Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comA dos décadas del corte abrupto del proceso de Juan Carlos Oblitas en la selección peruana, el subtítulo continental de la blanquirroja es más que una revancha: es la prueba palpable de cómo retribuye respetar el trabajo de los técnicos en el tiempo.
    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

Este 10 de julio, con Perú de regreso a casa como subcampeón de América, se cumplen dos décadas de un día que fue de quiebre en la historia del fútbol peruano.

DeChalaca ya ha analizado en amplitud, en su sección Virtual Replay, cómo podría haber cambiado nuestro fútbol en este tiempo si el proceso de Juan Carlos Oblitas no se hubiera interrumpido luego de aquel empate 3-3 con México y posterior derrota por penales en la Copa América de Paraguay que, siendo un resultado futbolísticamente lógico, terminó resultando infausto para el desarrollo de la selección peruana en la primera década del siglo XXI. Lo interesante hoy es colegir cómo, más allá de la revancha personal tomada por Oblitas durante esta década como director de las selecciones nacionales, esa situación resulta ilustrativa sobre lo que nunca más hay que hacer.

La FPF había contratado en 1992 a Vladimir Popovic, DT campeón intercontinental con el Estrella Roja, para afrontar la Eliminatoria a Estados Unidos 1994. Se nombró como su asistente técnico a Oblitas, quien para entonces ya tenía una carrera como entrenador exitosa con dos títulos nacionales en su haber (Universitario en 1987 y Sporting Cristal 1991). La idea de ubicarlo en esa posición, se dijo desde el primer día, era generar en él un aprendizaje para que a futuro fuera quien sostuviera un proceso de largo plazo como entrenador de la selección peruana.

Oblitas como asistente de Popovic en el debut del serbio con la selección peruana frente a Argentinos Juniors en 1992. (Foto: revista Once) 

Pero después de la infeliz Eliminatoria de 1993, la FPF encabezada por Nicolás Delfino fue pusilánime por primera vez y no sostuvo a Oblitas como sucesor natural de Popovic, sino que le dio el cargo a Miguel Company, el DT favorito de los principales críticos de la administración que había en Videna. Con Company, la selección fue eliminada en primera ronda en la Copa América 1995: la última hasta la fecha en la que Perú no logró pasar la valla de primera fase. La situación permitió el caldo de cultivo político necesario para que Oblitas retornara al banquillo en 1996: un regreso al rumbo correcto que puso a Perú a punto de clasificar al Mundial 1998, del que Chile desplazó a la blanquirroja por diferencia de goles en la Eliminatoria.

Oblitas debió continuar de manera estable hasta el Mundial 2002, pero la reiterada pusilanimidad de Delfino y compañía ante sus detractores impidió sostenerlo luego de la eliminación por penales con México en aquella Copa América 1999. Otra vez se le dio la selección al favorito de la "oposición", Francisco Maturana, y el ciclo mundialista volvió a verse interrumpido en 2000, con la renuncia del 'Pacho' y la asunción de Julio César Uribe. El trance se repitió en la siguiente Eliminatoria, ya con Manuel Burga en la Videna, la ridícula intromisión del Congreso de la República, la salida de Paulo Autuori y una nueva llegada bomberil a cargo del desaparecido Freddy Ternero.

Así, la última interrupción de un ciclo mundialista en el caso de la selección peruana se produjo después de la Copa América 2007, cuando Julio César Uribe fue desembarcado para permitir la llegada de José del Solar. Pero a diferencia de sus antecesores, 'Chemo' sí pudo lograr lo que hasta ese momento solo había podido Oblitas con el formato de Eliminatoria larga todos versus todos: mantenerse inamovible a lo largo de toda la competición. Sin duda, la respetable pero muy cuestionable decisión de Del Solar de dejar fuera del proceso a los mejores jugadores con los que contaba por el caso Golf Los Inkas fue la causante directa del vergonzoso último lugar ocupado por la blanquirroja -equivalió a autoinfligirse un desbalance estructural con ribetes de harakiri en una competición caracterizada por la paridad de fuerzas-.

Del Solar en el cierre de Eliminatorias 2009 ante Bolivia. (Foto: Andina)

Pero el más importante legado de Del Solar, a la luz del tiempo, es que dejó una señal de lo que había que hacer: respetar los procesos hasta el final así los resultados fueran los peores posibles, como los que consiguió él. Manuel Burga contrató para la siguiente Eliminatoria a Sergio Markarián, quien le devolvió competitividad a la blanquirroja y permitió no solo volverla a parar en el podio de la Copa América, sino recuperar el vínculo con la afición mediante un proceso comunicacional afinado que involucró a espónsores y otros agentes interesados en mejorar el producto selección. Se compitió hasta el final y, en paralelo, se inició un proceso serio en divisiones menores a cargo de Daniel Ahmed que también estuvo a unos centímetros de poner a la selección Sub-20 por primera vez en un Mundial en 2013.

Después del breve interinato de Pablo Bengoechea como legado del proceso Markarián, llegó a la Videna Ricardo Gareca, de la mano de Oblitas como director de selecciones. Con un discurso armónico, tomó lo mejor de Markarián y de Ahmed y lo potenció con un discurso armónico y muy motivador para el carácter del futbolista peruano. Validó esa propuesta con un nuevo tercer lugar en Copa América en 2015, se reencauchó con un triunfo histórico sobre Brasil en la Copa América Centenario en 2016 y acabó dándole al país futbolero la alegría máxima posible con el retorno a la Copa del Mundo para 2018. Con una resaca positiva que, aun con tumbos derivados del desastre organizativo que impera en el fútbol peruano, ha permitido volver a conseguir un logro mayúsculo como el subtítulo de esta Copa América 2019.  

El hecho objetivo es que, en el tiempo, Perú es el único seleccionado de Sudamérica que, junto a Uruguay, lleva tres Eliminatorias consecutivas sin sustituir a su entrenador en el curso de la competencia. Ya DeChalaca ha explicado también la correlación que existe entre estabilidad de entrenadores y clasificaciones en la Conmebol, básicamente por el hecho de que la inestabilidad alrededor es tan grande que alcanza mantener a un DT para ofrecer cierta solidez relativa ante los adversarios.

Los penales ante México en 1999 detonaron el proceso de Oblitas, azuzados por malsanas maniobras mediáticas. (Foto: revista Once)

¿Cuánto más podría haber conseguido la selección peruana si desde ese corte abrupto de 1999 hubiera sido capaz de mantener procesos? Está dicho que una buena pregunta ucrónica. Más concreto es cuestionarse por qué se dinamitan los procesos, y los motivos no son gratuitos: se vive en una sociedad por naturaleza cortoplacista, la mitad de cuya población percibe ingresos diarios y no mensuales y por tanto es fácilmente manipulable en torno de supuestos éxitos rápidos y efímeros. Quizá en algún tiempo eso significaba sobre todo vender más periódicos o tener más rating; hoy directamente pesa más el hecho real de que el contrato de un entrenador en selección en Sudamérica es uno de los procesos de intermediación más preciados en esta parte del planeta fútbol, pues los volúmenes de negociación son mayores a los que se puede obtener de cualquier venta de un jugador en la región que no involucre una contraparte europea.

Dicho de otro modo, son muchas fuerzas por estos lares las que viven pendientes de la estabilidad o la inestabilidad de un técnico de selección, pues poner a alguien en su lugar puede permitir que muchas bocas coman o dejen de comer. Que los mecanismos se hayan transformado de una portada con Oblitas en traje a rayas como la que atacó el proceso en 1999 a audios viralizables o preguntas en conferencia de prensa que despiertan la burla del continente en 2019 es solo un reflejo del paso de los tiempos: los operadores son los mismos, su discursete mofletudo -el trillado rollo de la argolla- el mismo, y sus móviles quizá bastante parecidos.
 
Lo satisfactorio, pues, es que en el país de los pedidos perennes de renuncia la selección peruana de fútbol haya conseguido una continuidad poco frecuente para cualquier tipo de emprendimiento colectivo en este lugar de ricas montañas, hermosas tierras y risueñas playas. Que se enseñe a los hijos, a los nietos y a los bisnietos que pueden cambiar de casa, carro, trabajo o religión, pero jamás de entrenador de la selección nacional durante una competencia en curso. Los resultados positivos llegarán por sí solos, como en esta Copa América.

Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.com


Comentarios (1)add
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escrito por joaquin , julio 11, 2019
todo bien pero discrepo el porque quedamos tan mal en las eliminatorias de sudafrica 2010, creo que el principal factor fue que esa fue una generacion pobre, jugamos con jugadores del torneo peruano que a duras penas rendian en torneos internacionales y que no estaban para jugar eliminatorias.
los jugadores que borro chemo, creo que a pizarro y mendoza nadie los extraño, el primero porque bueno, hay que aceptar que es un jugador de equipos pero no de seleccion y el segundo muchas veces se mostro poco interesado por la seleccion y su desempeño fue pobre. despues del incidente del golf se les pidio que regresaran pero a la larga se uso a vargas, fano, y zambrano para reemplazarlos.
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