No sentenciar desde el primer tiempo le costó carísmo al Chelsea. Su capacidad de peligro, comandada por Drogba, solo se tradujo en un autogol de Deivid. Era un 0-1 nada definitivo que se achicharró con el calor de ser visitante. Y peor aún, debido a que gracias al apoyo de sus aficionados el Fenerbahce volteó el partido con goles de Kazim Kazim y -faltaba menos- Deivid.




