Alianza y Cienciano disputaban un partido de descarte. Los técnicos se jugaban la cabeza; los equipos, su futuro en el Clausura. Ganó Cienciano y volvió a la pelea. Perdió Alianza y se desplomó a la cola. Matute terminó contemplando la fiesta ajena por tercera vez en el torneo.

Imagen: Perú Evolution Soccer

 

Después de varias fechas dirigidas en la horca, José Horacio Basualdo se merece un respiro profundo y prolongado. Consiguió su primer triunfo como técnico en Matute y eso le da aval para conservar el cogote por unas cuantas semanas más.

 

Lo cierto es que si el partido acababa a los 66 minutos, el populismo juvenalero -ese tácito verdugo- hubiera operado la guillotina con su habitual severidad. Porque perdía Cienciano 1-0 y porque, minutos antes de la inicial estocada, el Pepe se había dado el lujo de sacar de la cancha a Juan Carlos Bazalar, al reaparecido después de tantas especulaciones, al padre del héroe de la semana y al que venía siendo la figura del partido.

Bazalar anota ante Cienciano en el Clausura 1997 (Foto: Once)

 

Los memoriosos recordarán la tarde del 13 de julio de 1997, en la que Bazalar sentenció un triunfo aliancista por 2-0 frente a Cienciano. Aquella vez el Juanca no tenía la más remota idea de que acababa de batir el arco del equipo que lo convertiría en su jugador histórico. Hoy, 26 de agosto de 2007, diez años después, Bazalar tampoco imaginó la posibilidad de ser reemplazado por su técnico.

 

La historia habría sido diferente si a los 72 minutos Eugenio Peralta no dormía tan magistralmente el balón en el ángulo superior izquierdo de Joel Pinto. O si, siete minutos después, Ccahuantico no clavaba ese balazo que se convirtió en su segundo gol en Primera División -el primero lo logró en el Apertura 2003 ante Deportivo Wanka-. Si el destino no hubiera sido tan caprichoso, la cabeza de Basualdo ya estaría siendo rematada al mejor postor en el Mercado Indio de Pisac.

 

Ccahuantico marcó un soberbio golazo (Imagen: Perú Evolution Soccer)El partido era una ruleta rusa, por lo que en la vereda opuesta otro cuello tambaleaba. En La Victoria, Diego Aguirre también se meneaba en el péndulo incierto que separa a la vida y la muerte. Y ahí sigue. No le alcanzó la inyección juvenil de Carlos Flores ni el estreno de Jeickson Reyes, jugador que debutara en Primera con las sedas del Wanka el 15 de diciembre de 2004, en un encuentro ante Melgar en Arequipa. Tampoco le alcanzó el auspicioso retorno de Ciurlizza ni el excelente nivel que exhibió Guillermo Salas después de muchas lunas. Ni siquiera el gol de Olcese, que parecía ser el bálsamo a una crisis blanquiazul que ahora sí amenaza desbordarse.

 

Queda claro que este Alianza es un equipo parchado y que el desconocimiento del medio que sigue mostrando Aguirre no contribuye a encontrarle salida a un laberinto edificado sobre las pésimas decisiones de sus dirigentes. Ahora es el colero del Clausura, deshonroso lugar al que vuelve después de dos años. Ya se vocea el regreso de Ligüera, un jugador que ellos consideraron prescindible hace un par de meses para embarcarse en el sinsentido que fue la contratación de Mariño. ¿Qué nueva sorpresa estará preparando esta dirigencia? ¿La vuelta de Pelusso?

 

Lo más probable es que Diego Aguirre no tenga que seguir soportando por muchos días más este inclemente invierno limeño.

 

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