Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comLa Segunda está en su recta final, pero más allá de tener un desenlace apasionante es necesario que los clubes maduren como instituciones y dejen de vivir el día a día suponiendo escenarios ficticios y de bajo calibre.

Ya se dijo que la Segunda División de este año, por lejos, es la más apretada -dentro del contexto de una definición- en torno a la pugna por el título: en su momento llegaron a haber hasta siete equipos separados por solo seis puntos del líder del torneo. Y dicha tendencia se mantiene, por lo que, no quedan dudas, el rótulo de campeón recién se va a destapar el día de la última fecha, probablemente con angustia y con un final de dientes apretados.

También es sabido que, por las irregularidades institucionales y financieras de algunos participantes, la Segunda ha sido incapaz de subsanar los yerros de clubes asociados más a la informalidad y ello, en cierto modo, ha terminado desvirtuando una competencia regular. Lo de San Simón es un claro ejemplo de lo que no debe hacer un equipo que pretende llamarse profesional, al no regularse de manera adecuada, no pagarle un solo sol a todo su plantel desde que se conformó para esta temporada y deberle a medio mundo. Su descenso no solo se convierte en un mal precedente para un torneo que va en constante crecimiento, sino también altera la competencia: ante su retiro, hay clubes que se van a beneficiar al ganarle por walk over.

Y así como lo que ocurrió con el equipo moqueguano, también hay otros que, por no cumplir con las normas relacionadas a sus haberes, sufrieron algunas penalidades: los casos más conocidos son los de Torino y Mannucci, así como ahora último con Boys y Comerciantes, clubes que -en primera instancia- sienten más la resta de puntos al encontrarse en la pugna real por el título de la Segunda. Esto, desde luego, no hace otra cosa más que complicar el panorama concreto de un campeonato en el que la tabla de posiciones está muy alterada en relación a los puntos obtenidos en la cancha. Pero ello es consecuente con las disposiciones a la que deben comprometerse los clubes (cosa que no hicieron).

Boys y Comerciantes, dos equipos que pelean por el ascenso y fueron sancionados, en primera instancia, por la ADFP-SD. Con la deducción de puntos, sus chances se complican. (Foto: Geraldine Estrada / prensa Sport Boys) 

Pero más allá de ese detalle, importante porque puede cambiar el curso total de la definición, lo que sí resulta indignante y de poca monta es que, más allá de este escenario mutilado por las irresponsabilidades de unos cuantos, los temas del día en la Segunda División se centren naturalmente en detalles distorcionantes, ficticios y que permiten exhibir la escasa madurez dirigencial. Decir que tal club manipulo a otro, que tal equipo arregla partidos, que determinado dirigente tiene suficiente poder como para alterar el torneo a su favor son sencillamente especulaciones baratas que denigran a un torneo que, como ya se dijo, hoy más que nunca está entrenida y es competitiva, pareja y ha permitido que algunos equipo, a priori sin opciones de pelear por el título, esté en la lucha por ascender a Primera.

A esa masa dirigencial que sacude a su gente, que altera el comportamiento de sus seguidores en las tribunas y en las redes sociales, que está acostumbrada al deporte popular de denunciar sin pruebas y que distorciona la atención real que debe tener el torneo: BASTA. Ya es suficiente para que, con su inmadurez, terminen enpañando la competitividad que actualmente posee la Segunda División. A la gente que realmente pretende la mejora del fútbol peruano -entre ellos los que aspiran a que exista la pulcritud dirigencial-: es hora de hacer oídos sordos y, además, fuerzas para que la resonancia del torneo y su desenlace sean los que tengan el rebote mediático que se merece.

Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.com
Foto: Geraldine Estrada / prensa Sport Boys


Comentarios (1)add
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escrito por Manuel Quispe , septiembre 29, 2015
El pasado año, como dirigentes del Alfonso Ugarte de Puno hicimos todos los esfuerzos posibles para terminar el torneo y lo logramos. Parte de nuestra motivación era precisamente no desnaturalizar éste bonito torneo que debiera ser el único acceso directo a la primera división . Este año no fue así y la segunda con once equipos termina siendo un campeonato deslucido. Conocemos los esfuerzos de los dirigentes (especialmente de don Francisco Gonzales) para hacer de éste campeonato uno de prestigio, pero creo que ya es hora que se den cuenta que insistir en el mismo formato año tras año lo único que logra es crear un cementerio de equipos rezagados. A quienes integramos en su momento la directiva del Alfonso Ugarte de Puno (y que hoy nos encontramos sancionados), nos hubiera encantado seguir siendo parte de la Segunda División pero esa injusta imposición para pagar los pasajes y estadía de los equipos visitantes obligó a tomar otras decisiones. Espero muy sinceramente que a partir del 2016 exista una apertura de criterios y se cambien decisiones que lo único que hacen es desmotivar la participación de equipos (como el Ugarte) con posibilidades expectantes. Ojalá tomen nota de lo dicho. Gracias
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