Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comEn Kiev, se disputaba un partido intenso hasta que se dio la lamentable lesión de Mohamed Salah: esto fue un punto de quiebre y favoreció al buen trabajo del Real Madrid, que derrotó 3-1 a Liverpool y se hizo de su tercera Champions League consecutiva, con un Gareth Bale categórico y un Loris Karius que quedará en la historia por sus dos bloopers.

Kenny Nagahama | @Kenny_Nagahama
Redactor

¿De qué manera influyó la lesión de Mohamed Salah en el trámite del partido?

El partido en el Olímpico de Kiev comenzó como lo esperaban muchos seguidores e hinchas: un trámite intenso marcado por diez minutos en los que el Liverpool, de la mano de Mohamed Salah y con un Sadio Mané desequilibrante, presionó al Real Madrid y no lo dejó acomodarse, acercándose hasta su área pero viendo sus intentos salvados por la defensa madrileña antes de poder ser concretadas. Los blancos lograron equilibrar el juego luego del sofocón. A pesar de esto, los reds seguían armando bien su juego en base a toques cortos, y un remate de Trent Alexander-Arnold dentro del área que contuvo Keylor Navas -una de sus pocas intervenciones hoy- hacían pensar que los ingleses estaban cerca. Para su mala fortuna, unos minutos después, su 'Faraón' caería derribado por Sergio Ramos, y tuvo que salir a partir del dolor en su hombro: esta jugada cambió el rumbo del partido, que le fue sonriendo al vigente campeón cada vez más.

Adam Lallana ingresó para ocupar el lugar de Salah y lo ubicaron por izquierda, cambiando a Sané al otro lado. No obstante, se notó un evidente bajón en lo anímico por parte de los jugadores del equipo inglés. el cual se comenzó a manifestar con la pérdida total del medio campo y cuando se hizo notorio que la única arma real en ataque que manejaban era los balones largos buscando al atacante senegalés, confiando en su capacidad individual para generar peligro. El Real Madrid ganó control territorial y facilidad para mover el balón, y se fue al descanso en una situación favorable.

Apenas a los dos minutos de iniciado el segundo tiempo, el desconcierto del Liverpool se volvió a evidenciar en una situación muy clara en la que Isco estrelló el balón en el travesaño: esto sería un presagio de cómo claramente en tienda roja no se habían recuperado de la pérdida de su mejor jugador: en una jugada que había terminado sin peligro en las manos de Loris Karius, el arquero alemán quiso jugar hacia su mano derecha y, sin tomarse el tiempo de pensar, jugó el balón con Karim Benzema a su  lado, y el francés solo tuvo que estirar el pie derecho para abrir el marcador.

Karius en su faceta de villano. (Foto: AFP) 

Este gol insólito y la manera en cómo se dio parecían marcar la desgracia total para Liverpool, pero como sucede a veces en las situaciones adversas en las que no se puede jugando, apareció el balón parado para sembrar una luz de esperanza: premio a su esfuerzo, Sadio Mané se encargó de marcar el empate tras un pivoteo de Dejan Lovren, otro punto alto del equipo, especialmente por sus cruces providenciales en área propia.

Sin embargo, por mas que el equipo ingles empujaba y sus jugadores iban con todo al suelo a quitar balones, la falta de Salah en lo futbolístico era muy notoria: no se encontraban espacios, no había alguien que organizara el juego, y un palo de Sadio Mané fue tan solo una jugada aislada que ratificaba el hecho que Liverpool no encontraba otro recurso más que allá de lo que podía generar este solo.

Por su parte, el Real Madrid resolvía sin muchos problemas los intentos de entrar tocando de su rival, y Zinedine Zidane decretó el ingreso de Gareth Bale, y esta decisión comenzó a trazar el camino hacia la orejona número trece. Ya el trámite se acomodaba a su juego, y en una jugada que comenzó por derecha, Marcelo enganchó hacia dentro y sacó el centro que terminó en la magistral chalaca del galés para poner todo cuesta arriba para los dirigidos por Jürgen Klopp.

Bale ensaya la chalaca que se convirtió en el segundo gol del Real Madrid. (Foto: AFP) 

El resto del partido fue prácticamente de trámite, pues no se veía cómo el Liverpool podía siquiera acercarse con peligro a campo madrileño, y a pesar de la ventaja, el cuadro merengue conservó la posesión y se acomodó con ella sin necesidad de meterse atrás. Inclusive, para cuando llegó el segundo gol de Bale que terminó por marcar la pesadilla de Karius, los reds ya no presionaban y es así como el zurdo tuvo libertad para sacar el disparo de lejos.

De esta manera, es evidente que la lesión y posterior salida de Mohamed Salah influyó en el trámite inhibiendo la capacidad mental y futbolística su equipo para generar peligro en ataque, muy posiblemente sumó a la inseguridad de su arquero, y favoreció el buen trabajo del Real Madrid para llevar el juego a lo que le convenía para su propuesta. Se hace énfasis en que favoreció y no determinó, pues no está en discusión la superioridad que mostró el equipo de Zidane, que no necesitó hoy de un Cristiano Ronaldo en gran nivel (trascendió poco en esta final), eligió bien sus variantes (silencioso pero muy buen partido de Nacho, quien es defensor central, y ni que hablar de Bale), e hizo un gran trabajo para merecidamente ganar por tercera vez consecutiva la Champions League.

Los Goles

Fotos: AFP


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