Foto: Héctor Vargas / diario El RancagüinoEcuador desnudó a una Argentina carente de ideas y técnica individual. Los norteños fueron dominadores aun con el resultado en contra, y ya con la expulsión de Fausto Vera el control se acentuó más al punto de hacer sentir que el 2-1 quedó corto.

Luis Valenzuela | @figovalenzuela
Redactor

El Capo: El jefe

John Espinoza mostró la personalidad de un veterano de mil batallas. Tuvo la misión de  cerrar el carril derecho de su zaga, y lo cumplió a cabalidad. Cuando los arietes argentinos asomaron en sus dominios, rápidamente entendieron que por ese sector no cosecharían frutos, pues la corpulencia del guardián tricolor era invulnerable. Además, también fue imponente en ataque, el autor del pase para el primer tanto y opción de juego para cualquiera de sus compañeros.

La Pizarra: Primaria contra secundaria

Fernando Batista utilizó su ya clásico 4-3-3, con la variante de Pedro de La Vega como extremo izquierdo en vez de Thiago Almada, quien se desempeñó como enganche. Sin delanteros que acompañaran en la labor de marca a los volantes anclas Fausto Vera y Santiago Sosa, el duelo se le hizo cuesta arriba a la albiceleste.

Por su lado, Jorge Célico decidió seguir explotando las condiciones físicas y -sobre todo- técnicas  de sus pupilos. El 4-trapecio-2 tuvo a Gonzalo Plata y Alexander Alvarado como embanderados de los ataques ecuatorianos. Además, Jordan Rezabala fue el encargado de jalar las marcas de los zagueros argentinos, de modo de que Leonardo Campana aprovechara los espacios brindados.

El Duelo: Sin oponente 

Alvarado otra vez fue clave en el avance de la medular ecuatoriana. (Foto: Héctor Vargas / diario El Rancagüino) 

El cara a cara entre John Espinoza y el albiceleste Francisco Ortega fue vital para el transcurso del encuentro. El capitán tricolor, sobre la base de potencia y desequilibrio, tuvo a mal traer al futbolista de Vélez Sarsfield. En la jugada del empate norteño, Espinoza arrancó un metro por detrás del lateral santafesino; en un instante, lo desbordó, sacó una ventaja considerable y sirvió el pase para el 1-1 momentáneo. El zaguero ganó la lucha por decisión unánime.

La Clave: Tren norteño

La potencia física de los futbolistas ecuatorianos fue vital para someter sin tregua a los albicelestes. Cuando transcurría el último tramo del cotejo, los norteños seguían mostrando las mismas energías que en el arranque del duelo, mientras que los argentinos jadeaban a cada paso dado. Y si a eso se le suma la superioridad técnica del equipo de Célico, quedó la impresión de que el resultado debió ser más abultado.

La Calamidad: Doble desastre

A los 15‘ de iniciada la segunda fracción,  Julián Álvarez desperdició un centro preciso del lateral Aarón Barquett. Solo y sin marca cercana, el '22' albiceleste le pegó al esférico con el rostro y, para sorpresa de todos, erró un gol sin nombre. Para cerrar el desastre, al minuto de fallar el insólito tanto se ganó una tarjeta amarilla, por entrar con el codo arriba mientras disputaba el balón en la medular.

El Extraviado: No habido

Campana se reveló una vez más como un ariete peligroso. Acá anticipa en el salto a Vera, quien acabó expulsado. (Foto: Héctor Vargas / diario El Rancagüino) 

El jugador del PSV  Maximiliano Romero  llegó al Sudamericano Sub-20 como referente de su selección. Y aunque en la fase de grupos tuvo actuaciones decorosas, ante los ecuatorianos casi no se mencionó su nombre. Romero fue absorbido por los centrales Richard Mina y Jackson Porozo; sin la astucia necesaria para superar su marca, fue un cambio fácil -y habitual- para el ingreso de Adolfo Gaich.

La Joyita: Casi perfecto

Después de recibir un centro que lo encontró en la media luna del área chica, Leonardo Campana recibió el servicio con su pierna hábil -izquierda-, la amortiguó y con un movimiento de cintura relampagueante burló la marcación del capitán albiceleste Nehuén Pérez. Después se perfiló para rematar y, con un potente disparo, mandó el esférico al lado inferior derecho del arco defendido por Manuel Roffo. La jugada merecía ser gol por los argumentos técnicos expuestos, pero el poste negó esa posibilidad.

Kazuki Ito:  El poder de las tarjetas

El juez ecuatoriano Arnaldo Samaniego optó por la salomónica idea de conducir el cotejo apoyado en el rigor de sus tarjetas. Amonestó a los hombres de ambas escuadras con igual criterio, y cuando las acciones se volvían más violentas mandó a las duchas al argentino Fausto Vera por doble amarilla. Además, contrarrestó la potencia física de los futbolistas norteños con buena ubicación, y así salió siempre en la imagen televisiva de las jugadas de riesgo.

Los Goles

Fotos: diario El Rancagüino


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La ficha del Ecuador 2 - Argentina 1

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