Kenny Romero | @kenny_romero
    Director Periodístico

Estadio Alejandro Villanueva de La Victoria, en el barrio de Matute. Domingo 10 de octubre de 1993. Alianza Lima y Universitario llegaban a su clásico enfrentamiento en una enconada pelea por la cima de la tabla de posiciones. Y ello bastó para que la ciudad prácticamente se paralizara de cara a aquel clásico dominical. La fiesta del enfrentamiento entre los compadres tuvo una sazón poderosa en el antes, el durante y el después; bien se puede decir que la ciudad se paralizó ante un compromiso de tamaña envergadura. Por la expectativa que se vendió en los medios de comunicación, y también porque el producto fútbol peruano generaba una atracción muy especial.

Y ello muy poco tuvo que ver con nuestra realidad futbolística de aquel entonces: la selección peruana, de triste recordación con Vladimir Popovic a la cabeza, había quedado en un magro último lugar en su grupo en las Eliminatorias a Estados Unidos 1994. Eran tiempos en que la blanquirroja atravesaba por un verdadero bache generacional y los resultados saltaban a la vista. Pero ello nunca influyó de mala manera con la exposición que casi paralelamente sí tenía el torneo doméstico.

Universitario venció 0-1 a Alianza Lima con el recordado tanto de cabeza de Ronald Baroni, luego de un intento ofensivo de Jorge Amado Nunes que nada pudo hacer el meta íntimo Jacinto Espinoza. Dicho triunfo le permitió a los cremas proseguir con una racha positiva que desembocó en su bicampeonato nacional. Y también delimitó un punto de quiebre en el tratamiento televisivo y del espectáculo masivo.

¿Por qué la gente sí respondía a un clásico de manera masiva en 1993 y ahora no? (Foto: recorte diario Ojo, suplemento Súper Crack) 

Bien se puede decir que hubo un antes y un después a la luz del mencionado clásico que tuvo el condimento necesario para venderse poderosamente y atraer masas: los cremas con su columna vertebral encabezada por Baroni, Nunes, Roberto Martínez, Andrés 'Balán' Gonzales, Martín Rodríguez, Marcelo Asteggiano, Juan Carlos Zubczuk y especialmente Juan Reynoso, sobre todo por su fresquito pasado blanquiazul. Y Alianza Lima con un poderoso grupo enmarcado como los renovados potrillos que recién empezaban a dar la hora post tragedia de Ventanilla y que tenían como referente principal a Waldir Sáenz, quien culminó como el goleador del Descentralizado 1993.

La pregunta cae de madura: ¿qué debe ocurrir para que el fútbol peruano recobre ese especial interés que sí despertaba hace exactamente 25 años? ¿Por qué un superclásico, hoy por hoy, no puede construir una gran demanda y generar un rédito importante para acaparar masas?

Esa tarea la tienen todos los que están involucrados en este producto: los futbolistas, que son los protagonistas del espectáculo; las dirigencias involucradas en el fútbol profesional, que solo con una organizada gestión y administración podrán recobrar el interés hacia sus colores; y los medios de comunicación, que son los únicos que con su difusión pueden realmente construir el soporte adecuado. De más está decir que, con trabas en los derechos televisivos del certamen local (y sobre todo radiales), se está cometiendo un artero foul a la difusión del producto. Y ese es un terrible daño.

Recorte: diario Ojo, suplemento Súper Crack


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