La eliminación de la selección Sub-20 despertó los mismos diagnósticos de cada Sudamericano: una postura ya inútil si no se atacan puntos concretos en medidas que impiden que esta categoría compita mejor que las del resto del continente, como la Bolsa de Minutos y el cupo de extranjeros.

 

Jair Villanueva | @Jair_Villanueva
Editor

Argentinos, uruguayos y peruanos; selecciones con mucho, poco o nulo rodaje en Primera; equipos con "biotipo", el rezago de los "jotitas"; colectivos que juegan largo, corto, con uno o dos '9', con línea de tres o línea de cuatro. Por la Sub-20 se ha visto de todo en los distintos Sudamericanos y poco resultó. De hecho, durante años se ha visto el árbol -la selección- y no el bosque -los clubes y el sistema de torneos-. Por ende, los cambios se han visto en un equipo que, como se repite en DeChalaca hasta el hartazgo, es un producto de su sistema más que del trabajo de un técnico en un año, porque mil entrenamientos y amistosos no equivalen a una competencia "por la plata" (Pablo Bengoechea dixit)

El 'Profesor' lo dijo cuando dirigió a la selección peruana de mayores. Y fuera de voces escandalizadas, tuvo razón en separar cualquier amistoso, así pudiera ser con Alemania, de un partido por los puntos. Pues quien ha jugado y vivido sabe que no es lo mismo jugar con Francia en el Parque de los Príncipes un amistoso -como ocurrió cuando se le ganó 0-1 en 1982- que contra Polonia en un Mundial -cuando se cayó 5-1 meses luego en España-, pues lo segundo siempre será más complicado de encarar.

Ello, sin embargo, no se ha entendido en el sistema actual. Por el contrario, se han tomado medidas que se han vuelto sobreproteccionistas para los jugadores Sub-20 como la Bolsa de Minutos, la cual ha aumentado con el correr de los años, mientras que el rendimiento de quienes son supuestamente beneficiados ha decrecido.

Rabanal apareció con buena estrella en UTC en 2015, pero en 2016 no tuvo un buen rendimiento. Pese a ello fue el que más jugó entre los categoría 1997. (Foto: Alfredo Palomino)

Un dato es contundentemente ilustrativo al respecto: el jugador categoría 1997 con más minutos en el Descentalizado 2016, Eduardo Rabanal, fue el jugador con menor promedio para DeChalaca en UTC entre los evaluables para integrar el Equipo Ideal del año pasado. Además, lejos de una mirada solo estadística, lo visto del lateral derecho en 2016 dejó por sentado que su titularidad obedeció solo a la Bolsa de Minutos; sino pueden revisarse las varias reacciones de Franco Navarro en UTC -sobre todo tras el 6-0 sufrido ante San Martín en el Callao por las Series-.

No obstante, Rabanal es pedido por la tribuna general -público cada vez más acérrimo de lo que le genere emocionalmente su equipo (se puede observar en el fenómeno de las presentaciones) que del fútbol- como si su presencia se tratara de un gol de chalaca en el último minuto. Luego del jugador de UTC, los cuatro nacidos en 1997 con más minutos y no convocados -excepto Érinson Ramírez, hasta donde se sabe separado por motivos disciplinarios- son Alexander Lecaros -sostuvo casi toda la Bolsa de Real Garcilaso-, Stalin Morales y Carlos Quevedo. Los dos últimos fueron piezas de emergencia utilizadas de forma recurrente en un plantel corto como el de Huancayo y que sufrió varias bajas en la segunda parte del Descentralizado por lesiones, motivo por el cual Ronaldo Andía también tomó protagonismo.

No solo la Bolsa de Minutos resulta una medida sobreproteccionista para los Sub-20, pues no les genera una competencia siquiera interna con otros profesionales; por otro lado, también lo hace el recorte del cupo de extranjeros, como sucederá en 2017: solo tres podrán estar en cancha. Esta medida abre espacio fácil a futbolistas peruanos en general y, vale repetirlo, no genera disputa alguna por un lugar, como ocurre en cualquier área profesional.

La Unidad Técnica de Menores empezó a trabajar recién en 2015; por ello, no se pueden pedir resultados inmediatos y se deben tomar otras medidas para elevar la competencia local. (Foto: Twitter)

En conclusión, se tiene a jugadores con dos problemas que son la raíz y la punta del iceberg del fútbol de menores: no tienen base ni competencia. El Torneo de Reservas y las Copas Federación son insuficientes, porque el nivel aún es paupérrimo al lado de otros países; el mismo Daniel Ahmed, jefe de la Unidad Técnica de Menores de la FPF, ha señalado en varias ocasiones que el país está sumamente atrasado en materia de metodología y recursos humanos para desarrollar una base que esté a la altura del resto del continente.

Mientras ocurre ello, quedan dos caminos: que el medio futbolístico -a la parte de él a la que le importa que se mejore, se sobreentiende- continúe con el mismo diagnóstico de cada dos años o que empuje por cambios que eleven la competencia de los jugadores y el fútbol local. De lo contrario, de vez en cuando un uruguayo nos dirá con la boca -como Bengoechea- o los pies -como la selección celeste Sub-20- que para aprender a competir se necesita jugar "por la plata".

Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.com

Fotos: Alfredo Palomino, Twitter


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