Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.comSi los regionales de ‘Rimita’ trajeron los ‘partidos fantasma’, la gestión de Burga, al no reformar el ascenso, permite que clubes se disuelvan, no paguen sus deudas y reaparezcan en el sistema. Veamos los casos de CNI, Bolo y Áncash, y el caos que la FPF no quiere corregir.

 

Reformar el ascenso, reformar el ascenso, reformar el ascenso. Lo diremos cuantas veces sea necesario: este es el foco sobre el cual deben lanzarse las críticas a Manuel Burga. El presidente de la FPF, por esa combinación nefasta de cálculo político y pusilanimidad, sostiene un sistema que valida el ‘perro muerto’ y, aún más grave, destruye la identidad y la institucionalidad de muchos clubes.

Hoy existen dos casos concretos y uno potencial de equipos tradicionales que están reintegrándose al sistema, pese a ser deudores, pese a que deberían estar inhabilitados y, peor aún, sin tener la obligación de pagar un céntimo de lo que deben. ¿Cómo lo hacen? Tres ejemplos lo ilustran.

El caso CNI

Libre de deudas por ser un club nuevo, CNI se mantiene con vida en el fútbol peruano participando en la Etapa Regional del El primero es el de CNI, caso que abochorna más la gestión de Burga al involucrar a un personaje como Yván Vásquez, quien pertenece a su junta directiva y es miembro de la comisión de menores de la FPF; Vásquez es el rezago de las nefastas alianzas que Burga emprendió en la segunda mitad de la década pasada (Juvenal, Lánder, Malqui, Silvestri). La situación es esta: como todos saben, CNI S.A. descendió del Descentralizado en 2011. No jugó la Segunda, amparándose en una normativa geográfica que lo facultaba a arrancar en la etapa Regional de la Copa Perú; lo hizo y no clasificó a la Nacional. En ese mismo año, 2012, CNI había presentado dos filiales: CNI FC y CNI Vida Abundante (esta última descendió a la Segunda Distrital de Iquitos).

En 2013, CNI S.A. (el club de toda la vida) y CNI FC (la filial que le quedó) arrancaron jugando la misma etapa Distrital de Iquitos; la filial, sin embargo, presentó un plantel mucho mejor potenciado. ¿Por qué razón? Como el CNI S.A. (histórico) tiene deudas que no ha saneado, la intención obvia era que descendiese a la Segunda Distrital y desapareciera, dejando en carrera a CNI FC, club que es nuevo y no acarrea deudas. La mala campaña se cumplió y el CNI histórico descendió; sin embargo, el CNI FC ya inició la etapa Regional y es candidato al ascenso a Primera División. Por ende, en 2014 podríamos tener a un CNI en el Descentralizado, sin tener que haber pagado un sol por compromisos anteriores.

Este nuevo CNI FC, vale aclarar, no tiene inscrito en Registros Públicos a Yván Vásquez, pero los medios de Iquitos y las declaraciones del propio exDT Marcial Salazar revelan que él es quien hace y deshace dentro de este club. Oficialmente, quienes manejan el club son Mónica Noronha Dávila, en calidad de presidente, y Boris Yoplac Arana, como tesorero.

El caso Bolognesi

El actual Bolognesi de Tacna que por medio de la Copa Perú podría pegar el salto a la máxima categoría (Foto: Carlos Saavedra Albarracín)El otro caso es el de Bolognesi, para el cual hay que hacer un poco de historia. Como se sabe, en 1998, se fundó el Deportivo Bolito, filial juvenil (así como existen Melgarcito, Huracancito, etc.) del antiguo Bolognesi, bajo la presidencia de Elena Martorell. En 2001, Bolito hizo una mejor campaña que Bolognesi en la Copa Perú y subió a Primera: para su reaparición profesional, le cambiaron el nombre a Bolognesi FC y la presidencia quedó con Fernando Martorell a la cabeza. Si bien eran personerías jurídicas distintas, en la práctica funcionaban como un mismo club (Elena y Fernando son hermanos). Así, en los años siguientes, hubo un equipo en Primera (Coronel Bolognesi FC) y hubo otro en la Liga de Tacna (el viejo Sport Coronel Bolognesi). A comienzos de 2013, el Bolognesi FC, por deudas, quedó inhabilitado de disputar la Segunda y descendió; Fernando Martorell fue sancionado con una inhabilitación de un año. El equipo no se presentó a jugar la Copa Perú y desapareció. Los esfuerzos, entonces, se reorientaron al club antiguo, el tradicional Bolognesi, que, ante la inhabilitación de Fernando, es presidido por Elena Martorell. Hoy, el viejo Bolognesi es otro de los candidatos a llegar a Primera y, dado que el sistema lo avala, si sube tampoco tendría que cargar con las deudas del otro club.

Esto provoca, adicionalmente, un enorme desencanto. Porque se comprueba que este cáncer se ha generalizado hasta instituciones que antes fueron serias, como Bolognesi, que en 2007 fue abanderado ético ante la vergonzosa amnistía de la FPF al Sport Áncash. Pero el sistema desgasta incluso a los formales, pues el camino de la seriedad no les brinda réditos. Más fácil es ampararse en el sistema que avala Burga y hacer borrón y cuenta nueva.

Perro sucio, perro muerto

Tal parece que Sport Áncash no tuvo su último capítulo en el fútbol peruano luego de perder la categoría en la Segunda División de prosperar la intención de José Malqui (Foto: Miguel Guimaray)El tercer caso, todavía potencial, es el de Sport Áncash, que este año descendió de la Segunda, en pleno desarrollo del torneo, por deudas. Su expresidente, José Malqui, con absoluto descaro, ha afirmado que el tradicional Sport Áncash va a desaparecer y que fundará uno nuevo, que jugará la Segunda Distrital de Huaraz. Si asciende, en 2014 podría jugar la Copa Perú y en 2015 podría reaparecer, no ya en Segunda, sino en el mismísimo Descentralizado. Por supuesto, lo haría libre, saneado y sacándole provecho al sistema.

Cabe aclarar que, en una hábil maniobra política, Malqui dejó la directiva de Sport Áncash antes de que la CJ-FPF dictaminara su descenso; la presidencia quedó al mando de Janet Soria Hidalgo (mucho gusto), quien terminó siendo sancionada; Malqui, con este recurso, se ha salvado de una inhabilitación como dirigente.

Es exasperante cómo el sistema permite que los equipos puedan reaparecer sin dejar rastro de sus deudas. Aún peor: que los clubes sacrifiquen lo más valioso que tienen, su identidad, para que sus mecenas se ahorren unos soles.

El ascenso a Primera, vía Copa Perú, estimula esta informalidad, porque es un camino más rápido de ascenso y no obliga a profesionalizarse como sí lo hace la Segunda: la depuración de clubes en la Segunda, en vez de escandalizar, demuestra que es una mejor vía para discriminar a los que son serios y a los que no lo son.

El asedio sobre Burga no tendrá efecto mientras no se vea el problema de fondo que tiene el fútbol peruano (Foto: Terra Perú)Para ser campeón de la Copa Perú, en cambio, una inversión fuerte basta para llegar a las instancias finales. Lo repetimos una vez más: el argumento aquel de que miles de equipos (¡el club de tu barrio!) tienen el sueño de llegar a Primera hoy es una falacia. Esta Copa Perú ya no es la de los setenta. Los candidatos a ganarla nunca pasan de diez, ya sea por arraigo o por la inversión que realizan.

En lugar de sanear sus deudas anteriores, a clubes como CNI, Bolognesi y Áncash les conviene orientar la alcancía a formar un buen plantel para la Copa Perú. El sistema estimula estas conductas; por desgracia, ya no solo favorece a los informales, sino que contagia a los serios. ¿Qué clase de formalidad puede tener una institución que se duplica?

Esto pasa en el fútbol peruano mientras a Burga le hacen una denuncia judicial ridícula. Esto pasa en el fútbol peruano mientras los carroñeros se distraen en qué dijo o no dijo Markarián. Esto seguirá pasando en el fútbol peruano mientras Burga no demuestre que su firma tiene algún valor y que esa resolución 008 que rubricó hace cuatro años, que iba a ordenar el caos que cada año se agrava, se ejecute.

Leer más en DeChalaca sobre las resoluciones que Manuel Burga firmó y se niega a aplicar:

- Al fin te hiciste una… (agosto de 2009)

- Año nuevo, ¿burla nueva? (enero de 2010)

- Las derrotas que a nadie indignan (octubre de 2012)

Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.com
Fotos: Fernando Herrera / DeChalaca.com, Carlos Saavedra Albarracín, Miguel Guimaray, Terra Perú

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