Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comBélgica tiñó de rojo una página que puede ser de quiebre para la historia de la Copa del Mundo. Sacudiéndose de fantasmas que lo condenaban a nunca dar el paso hacia la grandeza, se bajó al pentacampeón Brasil, el único sobreviviente sudamericano del certamen. El 1-2 gradúa a la impecable propuesta de Roberto Martínez como candidata de fuerza al título.

    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

Enviado especial a Kazán

Iván IV Vasílievich, a la luz de la historia conocido como Iván el Terrible (1530-1584) fue el primer gobernante ruso en ostentar el título de zar. Su despiadada trayectoria, que incluyó el asesinato de su propio hijo con un bastón en un arranque de cólera, lo convirtió en conquistador de esta ciudad a un costo altísimo: en el llamado Asedio de Kazán, arrasó con 65 mil de sus habitantes en 1552. Tal masacre -junto a varias otras- lo sitúa en un nivel genocida solo comparable a un único otro monarca europeo: Leopoldo II de Bélgica, el esclavizador del Congo a punta de asesinatos en nombre de la explotación del caucho.

El fútbol existe, en buena medida, para reivindicar a los pueblos y mejorar su autoestima. Kazán es una de las mayores perlas turísticas de esta Copa del Mundo porque su fastuoso Kremlin, mandado a construir justamente por Iván el Terrible como parte de la reconstrucción de la ciudad, acabó siendo declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 2000. Y desde el 6 de julio de 2018, la historia escrita en tinta roja contará que once belgas pasaron por esta ciudad para construir una de las mejores edificaciones futbolísticas que se hayan visto en la Copa del Mundo: una capaz de tumbarse favoritos y estigmas.

Lo perdió Brasil porque tácticamente Tite fue superado de cabo a rabo por Roberto Martínez. Porque el 4-3-2-1 con volante en "V" diseñado de un tiempo a esta parte a fin de que Philippe Coutinho pudiera, en teoría, ir jugando hacia el ataque con mayor comodidad y espacio, no sirvió ante una Bélgica diseñada para dañar a partir del equilibrio. Un equipo que varió su moderno 3-4-2-1 de los partidos anteriores por un 3-línea-3 fantástico, diseñado para explotar al máximo el potencial de sus mejores figuras y funcional para asestarle a un rival hasta ahora sólido un golpe grandísimo.

Romelu Lukaku estuvo imparable y su crucial para el segundo gol belga. (Foto: FIFA) 

- Romelu Lukaku pasó de ir por el centro a ser extremo por derecha con una función evidente: tapar y condicionar la salida de Marcelo, el mejor arma de este Brasil de Tite para la transición defensa - ataque. Hay que tenerlo encima al '9' de Bélgica, capaz de sostener un tanque con su humanidad, para entender cuán entretenido puede mantener a cualquier lateral.

- Kevin de Bruyne ya no partió de primera línea, sino como eje central del ataque, formando una V con sus dos extremos pero un paso más retrasado. Así forzaba a la salida a los dos zagueros centrales del 'Scratch', Thiago Silva y Miranda, quienes quedaron descolocados sobre todo en el primer tiempo.

- Lo expuesto, además y acaso sobre todo, permitía así que Eden Hazard se recostara con poca marca por el sector izquierdo para que el '10' del Chelsea hiciera gala de su talento. No solamente tenía espacio para el festín con el poco prolijo Fágner, sino que la nula capacidad de la volante de recuperación brasileña de retroceder en apoyo de su defensa le permitía al mago belga ensayar conjuros a discreción.

El gol de Kevin de Bruyne sentenció la historia en Kazán. (Foto: FIFA) 

- Adelantado De Bruyne, Axel Witsel tuvo ahora como compañero de primera línea a Marouane Fellaini, quien tampoco es por cierto un hombre con mucha capacidad de marca. Pero sucede que los dos melenudos belgas no tuvieron por qué ocuparse de recuperar balones: ellos tenían toda la libertad de irse al frente porque para sostenerlos estaban los dos stoppers, Toby Alderweireld y Jan Vertonghen, haciendo diagonales hacia el centro.

- ¿Y entonces quién cubría a los stoppers? Pues los dos carrileros, Thomas Meunier y Nacer Chadli, quienes retrocedían para hacerles el relevo. Una Bélgica diseñada en pequeños triángulos de poder que, zona por zona, acabaron neutralizando a un Brasil impotente para romper esos campos de fuerza.

Pero perdió Brasil no solo porque fue superado en lo táctico sino también en lo anímico. El autogol de Fernandinho fue un mazazo capital al espíritu canarinho, una llama de inseguridad encendida en una sala sin extinguidores. El temple que el equipo de Tite había demostrado en todo este tiempo quedó expuesto a daños después de verse, tras más de año y medio, con el marcador en contra.

Fernandinho fue titular en lugar de Casemiro y le costó: marcó un autogol. (Foto: FIFA) 

Eso no solo apagó a Fernandinho, ido del partido tras su yerro, sino que por eso dejó a Paulinho completamente ocupado de recuperar y por tanto imposibilitado de irse al frente. Y además complicó a Coutinho, carente de ese primer pase limpio que necesitaba para enlazar con el ataque. Todo esto, por supuesto, olvidando que el equipo podía tener problemas con el fondo del campo.

Por lo tanto, Brasil quedó limitado a la inventiva de Willian, a quienes le quedaron pocas o ninguna. Porque a Neymar, el que podía cambiar las cosas, el último diferente de esta Copa del Mundo 2018 anti-rockstars, le quedó demasiado lejos el balón, siempre. Y terminó enfrascado, desgastado en un dueño fútil con Meunier, precavidamente retrocedido por Martínez respecto de otros partidos.

En lo anímico, también, se superó a sí misma Bélgica. No por este partido, no por la remontada ante Japón; más por el lastre de toda una vida mundialista, futbolística fallando en el momento determinante. Así en la última Eurocopa ante Gales como en la noche boloñesa de 1990 al no poder contener el cabezazo agónico de David Platt; así en 2002 cuando el inefable jamaiquino Peter Prendergast le anuló un gol legítimo a Marc Wilmots y, por eso, le inclinó la cancha de Kobe en un partido de octavos de final que acabó ganando Brasil.

Bélgica hace historia en Rusia. ¿Puede ser campeón? (Foto: FIFA) 

Eso no ocurrió dieciséis años después en la noche kazana. Porque Lukaku, De Bruyne y Hazard se tocaron para tocar y embelesar, para combinar y encantar. Para escribir, sobre todo, un primer tiempo maravilloso para la historia de los mundiales.

La cancha está inclinada, sí. Pero de Europa hacia América y con toda el agua del Atlántico desbordando hacia la orilla desde la que se exporta la mejor materia prima pero no se importan la mejor logística ni los estándares de organización adecuados. El método le está ganando a la inspiración, y de la cuota disruptiva que falta se encargan hombrecitos como estos multiculturales belgas ataviados de rojo, dispuestos a endulzar con sus chocolates un trofeo del que nunca estuvieron tan cerca como ahora desde 1986, cuando acabaron cruzándose con Francia para resolver quién se quedaba con el consuelo del tercer puesto.

Para Bélgica habrá, pues, revancha y clásico contra el vecino al sur de la Valonia. Lo que no habrá es un sudamericano en semifinales. El Brasil más metódico de los últimos tiempos ha capitulado en Kazán. Porque al parecer ya ni con eso alcanza desde este lado del charco.

El Resumen

 

Los Goles

Fotos: FIFA


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La ficha del Brasil 1 - Bélgica 2

 

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