Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comEl año que se fue vio partir a un emblema del fútbol norteño: Éver Guevara, quien alzó la Copa Perú en dos ocasiones y dejó de existir apenas a los 49 años de edad. Tumbesino de nacimiento, lambayecano por adopción y chiclayano de corazón, nadie como él personificó -desde su valía en la zaga- la forzada pero al fin ruidosa fusión entre las antagónicas camisetas de Aurich y Cañaña.

Kenny Nagahama | @Kenny_Nagahama
Redactor

- Nombre: Éver Ernesto Guevara Dioses

- Lugar y fecha de nacimiento: Tumbes, 9 de marzo de 1968. Falleció en Lima el 12 de agosto de 2017.

- Puesto: Defensa central

-Trayectoria en clubes: Boca Juniors de San Martín (1986-1987), 2 de Mayo (1988), Defensor 8 de Octubre (1988), Deportivo Cañaña (1989-1990), FBC Melgar (1991), Aurich/Cañaña (1993-1994), Deportivo Marsa (1995), Juan Aurich (1997-1999) y Deportivo Municipal de Mórrope (2006-2008).

De tres tierras

Por lo emblemática que resulta su figura en campañas con Deportivo Cañaña, Aurich/Cañaña y Juan Aurich, Éver Guevara es erróneamente identificado en diversos archivos como oriundo del departamento de Lambayeque. Pero, en realidad, él llegó a la tierra del huerequeque solo a los 4 años de edad, llevado por sus padres desde su natal Tumbres.

Para quienes no lo vieron jugar, compartía un estilo de juego similar al del central pimenteleño Johnny Lalopú: de buen porte y no muy veloz, pero con técnica suficiente para salir de atrás con balón bien jugado, sin reventar a cualquier lado, y sobre todo contundente para ir a disputar balones divididos y para defender por arriba. Debido a estas características de juego, ocasionalmente fungió de lateral derecho, y hasta incluso unas cuantas veces de volante central.

Éver Guevara en acción con Cañaña, en el triunfo sobre Aurich por el II Regional Norte 1989. (Foto: diario La Industria de Chiclayo) 

Guevara se inició en el fútbol a los 16 años de edad, jugando la Segunda División Distrital de Lambayeque con el Boca Juniors, equipo representativo del pueblo joven San Martín. Con este conjunto ascendió a Primera Distrital en 1987, y jugó así su primera Copa Perú. Tras sus buenas actuaciones en el homónimo del grande argentino, pasó al 2 de Mayo y luego al más conocido Defensor 8 de Octubre, con el que llegó a ser subcampeón departamental.

Alzó vuelo

El primer gran salto del llamado 'Cóndor' fue llegar a Primera División para disputar el Regional Norte en 1989 con el Deportivo Cañaña. En un plantel que dirigía el chileno Jaime Ramírez, tuvo como primeros compañeros a figuras como el golero Claudio Lozano, Carlos Monsalve, Segundo Celis y los hermanos Juan y Luis 'Guaricho' Mansilla. Su habitual compañero de zaga fue Jorge Spencer. El cuadro gallero no tuvo mayor trascendencia en la temporada, aunque impidió que su rival Juan Aurich clasificara al cuadrangular final del II Regional Norte en cancha -lo logró luego en mesa-.

Al año siguiente, Cañaña renovó su plantel ostensiblemente -aparecieron figuras como Luis Valladolid y Alejandro Posito en ataque-, aunque mantuvo a Guevara como bastión en la zaga. El equipo no pasó la media tabla, pero por su buen desempeño individual, el 'Cóndor' fue fichado por FBC Melgar para jugar el Regional Sur en 1991, bajo el comando del 'Polaco' Gustavo Merino. En principio llegó a tienda rojinegra con el también norteño Iván Chávez, pero al final solo quedó él en el plantel. Con el 'Dominó' ganó tanto el I Regional como el II Regional, aunque fue relegado al banco como suplente de la dupla conformada por Víctor Riega y el argentino Raúl Moreno.

Melgar fichó a Éver Guevara para jugar el Regional Sur de 1991, aunque no le fue muy bien. (Foto: revista La Deportiva) 

En búsqueda de continuidad, en 1992 pegó la vuelta al Cañaña, que había descendido al Zonal Norte. Bajo la batuta de Rolando Rojas, el equipo lambayecano fue relegado por la gran campaña de Ovación Sipesa, que acabó ganando el torneo y llegó a la Liguilla Prelibertadores; pero en ese plantel, Guevara conoció a hombres con los que luego haría historia: Daniel Valderrama, Julio Zúñiga o Johnny Mujica fueron algunos de los compañeros que se harían ilustres en breve.

Juntos y revueltos

En 1993, el 'Cóndor' tuvo la oportunidad de entrenar por un mes en San Agustín, que se preparaba para afrontar el Descentralizado. Aunque estuvo cerca de firmar, recibió una llamada de Chiclayo para jugar la Copa Perú con el Aurich/Cañaña, la fusión que se había desarrollado entre los clubes rivales de Lambayeque y Chiclayo. Jugar Primera en la capital era una posibilidad tentadora, pero el cariño por las que sentía como raíces propias lo llevaron a intentar alcanzar la máxima categoría.

De la mano de Horacio ‘La Pepa’ Baldessari, el equipo de los hermanos Mansilla, Valderrama, Mujica, Lozano y -por supuesto- Guevara hizo una gran campaña y alcanzó la gloria, aunque no sin angustia. En la última fecha de la Finalísima, a Aurich/Cañaña le bastaba un empate ante FBC Aurora, que luego de sumar tres triunfos al hilo había caído inesperadamente ante Mariano Santos de Tingo María en la jornada anterior, mientras el 'Ciclón Gallero' había ganado todos sus partidos.

Aurich/Cañaña, con Éver Guevara como valor importante, logró el título de la Copa Perú 1993. (Foto: revista La Deportiva) 

El encuentro se jugó a estadio lleno el 16 de enero de 1994 en el estadio Nacional. Guillermo Floríndez abrió la cuenta para los norteños y todo parecía decantarse hacia el equipo de Baldessari, pero la sapiencia de Genaro Neyra fabricó un penal que le permitió al histórico volante igualar la cuenta para los atigrados. En el arranque mismo del complemento, José Jiménez volteó el score y el clímax se puso al tope, pero el propio Floríndez apareció a falta de 20 minutos para sellar su doblete y permitir que el 2-2, defendido a ultranza en los minutos finales por la dupla central que Guevara conformaba con Néstor Rivera, se llevara la Copa Perú para Chiclayo y Lambayeque.

Le cortaron algunas alas

Las lesiones perjudicaron a Éver Guevara dentro del fútbol profesional. (Foto: revista La Deportiva)Consumado el ascenso de la fusión, Guevara inició como titular la temporada 1994 en el torneo Apertura, en el que Aurich/Cañaña quedó en el sexto lugar del grupo A, ganado por Sporting Cristal -a la postre campeón de ese certamen inicial-. Pero para el Descentralizado, llegó por pedido de Baldessari el zaguero central argentino Cristian Fabbián, quien lo desplazó al banquillo. Igual, el 'Cóndor' tuvo algunas chances y hasta se quedó con una anécdota en el mejor partido que el 'Ciclón Gallero' jugó en el año: en la victoria por 5-0 sobre Unión Minas en la fecha 23 llegó a anotar un tanto, pero fue anulado por una presunta carga ilícita sobre un jugador rival.

En 1995, luego de casi un año sin los minutos que hubiera deseado, se le presentó una complicación mayor: una lesión en el muslo y una inoportuna tifoidea lo privaron de jugar, y el club, en vez de apoyarlo, lo dejó a su suerte y debiéndole dinero. Tuvo que recuperarse por sus propios medios, y ese mismo año ancló en el Deportivo Marsa de Trujillo para jugar nuevamente la Copa Perú. El cuadro de Tayabamba era uno de los candidatos a llevarse el título gracias a la enorme inversión de la familia propietaria del club y bajo la batuta de Ramón Quiroga.

Sin embargo, las complicaciones para Marsa comenzaron antes de la Finalísima: se presentó un reclamo contra el club por mala inscripción de Guevara, al haber estado nominalmente en registros del Aurich/Cañaña. Por eso no pudo alinear en el hexagonal que acabó ganando La Loretana contra todo pronóstico. Y para colmo de males, luego de eso el 'Cóndor' se volvió a lesionar de gravedad, por lo que no pudo jugar fútbol durante todo 1996.

Siempre hay revanchas

Pero tras dos años con piedras en el camino, el ‘Cóndor’ tenía que volver a volar por lo alto, y qué mejor que hacerlo desde su querido norte. Llegó a Juan Aurich de Chiclayo para disputar la Copa Perú de 1997, a instancias del presidente Bernardo Checa, quien lo fue a buscar a Lambayeque para enrolarlo al proyecto. De vuelta como líder de la zaga, gozó con la Finalísima ganada en partido extra ante Deportivo UPAO y el retorno del 'Ciclón' a Primera División.

Éver Guevara volvió a disfrutar las mieles de un título con Juan Aurich. En la imagen lo acompaña Segundo 'Bimba' Quiroz. (Foto: revista La Deportiva) 

Sin embargo, en la campaña en Primera de 1998 el técnico Roberto Arrelucea no le dio muchas oportunidades, y lo relegó al banco a expensas de la dupla formada por Sandro Gamarra y Carlos Cáceda. En la que fue su última temporada jugando en el fútbol profesional, dejó en el archivo las estadísticas de 5 partidos jugados y 1 expulsión por doble amarilla ante FBC Melgar, en el Clausura.

Lamentablemente, las secuelas de las lesiones previas lo siguieron persiguiendo y en 1999 nuevamente pasó un año sin jugar al verse afectado por una distensión de ligamentos, entre otras complicaciones. Esto, sumado a problemas económicos y dirigenciales dentro del club –aquellos que llevaron a Aurich a perder un partido por walk over en Arequipa al no poder presentarse ante Melgar-, llevaron a que el ‘Cóndor’ decidiera colgar los chimpunes, aunque no para siempre.

Un aire más

Éver Guevara dejó un legado en Lambayeque y Chiclayo, más allá de su sangre tumbesina. (Foto: Facebook)Más allá de ese abrupto final de carrera, Guevara ya estaba muy metido en el corazón de su departamento adoptivo. Considerado por muchos como ídolo tanto en Chiclayo como en Lambayeque, su imagen es evocada por la prensa local como sinónimo de fidelidad, identificación y espíritu aguerrido. Tras su retiro siguió ligado al deporte rey, y se tituló como entrenador en Eseful. Pero en 2006, su gran amigo Adrián Torres lo llamó para volver a los campos en el Deportivo Municipal de Mórrope, y juntos disputaron hasta tres temporadas en Liga Distrital.

De 2009 en adelante, ya retirado del todo, se mantuvo vigente en partidos de exhibición con el Aurich Master, a la par que dirigió clubes en Copa Perú. Pasó por el banquillo del Defensor Pueblo Nuevo de Mochumí, y también por el Unión Pacanguilla, de la Liga Distrital de Chepén. Sin embargo, los problemas graves de salud que comenzó a padecer a mediados de la década actual lo alejaron de la actividad.

Igual, el 'Cóndor' jamás dejó de percibir el apoyo de sus amistades futbolísticas, que hasta sus últimos momentos se esforzaron denodadamente en organizar campeonatos amistosos con su nombre a fin de recaudar fondos para solventar los gastos de la penosa enfermedad que acabó con su vida. No era para menos: nadie como él fue puente entre Lambayeque y Chiclayo, divididos por 10 minutos de carretera y unidos futbolísticamente por una fusión que Éver selló para siempre.

Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.com
Fotos: diario La Industria de Chiclayo, revista La Deportiva, Facebook


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