de un gigante al oprimido, soltó inesperadamente un balón centrado desde la derecha por Sergi Roberto y cometió un desliz de principiante. La pelota, tras una sucesión de rebotes, le quedó nada menos que a Lionel Messi, libre y relativamente oportuna para que el '10' emprenda el remate al gol. Pero se hizo un lío literal y la mandó al saque de meta.

Aquel fue el punto de quiebre que resignó de Cataluña entera. El mejor de su mundo no pudo y con eso, los bianconeri terminaron de demoler la moral azulgrana. Comenzó entonces lo que la crítica tanto reclamaba: el show de toques, arabescos y firuletes. Entrenamiento y pichanga. Camotito. Todo en cancha del Barcelona y contra un rival tan entregado que Luis Enrique, en un rapto de replanteamiento, había decidido prescindir de Sergi Roberto, increíblemente protagonista de la ocasión de mayor peligro creada por el local en todo el partido, y más increíblemente reemplazado por Javier Mascherano para que Gerard Piqué pudiera meterse de '9' en los minutos finales como sino de desesperación.

Del lado opuesto, lo que más destacó en ese lapso fue la enorme capacidad de Juan Cuadrado para liderar el contragolpe bianconero. El colombiano, en realidad, fue protagonista de la conducción de la 'Juve' todo el partido, pues el juego estuvo completamente desbalanceado hacia su banda. En ella, le ganó el duelo con largueza a Jordi Alba, y denotó una madurez importante propia de sus casi ocho temporadas en Europa. Crack y capo, su fútbol a la vez moderno y latino, a la vez veloz y eficaz, fue el símbolo de la superioridad de cabo a rabo plasmada por el cuadro de Turín en el Camp Nou.

Juan Cuadrado fue pieza fundamental para que la Juventus diga presente en las semifinales de la Champions. (Foto: diario AS) 

El mensaje del final fue, entonces, que el presente del Barcelona no le da para romper un buen cerco defensivo y que las remontadas épicas se le hacen posibles cuando existe una complicidad de la zaga rival -en términos de pésima actuación, entiéndase-. La Juventus, en cambio, vive un momento de consolidación de un proyecto: uno en el que sabe cómo resolver partidos ante propuestas diversas, como por ejemplo goleando en el primer partido y asegurando colchón para el segundo. Lo normal, en esos casos, es que suceda lo que pasó en Cataluña. Lo anormal, más que nunca, queda para otra generación.

Los Goles

No hubo.

Fotos: AFP, EFE, diario AS

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La ficha del Barcelona 0 - Juventus 0

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