Juan Aurich 1969: El Ciclón del sur
En épocas en que Juan Aurich pelea denodadamente por evitar la baja, es saludable recordar al mejor equipo que el Ciclón del Norte dio en la historia. Una oncena que, paradójicamente, escribió su página más gloriosa en el extremo cardinal opuesto: al sur, en Chile, cuando en su primer partido en canchas extranjeras le volteó un partido a la Universidad Católica para conseguir un triunfo memorable allá por 1969.
El insuperable Aurich de 1969 hombre por hombre
En 1968 el más popular equipo de Chiclayo, el Juan Aurich, lograba el subcampeonato nacional en su temporada debut en Primera, y con ello se ganaba el derecho de participar en la edición de la Copa Libertadores del año siguiente junto al campeón Sporting Cristal.
Los chiclayanos habían iniciado su participación en el certamen empatando 3-3 contra los cerveceros en Lima, con lo que pusieron en evidencia que no querían estar de paso en el torneo continental. Nombres localmente afamados como los de Próspero Merino (autor de dos tantos en el debut ante los celestes), Nemesio Mosquera, Francisco Mendoza y Eladio Reyes empezaban a sonar también en el contexto sudamericano.
Vientos de Nuñoa
Los partidos sucesivos situaban al elenco del norte en calidad de local, pero no en su feudo chiclayano sino en el Nacional de Lima. Los duelos ante los conjuntos chilenos dejaron resultados disparejos: contra la Universidad Católica, el subcampeón, fue derrota 2-4; y ante el campeón, el Santiago Wanderers, fue triunfo por 3-1. En el cuarto partido, el último antes de devolver la visita a los mapochinos, Aurich repitió el empate ante Cristal, aunque ahora por 2-2.
Los rojos del Ciclón llegaban a Chile con una victoria, una derrota y dos empates, resultados que no eran demasiado para intimidar, menos a un rival como la Católica, que contaba con destacados jugadores como el ex seleccionado argentino Juan Carlos Sarnari y el mundialista mapochino Alberto Fouilloux.
Para afrontar ese primer compromiso, el entrenador chiclayano, el argentino Vito Andrés Bártoli (Sabino, contra lo que muchos suponen, no es su verdadero nombre sino un apelativo) dispuso un esquema inicial bastante defensivo, lo cual se plasmó en el campo principalmente durante el desarrollo de la primera mitad. Los delanteros cruzados pasaron por inefectivos y fueron controlados por el buen trabajo de la defensa peruana, sobre todo de Enrique Castrillón, quien minutos más tarde se convertiría en protagonista de la inolvidable noche del 11 de marzo de 1969.
La muralla roja
Quien a esas alturas del partido ya se había convertido en figura era el golero aurichista Francisco Mendoza. El diario chileno El Mercurio señaló al respecto: (...) Mientras el meta local, Vallejos, se mantenía como observador a distancia, Mendoza sacaba toda clase de pelotazos, desde lejos y desde un metro.
La consigna de la Católica era salir a matar desde el inicio para evitar la posterior desesperación por anotar. Sin embargo, al promediar la media hora de juego, los mapochinos aflojaron en el ataque para dar espacio a los chiclayanos. El Aurich, con hombres veloces como Merino y Reyes, fue ganando terreno sobre la base de su toque y habilidad.
Tras resistir el empate toda la primera mitad con una disciplinada línea defensiva, el segundo tiempo fue no apto para cardiacos. Un pelotazo largo del argentino Sarnari para Sergio Messén permitió a este picar dentro del área para después caer ante la marca de Castrillón. El penal fue discutible, pero el juez paraguayo Da Rosa no dudó. Luego de eso, el gol de la Católica no se hizo esperar más: Néstor Isella ejecutó y cobró a los 49.
Luego del tanto, los locales relajaron sus líneas, pensando tal vez en que un gol sería lo suficiente para batir a aquellos que ya habían derribado en Lima. El Tano Bártoli, en búsqueda de dar nuevos aires al ataque, reemplazó a Juan Orbegozo por Jaime Ruiz. Renovados en sus bríos, los once peruanos en el campo se encargaron de voltear la torta.
¿Ciclón o huracán?
Cuando menos se esperaba, el Aurich lanzó un ataque letal. Con el corazón en la mano y dispuesto a obtener su revancha, Enrique Castrillón quería reivindicar su error. Avanzó como un tanque, y las miradas subjetivas de los peruanos presentes habrán visto al moreno driblear a todo el equipo chileno.
La Crónica, a través de su enviado especial Teodoro Lolo Salazar, refiere la acción con estas palabras, que eximen de mayores comentarios: La jugada individual del defensa chiclayano fue brillante. Se metió por el centro. Dejando en el grass a cuanto rival le salió al paso. Con un fuerte tiro, Castrillón venció a los 74 al portero Vallejos y sentenció el 1-1.
El conjunto peruano, sobreexaltado por el empate, con un mejor estado físico y sin darse cuenta de la osadía, se lanzó a la victoria faltándole el respeto al Nacional de Santiago. Sobre el final del encuentro llegaría la recompensa tras uno de los tantos desbordes de Nemesio Mosquera por la izquierda: a falta de 2 para concluir el tiempo reglamentario, centró el balón hacia el área, donde se encontraba Carlos Benítez. El hermano menor del Conejo empalmó la pelota y dejó sin chance a Vallejos.
Mosquera ( ) envió un magnífico centro, que Benítez empalmó estupendamente, superando a Vallejos. Fue un golazo. Un tanto de bandera. Un gol para el recuerdo por su ejecución.. La pluma de don Lolo Salazar rubrica el hecho histórico: en menos de 10 minutos, el Ciclón había arrasado con la Católica.
Revancha sin retorno
Tras el final del encuentro, los aurichistas quedaron punteros del grupo con 6 unidades junto a Sporting Cristal, contra 4 de las escuadras chilenas. Sin embargo, en la siguiente fecha cayeron ante Wanderers en un partido en el que lo peor no fue la derrota, sino la lesión del golero Mendoza producto de una artera entrada del chileno Hoffman.
Como Católica también venció en la última fecha, hubo cuádruple empate y se debió definir la clasificación en una mini ronda de dos partidos determinados por sorteo.Con las costillas rotas, Mendoza debió ser reemplazado por el suplente Jesús Goyzueta y Aurich sintió la baja de su baluarte en el arco.
Así, ocho días después, en el mismo Nuñoa, la historia fue distinta para el 'Ciclón': Católica, ya menos confiada, ganó 4-1. Luego, en Lima, el Ciclón perdió 0-1 ante Wanderers y quedó eliminado, aunque el recuerdo de su gran noche en Santiago haya clasificado por siempre en la memoria de sus hinchas, que casi 40 años después añoran que el linaje del mejor Aurich de la historia aflore para dejar a Chiclayo en Primera.
Composición fotográfica: Gian Saldarriaga / DeChalaca.com
Fotos: libro 'El Auriche sopla como un Ciclón', Óscar A. Cortez M.; diario La Crónica
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