Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.comGame, set & match. Jugando con el acelerador aguantado, el Real Madrid aplastó sin piedad alguna al Schalke 04. Los mineros insinuaron fuerzas parejas los primeros minutos hasta que la calidad individual y colectiva de los merengues les endosó un 1-6 sin contemplaciones.

 

Es difícil analizar un partido así. En octavos de final de Champions League en teoría llegan los mejores equipos de Europa, que, en teoría, son los mejores equipos del mundo. Definitivamente hay unos mejores que otros. Por eso dividen el sorteo entre campeones de grupo y los segundos. Hay ocasiones en las que la serie se resuelve en el partido de ida porque el visitante aprovecha un descuido o su propia superioridad para golpear una o dos veces y llegar con tranquilidad a la vuelta en casa. Lo que no se ve es lo que ocurrió hoy. Dos equipos de fútbol que parecían practicar deportes distintos. Uno veloz, incisivo, explosivo, peligroso, dinámico y el otro lento, predecible, frío, abrumado y resignado.

La BBC -Bale, Benzema, Cristiano- encontró todos los espacios en el fondo que prometía la pobrísima línea defensiva del Schalke 04. Un Felipe Santana mostrando toda su torpeza se juntó con la poca experiencia internacional de Joel Matip para conformar una zaga que invitaba a los atacantes contrarios a divertirse por izquierda, derecha y el centro. Y si bien los tres hombres ofensivos del cuadro de Carlo Ancelotti son capaces de crear peligro por sí solos, no tuvieron que hacerlo ya que el apoyo vino desde atrás. Seis goles no llegan de la inspiración de tres hombres, por más talentosos que estos sean.
Luchar fue en vano para Farfán y el Schalke pues se encontró frente a una aplanadora merengue en su propia cancha (Foto: EFE)
Aún el Madrid hubiese jugado ante un equipo con más alma y fútbol que el Schalke, el rendimiento de sus futbolistas seguiría siendo estratosférico. Enorme Luka Modric tejiendo los hilos lentamente para que aparezca el espacio y sus compañeros, pero el trabajo mayúsculo en media cancha fue de Ángel di María. De volante por fuera a formar el trivote por el centro, robando y atacando a la misma velocidad. El principal responsable de la desaparición de Kevin Prince Boateng.

Del Schalke en ataque poco, muy poco. Apenas unos intentos de Jefferson Farfán por derecha. El problema para el peruano hoy fue que cuando superaba a Marcelo levantaba la cabeza y seguía viendo camisetas naranjas. Los pobres movimientos ofensivos de Julian Draxler y Max Meyer convirtieron en estériles las trepadas de la ‘Foquita’. Se esperaba que Klaas Jan Huntelaar aparezca con su característico olfato goleador y lo hizo. Marcó uno de los mejores goles de esta edición de la Champions League con una volea preciosa al ángulo de Iker Casillas. El problema es que fue el 1-6, cuando los mineros ya estaban aplastados en el marcador. Poco por hacer en la vuelta. La reflexión queda para los de afuera. ¿Seguirán estirándose las distancias entre “candidatos” y “aspirantes”?

Fotos: AP, EFE

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