Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comLa Juventus llegó a su segunda final de Champions en tres años después de un 2-1 claro, contundente y estimulante sobre un Mónaco atolondrado. El golazo de Dani Alves es la postal de la gran credencial bianconera para buscar la 'Orejona' luego de más de dos décadas: la voraz transición de defensa a ataque.

 

    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

El dilema post partido típico de las redacciones es la elección de la figura del campo. A quién poner, a quién elegir si dos la rompieron o a quién rescatar de un espectro poco rutilante según el caso. Y sobre todo, cómo coexistir con la polémica que despierta no escoger al jugador que seguramente el marketing o la sabiduría convencional del hincha promedio determinarán como el mejor por alguna referencia puntual.

En una sociedad futbolística cada vez más esclava del análisis superficial, lo que alguna vez fue la usanza japonesa de la Copa Intercontinental -darle la llave del auto Toyota al jugador que hiciera el gol del triunfo- se ha universalizado. Y por eso en la ida de esta semifinal de Champions, Gonzalo Higuaín aparecía primero que Dani Alves en varios podios. Uno la empujaba y otro hacía todo: los flashes se van, por fuerza mediática, a quien acaba metiendo su nombre en el marcador.

Por eso, el corazón dibujado con la mano por el lateral brasileño luego de su estiletazo en el arco de Danijel Subasic para decretar el segundo de la noche turinesa es tan importante. Porque coloca en el hotspot de manera indiscutida, para los conocedores y los que no lo son tanto, a un tipo de trajín notable y capacidad única hoy por hoy en el mundo para ejecutar la transición de defensa a ataque. Porque le otorga protagonismo principal a ese rol por definición lateralizado que es el del marcador de punta. Porque lo unge, para tirios y troyanos, para turineses y monegascos, para catalanes y -con rabillo de reojo enfocado en Cardiff- madridistas, como el mejor.

El gol de Dani Alves sentenció la serie. (Foto: AFP) 

Alves es, pues, el personaje icónico de esta clasificación bianconera a la final de Champions League. Porque simboliza la mejor arma de un equipo que ha perfeccionado su fortaleza histórica y de tiempos recientes, la del bloque defensivo, a través de la inversión de un axioma. Esta Juventus ataca porque defiende; esto es, se defiende tan bien que consigue, a partir de eso, construir una salida limpia porque dispone de un jugador que en tres trancazos puede construir no solo una contra mortífera, sino un aluvión sobre el arco rival. Y si al otro lado tiene quien le haga el espejo -no necesariamente con el mismo despliegue, pero sí con creciente eficacia- como Alex Sandro, acaba dándole a la 'Vecchia Signora' una tremenda carta de presentación como favorito para la final del 3 de junio.

Sin duda, la voracidad de la Juventus se completa con el triángulo Paulo Dybala - Mario Mandzukic - Higuaín, que ha conseguido que el punta franco-argentino tenga abastecimiento permanente para que, por matemática simple, aproveche algunas y falle otras y con eso diga casi siempre presente. Esta vez el 'Pipita' no anotó, pero sí lo hizo Mandzukic, luego de un concierto de cuatro llegadas consecutivas en 5 minutos sobre el arco de un indemne Subasic, no abandonado a su suerte -Benjamin Mendy sacó casi de la raya una que se iba a dentro- pero sí poco apoyado para no verse involucrado en tanto mano a mano.

Al frente estuvo un Mónaco entregado. No a la derrota, sino a su compulsiva ansiedad. Un equipo que se olvidó de las interesantes armas que había mostrado en las fases previas para hacer frente a rivales más pintados y se dedicó a tratar a Kyliam Mbappé como un punta cualquiera que espera pelotazos al trompicón para empujarla. En ese trance, Radamel Falcao García fue un 'Tigre' devenido en gatito y apenas una ráfaga de inspiración de Joao Moutinho alcanzó para procurar el descuento. En los minutos finales, con la historia sentenciada -como si no lo hubiera estado antes-, el equipo de Leonardo Jardim se dedicó a pegar y a provocar, y casi consigue lo último en el absurdo pisotón de Kamil Glik a Higuaín que desató la ira del argentino.

La Juventus dirá presente en Cardiff. Un equipo de Madrid será su rival. (Foto: AFP) 

La Juventus, igual, se controló con sapiencia. Como la tuvo Massimiliano Allegri para, al mínimo golpe recibido por Sami Khedira, retirarlo del campo con solo 10 minutos jugados para así minimizar riesgos de cara al viaje al Millennium Stadium. Porque era cuestión de trámite, y ahora es cuestión de convicción. La historia apunta, con las luces típicas de las leyendas mágicas, a un desenlace con Gianluigi Buffon decorando su magnífica carrera con una 'Orejona' alzada antes de cerrarla en Rusia 2018 como el futbolista con más Mundiales jugados. Pero al frente, 'Gigi' aparentemente tendrá que toparse con el equipo de otro personaje de mito como Zinedine Zidane que sabe muy bien, y por obra y (des)gracia de Buffon y su banda, lo que es que el cuento de una carrera exitosa se cierre sin un final feliz. Si once años después de Materazzi y Berlín habrá venganza, es el siguiente capítulo de una historia en la que todo parece -solo parece- preescrito.

Fotos: AP

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La ficha del Juventus 2 - Mónaco 1

 

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