No importa que sea Sub-17. No importa que no haya golazos de tiro libre para recordar toda la vida. No importa que no haya remontadas históricas. No importa haberle ganado a un equipo que, para futuras generaciones, será tanto o más impronunciable que para la actual. Aquí, una crónica de cómo vive el hincha menor de edad la clasificación a cuartos de final en el Mundial de Corea del Sur.

Foto: ipcdigital.com

 

Nunca el salón había hecho tanto silencio, ni cuando el profesor anunciaba que lo que iba a dictar a continuación era tema seguro en el examen. Mientras Irven Ávila caminaba lentamente para pararse a 12 metros del arco defendido por Farrukh Berdiev, en el aula reinaba tal mutismo que cualquier maestro habría estado orgulloso de imponerlo. Muchos se pararon de sus sitios, otros no dejaban de moverse y los más desconfiados ni siquiera se atrevían a mirar el televisor.

Y cuando el huanuqueño embocó la pelota en el arco tayiko, por fin se pudo soltar el grito contenido durante mucho tiempo. Grito que tuvo que ser mesurado debido al pedido de la tutora de no hacer escándalo, aunque en medio de la celebración ni ella pudo contenerse de expresar su emoción mediante varias persignadas y miradas hacia arriba agradeciendo a Quien ella consideraba principal artífice de esta victoria.

De ahí en adelante, desde las 8:35 a.m., el día se hizo más fácil de llevar. Las interminables clases de Matemática se hicieron más cortas, y hasta al afrontar los exámenes uno podía permitirse mantener la sonrisa en el rostro. El recreo sirvió casi exclusivamente para poder alabar la determinación de Hermoza al atajar aquel penal y para que los madrugadores pudieran contar, con todos los detalles, el partido que los que se habían quedado dormidos no habían podido observar.

La alegría de la hinchada peruana en Suwon es la alegría de toda una generación (Foto: FIFA.com)A fin de cuentas, quizá esta sea la mayor alegría que haya recibido un peruano que nunca pudo ver a Perú en un Mundial. Sobre todo que para poder gozar de la epopeya de Cienciano hace más de tres años en la Sudamericana, la mayoría de hinchas le tuvo que ser infiel durante un tiempo al equipo que había alentado desde que tenía conciencia. Los mismos hinchas futboleros que debieron acostumbrarse a que el máximo logro del palmarés peruano de los últimos años haya estado constituido por dos -casi inexistentes- copas Kirín, de las cuales la última tuvo que ser compartida con Túnez debido a un empate a toda regla en los puntos.

Ahora, en la lejana Corea del Sur, estos héroes que se hacen llamar “jotitas” le dan al golpeado pueblo nacional la oportunidad de levantar la cabeza -aunque uno se tenga que levantar en horarios acostumbrados al sueño-. Tal vez en los colegios por los que pasaron los Sub-17 el escándalo haya sido mayor, los gritos más fuertes, los profesores menos mesurados. Pero al final de todo, el sentimiento es el mismo, pues hay una generación que ahora sí está segura de que algún día podrá decirles a sus hijos que vio a Perú en un Mundial.

Nota de Redacción: el autor de la nota cursa el quinto año de Secundaria.

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