Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.comLos jugadores de 1985 no solo estuvieron unidos; también comprometidos con un objetivo más allá de haber sufrido un cambio de técnico en el camino. Si Perú acabó venciendo a Venezuela y Argentina, fue al final de todo porque ellos, más que nadie, la tuvieron clara.

 

Aun en el peor momento de la Eliminatoria de 1985, el grupo de jugadores que formaba la selección peruana mantuvo una virtud importante: la unión a prueba de balas. Ese aspecto fue preponderante para derrotar a Argentina y Venezuela.

 

 

Por ejemplo, cuando Moisés Barack fue destituido por la Federación Peruana de Fútbol, el coro fue unánime: "Es malo cambiar de entrenador a mitad de camino. Es como romper un puente a la mitad del río", resumió a nombre del plantel el golero suplente 'Caíco' Gonzales Ganoza. "No sé por cuántos goles, pero ganaremos", dijo a su turno Rubén Toribio Díaz, capitán de la selección, antes del partido con Venezuela. El pedido a la afición era también claro: "que dejen de abuchearnos a la primera falla".

Una práctica de la selección con Rubén Díaz al frente y Roberto Chale atento a la acción del capitán (Recorte: diario El Comercio)Así, antes del cotejo, el equipo recibió visitas de sus familiares, con excepción de Franco Navarro, Guillermo La Rosa, Leo Rojas, Hugo Gastulo y José Velásquez, quienes se fueron a misa en la Medalla Milagrosa de Magdalena. A las 11 recibieron por media hora la charla técnica de Roberto Chale y tres horas luego enrumbaron al Nacional para acabar goleando a Venezuela.

La reivindicación de un ídolo

La alegría mayor tuvo que ver con la gran tarde de César Cueto: el 'Poeta de la Zurda' anotó un golazo y acalló a sus varias veces malintencionados críticos. No es exagerado decirlo: la situación que afrontaba Cueto, quien para buena parte de las generaciones actuales es poco menos que un semidiós, era muy similar a la que hoy vive Juan Manuel Vargas a propósito de su consabido exceso de peso.

Festeja Perú, festejan Cueto y Chale. El abrazo común entre el técnico y el 'Poeta' luego de su gol a Venezuela (Recorte: diario El Comercio)"Siempre leo diarios y asimilo las críticas constructivas, pero últimamente nos dieron a la mala. Barbadillo y yo éramos el blanco de las críticas (...) Íntimamente quería tener una gran actuación, pero honradamente no había seguridad. Cuando anoté en la valla de Baena, se desbordó en mí toda la emoción; me había cobrado la revancha. Por eso corrí a abrazarme con Roberto (en referencia a Chale) y mis demás compañeros, porque todos habían estado tanto o más tensos que yo", remató Cueto.

La preparación para el choque contra Argentina fue ardua, tal como aquí se aprecia con Luis Reyna marcando a Julio César Uribe en un entrenamiento (Recorte: diario La Crónica)El ídolo se había reivindicado en un día especial: no era solo el Día del Padre, sino también el de su cumpleaños. Por eso, su abrazo con Chale quedó inmortalizado en fotos. Según contaba 'Pocho' Rospigliosi, en una de esas historias tan suyas que navegaban entre la verdad y la fábula, las hijas del 'Poeta' lo habían llamado temprano a la concentración para decirle que sufrían cuando escuchaban o leían que estaba acabado, que le había llegado la hora de retirarse, que requería naftalina. Por eso, principalmente por él, la fiesta del grupo fue tan grande.

A poner el hombro

El ambiente positivo sirvió para que el equipo afrontara de mejor manera el nuevo reto: ganarle a Argentina. Así, Julio César Uribe no tuvo reparos en irse al Equipo 'B' en las prácticas para que Luis Reyna ensayara cómo marcar a Diego Armando Maradona. El 'Diamante' acabó yendo al banco y –a diferencia de otros momentos en su carrera- no hubo protestas de su parte, pues además se sabía que no estaba del todo repuesto de una lesión.

Reyna y Maradona, inseparable pareja que pasó a la posteridad por la implacable marca del volante peruano (Recorte: revista Ovación)Eduardo Malásquez, otro favorito de los aficionados y cuya titularidad a Barack se le había reclamado hasta el hartazgo, tampoco fue de la partida pues se requería que en el mediocampo se dedicara a marcar. “Si me toca ingresar mejoraré actuaciones anteriores”, declaró con humildad el ‘Flaco’ en la previa. El respaldo para Reyna fue, pues, fundamental, dado que no había jugado en ningún partido de la Eliminatoria y apenas había ingresado en uno de los 15 amistosos previos a la competición.

Ya en el Nacional, el mejor símbolo de unión se dio al ingresar al campo: los jugadores lo hicieron rompiendo un cartel de Héctor Chumpitaz, símbolo si lo había para toda aquella generación, que tapaba el túnel de vestuarios. Y después de aquel inolvidable 1-0, cuando Reyna se convirtió de la noche a la mañana en el más asediado por los hinchas al final de los entrenamientos en el Nacional, no hubo envidias: aquel de 1985 fue un equipo que una semana después, en Buenos Aires, perdió la clasificación por un foul no cobrado, pero que aún ante esa adversidad estuvo unido.

Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.com
Recortes: diarios El Comercio y La Crónica, revista Ovación

Comentarios (2)add
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escrito por marco r.c. , septiembre 08, 2012
Leo las palabras de Cueto y creo que podría firmarlas hoy Farfán

Gran crónica DeChalaca!!
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escrito por Carlos Labó , septiembre 09, 2012
Podría firmarlas Farfán con la única diferencia que esos del 85 eran
unos monstruos con dos mundiales encima, y estos, son un invento de la
prensa. Farfán tendría que nacer cuatro veces para ser Barbadillo, Cueto, o tanque La Rosa. Lo que pasó en ese 85 fue extraño, alguna vez habló Barack, pero marcó el fin de un futbol peruano con jerarquía internacional, a partir de ahí todo fue ya cuesta abajo.
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