Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comSe cumplen diez años de un partido emblemático: el Inter de Mourinho eliminando al Barcelona de Guardiola en el mismísimo Camp Nou. Con la distancia que el tiempo permite, vale repensar desde lo táctico si solo la ultradefensa del DT portugués explicó el desenlace o hubo otras claves por desentrañar.
    Eduardo Tirado | @EduardoTL
    Redactor

El fútbol es un deporte que admite diferentes formas de práctica dentro de lo que conlleva el reglamento; sin embargo, el fin siempre será el mismo: ganar. Más allá de esta obviedad y del hecho ineludible de que existen maneras, para algunos, más estéticas que otras; podría decirse que el fin justifica los medios si al final del camino hay una victoria de por medio. Algunos resumen esta premisa con la trillada y no menos cierta frase “el espectáculo es ganar”.

Puede que haya triunfos cuestionables por los artilugios utilizados en el campo; pero a final de cuentas, una vez puesto el resultado nadie no lo cambia. Lo irónico es que a veces las derrotas también pueden ser memorables e importantes, sobre todo en rondas eliminatorias en las que se involucran tanto el resultado del partido de ida como el de vuelta. En ese sentido, al hablar de caídas que terminaron significando un triunfo a posteriori en el global, un caso icónico es el del Inter de Mourinho.

Desmitificando el antifútbol

Uno de los argumentos que se esgrimen en contra del cuadro neroazzurro es que se trataba de un equipo ultradefensivo y que no sabía plantear su fútbol de otra manera. Sin embargo, esta impresión está sesgada, justamente, por aquel duelo que terminó con la eliminación del cuadro culé.

Milito y Sneijder -acá junto a Córdoba en el festejo pospartido- fueron adalides ofensivos de la gesta interista. (Foto: AFP) 

Habría que considerar que en San Siro los dirigidos por Mourinho supieron restablecerse del marcador en contra para vencer 3-1 y conseguir cierta tranquilidad de cara al cotejo de revancha. Para ello, tuvieron a bien demostrar su capacidad ofensiva, comandada por un inspiradísimo Diego Milito y su inacabable compañero Wesley Sneijder. De todas formas, fue un elenco que demostró tener armas para hacer daño a cualquier rival y que supo encajar sus ataques cuando tuvo que hacerlo.

Otro punto para tener en cuenta es que este Inter terminó coronándose con el preciado triplete: además de ser el campeón de la Champions, terminó como líder en la Serie A y también alzó la Coppa Italia. También logró la Supercoppa y se hizo del Mundial de Clubes. En resumen, lo ganó todo. Un hito logrado por un único equipo italiano: el neroazzurro de la temporada 2010. Un cuadro que solo sabe jugar defensivamente y tiene limitaciones no podría haberlo llegado tan lejos.

Desmerecer, entonces la imposición del equipo de Mourinho sobre el de Guardiola con una etiqueta es mezquino. Más aún, enarbolar como adalid del “antifútbol” al técnico portugués por la forma de cómo lo consiguió tampoco es acertado, pues el catenaccio de aquella noche catalana acabó siendo una forma de practicidad para hacer prevalecer el resultado deseado, objetivo que funcionó a la perfección.

Los aciertos del Inter

La disposición táctica inicial de los dos contrincantes en la noche del Camp Nou. (Imagen: sharemytactics.com) 

Con los dos goles de diferencia conseguidos en casa, bastaba cuidar la diferencia y no dejarse empatar la serie en el global para poder acceder a la final. Tras un final candente en Italia, Mourinho se encargó de preparar la revancha de tal manera de que pudiera contrarrestar casi a la perfección a uno de los equipos que mejor jugaba al fútbol por aquel entonces.

Lo práctico era defender aquella ventaja costara lo que costara, y así lo hizo. En principio, su esquema planteaba un 4-2-3-1: Lúcio y Walter Samuel como pareja de centrales, Maicon como lateral derecho y Javier Zanetti por izquierda. En la mitad, Thiago Motta y Cambiasso eran los volantes de marca; más adelante, Samuel Eto’o fungía como extremo por derecha, Wesley Sneijder como enganche y Cristian Chivu como volante izquierdo. El único punta era Diego Milito.

Para empezar, lo primordial era contener a Lionel Messi. Para ello, en primera instancia, quien lo cubría directamente era un compatriota suyo: Zanetti. El veterano y polifuncional lateral mantuvo a raya a 'Lio' lo más que pudo, pues lo seguía de cerca y cortaba las acciones cuando el astro blaugrana intentaba desbordar por aquel lado. No sorprendió que Mourinho eligiera al 'Pupi' para ese trabajo: el capitán interista conocía a Messi del seleccionado argentino y lo tenía mejor estudiado.

Messi fue tomado por quienes mejor lo conocían: sus compañeros de selección Zanetti y Cambiasso. (Foto: AFP)

Adicionalmente, Chivu se encargó de bloquear las escaladas de Dani Alves por el mismo sector para evitar que el brasileño se juntara con Messi. Sin duda, inutilizar el lado derecho del Barcelona era una tarea importante que cumplir. Una vez que el ‘10’ del Barça vio que este camino no era el mejor posible, intentó escapar de la marca para acercarse hacia el medio de modo de recibir mejor ubicado el balón y así generarle mayor espacio a Alves por la banda de modo de que este avanzara; pero ahí mismo, Messi se encontraba perseguido por Thiago Motta para recibirlo en tándem con el rumano Chivu y quitarle el balón rápidamente. Asimismo, Zanetti tomaba la marca del lateral brasileño para completar la tarea y terminar de cerrar la banda. Y si alguna de estas barreras era rebasada, el que avanzara se las veía con Cambiasso, quien tomaba el relevo en el medio, o con Samuel, quien estaba atento para frenar cualquier intento en la zaga.

Otra labor defensiva se labraba por derecha, pero quizá no con tanto oficio. Eto’o quedaba en el versus frente a Pedro Rodríguez, pero no supo contenerlo tanto como sí lo consiguió Maicon, quien encontró forma de anular al 'Rayo' sobre la base de una debilidad: era un extremo tan diestro que no marcaba diferencia si no lo hacía entrando al área para definir o rematando. Al cubrirse las aristas que evitaran que Pedro encarara, este quedaba controlado.

A todo lo anterior cabe agregar que Sneijder asumía también las labores de marca, cual todoterreno, y se encargaba de la generación de juego desde su forma más primigenia: recibir para soltar pases largos o él mismo conducir hasta la banda izquierda y centrar hacia un Milito que ya tuviera opciones mejoradas tras el despliegue. Dentro de la primera hora de juego, el holandés fue de los jugadores que tuvo mayor desgaste físico, dado que su tarea consistía en fustigar las salidas del cuadro catalán.

La armada defensiva brasileña de Mourinho ante la mirada del Camp Nou: Maicon en el lateral y Júlio César en el arco. (Foto: AFP)

Y ojo: aunque en lo táctico pareciera que hubiera sido así, el Inter no resignó el ataque en momento alguno hasta la expulsión de Motta. En salida planteó un 3-2-3-2 con Milito y Eto’o más adelantados, y Zanetti como central izquierdo, mientras Maicon ocupaba la posición de volante ofensivo. Para tratar de aprovechar ese recurso, Júlio César siempre despejó en largo para buscar a los delanteros y alejar el peligro de su área, mientras tentaba alguna posibilidad en los rebotes.

Luego de la expulsión del '8' a los 28’, el Inter se vio obligado a reformular su esquema en un 4-cuadrado-1. El falso '9' era el holandés Sneijder, y Milito y Eto’o se convirtieron en volantes laterales para tomar las marcas por los costados y tratar de rehuir los ataques rivales, lo cual también reflejó un desgaste importante para ambos.

Las limitaciones del Barcelona

Claramente, Seydou Keita no es Andrés Iniesta, y no hay discusión que valga al respecto. La inventiva parecía ser la única herramienta de la cual tirar para marcar la diferencia, pero estaba claro que ella no existía sin su cuota de sorpresa y habilidad. El cerebro del equipo estaba en otra parte y la inteligencia táctica también se perdió. Esto se puede verificar pues, el Barcelona, con un jugador de más, no logró establecer la superioridad esperada. El equipo italiano simplemente perdió en salida -no tenía mucha- y retrocedió para seguir replegándose con, al menos, nueve jugadores más su arquero. De hecho, para el complemento, el Inter comenzó defendiendo prácticamente con seis, ya que el 'Cuchu' se adentraba como un central más, mientras Chivu salía a buscar directamente a Messi, secundado por Sneijder en esa tarea hostigadora.

Lúcio encima de Ibrahimovic, opacado en la noche catalana. (Foto: AFP)

Atrás no estaba Carles Puyol y la línea de -prácticamente- tres procuraba parchar algunas carencias. De hecho, Gabriel Milito, más allá del morbo del duelo entre hermanos, no parecía justificar presencia alguna como lateral izquierdo. Asimismo, la presencia de Yaya Touré como central derecho no fue productiva más allá de querer salir jugando limpiamente desde el área, pero teniendo los circuitos bloqueados fue insuficiente. Estaba claro que Alves tenía la presunción de fungir como un volante ofensivo antes que lateral, pero tampoco cuajó dentro de la idea, ya que fue anulado.

En la delantera, Zlatan Ibrahimovic, flamante refuerzo blaugrana, era absorbido fácilmente por una defensa interista que le mandaba encima a un aguerrido Lúcio cada vez que iba a las pelotas paradas y a un Samuel que lo perseguía en la habitual concurrencia del juego, lo que no permitía al sueco causar peligro alguno. Entre los dos, borraron a un delantero de importantes características, pero que se apalancaba y no mostraba versatilidad.

Con el correr de los minutos, la confianza de Mourinho aumentaba y las alternativas para Messi se agotaban. Se verificaba a una estrella aburrida y sin muchos socios de por medio; no porque no quisiera encontrarlos, sino porque no podía. El primer intento por revertir la historia fue el ingreso de Maxwell por Milito en líneas barcelonistas, pero el brasileño no marcó la diferencia. Después vinieron medidas más desesperadas: necesitado de goles, el cuadro de Guardiola propuso un 4-2-4 con Jeffrén y Pedro por los extremos, mientras que Bojan y Messi fungían como delanteros.

Messi, cariacontecido y retrocedido a la primera línea, en contraste con la alegría de su excompañero Eto'o. (Foto: AFP)

Inter respondió rápidamente, pues ingresó Sulley Muntari a remplazar al exhausto Sneijder para bregar en la mitad y perseguir en las salidas al cuadro rival, en procura de buscar el error blaugrana en salida. Adicionalmente, entraron Iván Ramiro Córdoba y McDonald Mariga, quienes ayudaron a formar un 1-5-4. Ya con el colombiano establecido como central en la línea de cinco defensores, el keniata cumplió la misma función que el exblaugrana Eto’o, pero por la banda izquierda, mientras que Muntari lo hacía por la banda derecha. Así, quedaron Cambiasso y Chivu como mediocampistas netos de marca para perseguir a los que osaban intentar hacer daño a la zaga italiana en esta nueva alineación.

Como respuesta, los locales advirtieron el bloqueo y propusieron que en el esquema antes mencionado (4-2-4), Piqué ocupara el puesto de delantero y Messi con Xavi se juntaran en la volante para generar juego. De hecho, de esta forma lograron romper líneas en una ocasión: en el pase del ‘6’ a Piqué que culminó en el descuento. No obstante, que 'Lio' se haya visto obligado a bajar a primera línea se debió a que no pudo superar la marca escalonada que tácticamente había buscado anularlo. Hizo escasos remates al arco, ya que solo uno representó una clara ocasión de gol, y por lo demás solo intentó habilitar a sus compañeros, pero tampoco estos lograron capitalizar las ocasiones.

La paradoja de lo práctico frente a lo vistoso

Se habla del fútbol muchas veces como un arte, en el cual es primordial buscar lo bello de la forma, más no del resultado. Podría decirse que el cotejo analizado fue uno de aquellos en que la practicidad hizo recordar que no importa la belleza de la ejecución, sino lo que se obtiene finalmente.

Milito hizo todos los sacrificios tácticos posibles. Aquí se impone a Maxwell. (Foto: AFP)

Podría decirse que en este partido se pudo observar el acoplamiento táctico a la necesidad frente a la filosofía absolutista y ciega que solo admite una forma de jugar al fútbol. Al menos, hay un par de evidencias para darse cuenta de que fue así. Por el lado del Inter, primaron el oficio de los jugadores y la adaptación a diferentes funciones con tal de que el funcionamiento del equipo pueda resultar superlativo o funcional a lo requerido. Así, se veía a Diego Milito y Eto’o replegados en labores defensivas con gran determinación aun cuando no se trataba de sus posiciones naturales.

Ese sacrificio -total plusvalía- confirmó que el de Mourinho era un equipo que estaba preparado en todos los niveles a jugar en diferentes situaciones en las que hubiera que poner el hombro, incluso con un jugador menos. Un ejemplo claro de ello se dio cuando Diego Milito ejecutó un córner aun siendo él el único delantero en nómina: era un reconocimiento propio al hecho de que su velocidad de repliegue era menor a la de sus compañeros y le costaría un poco más retomar las marcas. Pese a que lo ejecutó de manera defectuosa, fue muestra clara de que existía un trasfondo decisivo en cada jugada que iba más allá del mero entendimiento lineal del juego.

Algo muy diferente sucedía por la vereda del frente, donde Ibrahimovic apenas si entendía lo que Guardiola quería de él y trataba de consolidarse más como un definidor que como un generador de juego. La rotación que se le solicitaba estaba fuera de su entendimiento, y ello terminó mellando el impacto ofensivo que los catalanes podían ejercer ante un rival que esperaba menos improvisación -y similar necedad- ante un manual que ya tenía aprendido y que le era fácil de contrarrestar. Podría decirse que el Barcelona cumplió con quedarse en lo esperado y no romper esquema alguno; y cuando lo intentó, era demasiado tarde y lo hizo de una forma desordenada, lo cual tampoco condujo a mucho rédito, salvo un gol de descuento que pareció más marcado por el azar que por la laboriosidad.

La magia de Mourinho tiene adeptos amén de las críticas estéticas: al menos, quedó en el corazón de la mitad neroazzurra de Milán. (Foto: AFP)

La otra evidencia tiene que ver con que era práctico alinear a los jugadores de mayor experiencia posible en filas neroazzurras, y así fue. En 'La Beneamata' sabían que enfrentarían a una ofensiva más joven: esto terminó siendo del todo cierto cuando se vio a Messi, Bojan, Pedro y Jeffrén en procura de batir a una zaga experimentada que les concedió pocas licencias. Esta fue otra causa de que la improvisación por querer cambiar el manual a como diera lugar llevara a Guardiola a tomar medidas desesperadas y a Mourinho a asentarse más en la confianza que tenía a sus jugadores, quienes -heridos de tantas batallas- sabían cómo manejar lóbregos pasajes.

En toda forma, habría que admitir que, más que un seudotacaño alineamiento y funcionamiento del Inter, fue mayor el mérito de un cuadro neroazurro que supo mermar de tú a tú las fortalezas de un Barcelona que, quién sabe, se sentía ganador antes de tiempo y confió sus artes en acatar un manual muchas veces pensado como imbatible, pero que fracasó.

Cabe pensar que estos años quizá llevaron a madurar más la idea de que en el fútbol lo que importa es conseguir el resultado más allá del cómo. El fondo por encima de la forma puede ser una esas batallas ganadas en partidos como este, que dejan lecciones avasalladoras e intergeneracionales para quiénes quieran aprender de sus errores o anotar de los aciertos. Lo vistoso genera más miradas, pero lo práctico endosa más victorias. Váyase a saber qué valora más cada cual.

Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.com
Fotos: AFP
Imagen: sharemytactics.com

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