Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.comEl countdown hacia Paraguay trae consigo recuerdos para cada integrante de DeChalaca.com. Para comenzar, la tarde de 1993 en la que un Perú eliminadísimo dejó afuera del Mundial a la albirroja de Chilavert y Cabañas.

 

Voy a decirlo sin resquemores: siempre creí en Popovic. Sí, como lo lee: pienso que con Vladimir Popovic existió el intento de hacer un proceso serio y de largo plazo en el fútbol peruano, y que una prensa carroñera e impaciente se lo bajó con técnicas de demolición. El de 1993 era un tiempo en que se sentaban las bases de los diarios de cincuenta, en que los ataques de baja estofa y las denuncias de manos negras iban a comenzar a convertirse en moneda corriente en el fútbol nuestro.

En medio de ese clima enrarecido en el que todos parecieron transformarse de un momento a otro en enemigos de la selección, vi a la blanquirroja perder cinco partidos consecutivos e irse en caída libre hasta el último lugar del continente. Se llegó al punto de que alguna revista decidió no informar más sobre Perú y dedicar sus páginas a fascículos sobre kamasutra -vamos, en esa época aún no era tan habitual-. Así llegó el 5 de setiembre, la última fecha, en un Nacional con tribunas ralas, con la invitación tácita del grueso de la prensa a no prestar atención al duelo contra Paraguay que despedía a Popovic y con Argentina y Colombia jugándose un partidazo en simultáneo.

América tenía los derechos de los partidos de Argentina, así que llegaba el cotejo desde Buenos Aires con relatos de 'Rulito' y comentarios de don Lucho Puiggrós. El del Nacional también iba en vivo pero por ATV (recién renombrado así), con la narración del hoy inubicable Luis Alberto Cueva. ¿Cuál ver? Era una auténtica disyuntiva, porque el televisor que tenía en esa época en mi cuarto no tenía aún control remoto y los canales se cambiaban con la antigua ruedita. Debo decir que me ganaron el sentimiento y la convicción y me quedé con el 9, porque sentía que a diferencia de los carroñeros yo debía estar con mi selección. Pero en el cuarto de al lado, mis abuelos tenían puesto el partido de Buenos Aires y el eco de la voz de 'Rulito' resonaba cada vez que yo debía moverme a ver qué pasaba en el otro televisor.

Y así viví esa tarde vertiginosa, gritando el gol de Muchotrigo y corriendo al otro lado con cada "esto es un marcador de escándalo, señores" de 'Rulito', entremezclado con los gritos de mi abuelita pensando en mis primos argentinos cuando a Asprilla o a Rincón les daba la gana de escaparse en trayecto libre al arco del Goyco. Pero nada me emocionaba más que esa muestra de coraje que tanto jugador peruano rechazado estaba dando por jugarse una batalla que no era la suya: la de mantener a esa Argentina que no caía en la cuenta de lo que estaba viendo con cierta vida rumbo al Mundial de Estados Unidos.

Fue tanta la carga emocional de esos últimos minutos en el Nacional, luego del empate paraguayo de Alfredo Mendoza, que compensaron buena parte de lo vivido en esos horribles agosto y setiembre de 1993. Y cuando el partido acabó, nada más desgarrador que el llanto del odioso Cabañas, del irreverente Cabañas que había llegado a Lima bramando con Chilavert a coro que Jorge Amado Nunes "era homosexual" y que ahora se deshacía en lágrimas por haber perdido su pase al Mundial contra un equipo que no le podía hacer cosquillas a nadie, según la propia prensa peruana. "Tienen que agradecernos", resonaba desde el otro cuarto la voz de 'Rulito', y uno se preguntaba si todo eso era consuelo.

Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.com 

Comentarios (1)add
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escrito por raulinraulon , octubre 07, 2011
Y bueno, ¿qué podíamos hacer con el fútbol en 1993, si hasta diciembre de 1991 se seguía apologizando a favor de los torneos regionales? No se le podía pedir mucho al entrenador.

Yo preferí ver el partido de Argentina, después del 4-0 de Barranquilla y el chongo que hubo de la cebichería (mitad irresponsabilidad, mitad inflado de la prensa), no quise saber nada más, excepto de Soto, Reynoso o del Puma, que fueron menciones honrosas.

Faltó Baroni en esa blanquirroja.
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