Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comQue haya 59 goles en una jornada de Champions League refleja las diferencias estructurales existentes hoy en el fútbol europeo entre equipos poderosos y los que no lo son tanto. Pero siempre hay una sana excepción, como el Shakhtar de Luiz Adriano.


Un promedio de más de tres goles y medio por partido sabe a sabrosura futbolera, sobre todo en el torneo más atractivo y parejo del mundo. Pero de un tiempo a esta parte, la primera fase de la Champions League es reflejo de desnivel, de desigualdad: de lo que la economía calificaría con un coeficiente de Gini altísimo por la brecha entre poderosos y desfavorecidos.

Y no se habla de diferencias de toda la vida como la que puede generarse entre la opulencia del Chelsea de Abramovich y Mourinho y el entusiasmo del Maribor de un país de reciente data como Eslovenia. O como la que puede haber, casi por ley de la naturaleza, entre el momentum del Atlético y el momentum del Mälmo: los dos pueden estarla rompiendo en su respectivo contexto, y entre uno y otro hay un espacio de cinco goles. No: hay diferencias nuevas, de los ricos post ley Bosman y los parientes empobrecidos de Europa.

Como era de esperarse, las diferencia entre el Atlético de Madrid y el Malmö se reflejaron en el marcador: 5-0 (Foto: AFP)

Por esas nuevas diferencias, el Real Madrid va a Anfield y se pasea con el Liverpool: no le mete más de tres goles sencillamente porque no quiere. Por esas diferencias, el Bayern puede ir a ese Olímpico y burlarse de Rómulo y Remo con siete goles clavados en el arco de la Roma. O el Dortmund ir al alguna vez llamado 'Infierno' de Estambul y, a pesar de andar dando pena en la Bundesliga, pasearse con cuatro goles en el pórtico de Muslera y vapulear al Galatasaray. O que el Barcelona, igual que el Madrid, no le haga más de tres goles al Ajax porque no tiene por qué desgastar de más las piernas para el derbi y por eso Sandro Ramírez puede encargarse de los mandados.

La Champions, hoy, es el reflejo entre la Europa rica y pródiga en nombres y presupuestos de los clubes del alguna vez llamado G-14 y todos los demás. Y si esa asociación -disuelta en 2008- hoy volviera a conformarse, la élite sin duda bajaría a un solo dígito.

Shakhtar demostró lo que la sociedad brasileña puede hacer en Europa (Foto: AFP)

Por todo eso, especialmente, la hazaña de Luiz Adriano y sus cinco goles para el 0-7 del Shakhtar ante el BATE es valiosísima. Rescatista de la capacidad de, auténticamente, destacar allí donde solo parece haber espacio para la disparidad. Que se entienda bien: aun entre sobrevivientes de la URSS que se fue, claramente hay una brecha estructural entre  las realidades futbolísticas de Ucrania y Bielorrusia, equivalente en este caso puntual a la billetera que Rinaj Ajmétov, el mecenas del equipo minero de Donetsk. Pero es el resultado de un proyecto fuera del estándar: el de un equipo que sin tener los figurones del primer mundo futbolístico, clama para sí el rótulo de nuevo clasemediero, emergente, en Europa de la mano de una identidad -la brasileña- muy definida y consistente en el tiempo.

Así, que Luiz Adriano te fuerce, en una jornada de martes en el que el canal principal de tu TV está clavado en gol tras gol del Bayern, a hacer más y más zapping retrucando con un nuevo gol al protagonismo cada tanto bávaro, es sano. Que sus cinco goles acaben robándole a Messi la exclusividad de un récord es súper sano. Tonifica y recuerda que en el fútbol, siempre hay -y conviene que siga habiendo- lugar para el caso especial, para la sorpresa excepcional.

Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.com
Fotos: AFP

 


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