Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.comSporting Cristal recibe al Deportivo Táchira, equipo que nunca antes había enfrentado a un cuadro peruano en torneo internacional alguno. No obstante, sí tuvo una experiencia con jugadores peruanos en una Libertadores: la de 1983, año particularmente malo para su DT Marcos Calderón.

 

Ya pasaron 20 años desde la última vez que un equipo de Venezuela enfrentó a Sporting Cristal en la Copa Libertadores: en 1995 fue Caracas FC el rival de los celestes en los octavos de final. Ahora, por la fase de grupos, Deportivo Táchira aparece como un equipo inédito en la historia internacional peruana ya que nunca antes se lo ha enfrentado de manera oficial.

La historia del Táchira, sin embargo, marca el registro de algunos peruanos en sus filas (el último de ellos fue Martín Hidalgo), en especial cuando en 1983 tuvo a un técnico y tres jugadores que pese al entusiasmo inicial acabaron con más pena que gloria su aventura venezolana. Y en ello no hubo nombre o renombre que valiera.

La embajada copera

La década de los ochenta comenzó de manera auspiciosa para el Táchira. Primero conquistó el título nacional de 1981 y luego la Copa Venezuela en 1982, pero esa misma temporada sufrió una crisis futbolística que llevó a que sus dirigentes contactaran a Marcos Calderón, técnico de reconocidos logros, en especial por su trabajo con la selección peruana y que ese año clasificó a Deportivo Municipal a la Libertadores.

Deportivo Táchira versión 1983 con los cuatro peruanos: Marcos Calderón en camisa blanca, Pedro Chinchay y Rodulfo Manzo al final de los jugadores de a pie y Augusto Palacios, el penúltimo de los hincados (Foto: augustopalacios.co.za)

La meta con los aurinegros era la misma y el ‘Oso’ la cumplió a cabalidad al quedar subcampeón, igual a como hizo con los ediles. Así fue que para la siguiente temporada se le renovó la confianza a Calderón, pero aún mejor, se le dio libertad para contratar jugadores del Perú.

Ya en el plantel tenía a Pedro Chinchay, volante que partió a Venezuela luego de salir campeón con los Tigres de Nuevo León en la temporada 1981/82 junto a ‘Patrulla’ Barbadillo, y también a Rodulfo Manzo, defensa a quien conocía de su paso por Sporting Cristal y Municipal. Pero en enero viajó a Lima para llevarse a dos más: a Augusto Palacios y Juan José Muñante.

Marcos Calderón partió con ambos rumbo a San Cristóbal y una vez en la ciudad surgieron contratiempos. Pasó que la edad de algunos jugadores comenzó a ser cuestionada y todo se centró en el mayor de ellos, el ‘Jet’, que con 34 años encima fue conminado por los dirigentes a pasar una prueba la cual rechazó tajantemente. De esta forma Muñante quedó descartado luego de entrenar durante dos semanas con el equipo.

El camino hincado

Augusto Palacios junto a Rodulfo Manzo, dos de los peruanos que debieron ser pilares de la campaña del Táchira (Foto: augustopalacios.co.za)Para el Táchira la temporada comenzó el 20 de febrero con un empate sin goles frente al Deportivo Italia, y pese a ganar como local ante el Zamora en la siguiente fecha, luego llegaron tres derrotas consecutivas (contra San Cristóbal -campeón vigente-, Estudiantes de Mérida y Portuguesa) que tocaron al plantel, más que por los resultados, por el juego exhibido. El desempeño de los peruanos volvió a estar en el centro de la crítica y todo se puso peor cuando les tocó jugar la Libertadores.

El 27 de marzo enfrentaron nuevamente al San Cristóbal y cayeron por 2-0. Entonces ya se hablaba de la lentitud de los refuerzos, la misma que volvió a salir a flote cuando el 10 de abril no pasaron del 1-1 como locales ante el Barcelona de Ecuador que contaba en el arco con Ramón Quiroga. Y hasta ahí llegó la paciencia de Marcos Calderón pues al día siguiente anunció su renuncia irrevocable.

Sin la presencia del ‘Oso’ el futuro de Manzo, Chinchay y Palacios se volvió incierto. El puesto como DT lo asumió el uruguayo Wálter Vallarino y fue él quien apareció en el banco de suplentes cuando Táchira recibió a El Nacional de Ecuador el 13 de abril, más no así los tres jugadores peruanos que dejaron de aparecer en los partidos y de esa manera regresaron al Perú para unirse a otros equipos.

Para Calderón, en cambio, ese no fue el fin de un amargo año pues luego de descartar una supuesta oferta de Universitario se fue a Guayaquil para dirigir al Barcelona, equipo en el que tampoco logró el objetivo de sacarlo campeón. Solo el cambio de calendario varió el semblante de un técnico exitoso, para muchos el mejor de todos, pero que en ese Táchira de 1983 tuvo uno de los momentos más opacos de su carrera.

Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.com
Fotos: augustopalacios.co.za


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