Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comUn zapatazo desde fuera del área de Luis García permitió que Melgar volviera a ganar un partido de Libertadores tras 33 años de espera. El 'Dominó' se vio beneficiado por la cuestionable expulsión de Caicedo, que dejó a Emelec con diez hombres y permitió a los de Reynoso maniatar el partido hasta lograr el 1-0.

 

    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

Ganar un partido que dominas, primera causal lógica del fútbol que para los clubes peruanos no necesariamente se cumple en torneos internacionales. Verte beneficiado por la dudosa expulsión de un rival, suceso que para un fútbol deprimido también en lo dirigencial es poco frecuente. Disparar desde fuera del área para anotar, un recurso completamente válido en el fútbol pero que en un país apegado al fulbito resulta a veces un tabú.

Todas las premisas anteriores, usualmente negadas en Copa Libertadores para el fútbol nuestro de cada día, de cada verano, se cumplieron a rajatabla en simultáneo en Arequipa para configurar una tarde-noche feliz al pie del volcán: aquella en que Melgar volvió a ganar un partido del máximo torneo continental después de 33 años, y en la que un club peruano derrotó a uno ecuatoriano por el mismo certamen por primera vez en doce temporadas.

Pasó así porque Melgar pudo ser Melgar el tiempo necesario y suficiente para lograr una ventaja. Le alcanzaron los 68 minutos que jugó con un hombre más para imponerse a un rival con menores argumentos que otras versiones de Emelec que visitaron el Perú en los últimos años, pero que sí cumplía los requerimientos básicos para sumar en Arequipa: capacidad para esperar y sobre todo, para contragolpearle con peligro a un equipo como el de Juan Reynoso que toma riesgos al jugar -sobre todo en casa- con la defensa adelantada.

Más allá del triunfo de Melgar, el duelo ante Emelec fue muy disputado. (Foto: EFE) 

Por eso el cuadro eléctrico dispuso de oportunidades desde el inicio, con ocasiones gestadas vía el pase largo de su caudillo Fernando Gaibor en búsqueda o del remate de Marcos Mondaini o de la carrera de Bruno Vides. El arco de Diego Penny, durante esa primera media hora en la que se enfrentaron once versus once, sufrió más que el de Esteban Dreer, que no trabajó demasiado pues su defensa se encargó de cerrar el paso al último pase que la volante rojinegra daba en búsqueda de tres delanteros con puntual noche poco feliz. Por derecha, Daniel Chávez retrocedía demasiado para buscar el balón pues Hernán Hinostroza no desbordaba lo suficiente para entregárselo; por izquierda, Omar Fernández sí eludía rivales pero estaba poco lúcido, a diferencia de otras veces, para el puntillazo final, y hasta entregaba el balón en vez de resolverla él; y por el medio, el argentino Emanuel Herrera ponía todas las ganas de siempre, que esta vez -y ante su exclub- no alcanzaban por sí solas pues el contexto internacional exige mayores argumentos técnicos para que un delantero se sitúe de cara al gol.

En realidad, a Melgar esa poca capacidad de resolución lo acompañó el partido entero. Incluso cuando Ysrael Zúñiga y sus 40 almanaques engalonados con idolatría hicieron su ingreso al campo y un cabezazo de sí resultó la ocasión más riesgosa para el pórtico de Dreer -pasó besando el poste derecho-. Por lo tanto, bastaba leer un Coquito de fútbol global -algo no necesariamente obvio para un medio que con las justas paga cincuenta centavos por cuotas de posverdad- para desprender que la mejor forma de llegar al gol podía derivarse de un disparo desde fuera del área. Lo intentó así Carlos Ascues, primero, con un derechazo raso que sacó chispas del ángulo inferior derecho eléctrico; y lo materializó luego, con éxito, Luis García -había ingresado en el entretiempo por Hinostroza- en un disparo combado que acabó colgando a Dreer.

Para ese momento, Emelec ya se la había jugado por defender el cero en línea con su inferioridad numérica. Por eso ingresó Christian Ramos, quien le servía para terminar con tres hombres en el fondo y contener los centros al corazón del área -pero no para evitar un disparo desde fuera-. Y por eso también se quedó sin cambios, por lo que sus chances de revertir el 1-0 quedaron restrinigdas a buscar el contragolpe veloz vía Marlon de Jesús, el bullidor y experimentado delantero que entró en el complemento y dispuso de un mano a mano ante Penny en el que su violento latigazo pasó cerquísima del vértice superior izquierdo, en el que acaso debió ser el empate.

La celebración del gol de Melgar y la algarabía de la hinchada rojinegra. (Foto: Agencia Click) 

El partido, no obstante, estaba escrito según las leyes de Reynoso: maniatar hasta que el resultado se consiga. Será, sin embargo, atípico e improbable que tanta circunstancia a favor vuelva a juntarse viento en popa para Melgar. Por ahora, alcanzó y está más que bien: el 'Dominó' necesitaba comenzar esta Libertadores 2017 asesinando el fantasma de los cero puntos del año pasado, y lo ha conseguido. Viene lo más difícil: sostener el protagonismo, para lo cual es requisito entender en Arequipa, en medio de la algarabía, que no en todos los partidos de esta Copa se jugará con un hombre más producto de un aparente error arbitral, pues si Sandro Ricci interpretó que lo de Romario Caicedo a Nilson Loyola fue un codazo, pues se equivocó de cabo a rabo. Así pasa cuando sucede: la roja mal mostrada esta vez benefició a la parte peruana del litigio, y resultó el factor más determinante para explicar una victoria muy satisfactoria.

Los goles

Fotos: EFE, AFP, Agencia Click

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La ficha del Melgar 1 - Emelec 0

 

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