Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comEsta semana cerró la irregular campaña de los equipos peruanos en la Copa Libertadores con las clasificaciones de Melgar y Sporting Cristal a la Sudamericana al asegurar el tercer lugar en sus grupos. ¿Es un fracaso, un éxito o algo entre los dos?

Juan Diego Gilardi | @jd_gr90
Columinsta editorial

No es la primera vez que en DeChalaca se desarrolla este tema, como se puede comprobar en recientes artículos escritos por Alonso Cantuarias y Eduardo Tirado. Sin embargo, es una pregunta que sigue quedando un poco en el aire, pues al recién haberse instaurado la norma en 2018 que permite que los clubes sean transferidos de la Copa Libertadores a la Copa Sudamericana en un mismo año, los equipos peruanos todavía no están acostumbrados a planificar un tercer puesto para continuar en certámenes continentales.

Es innegable que el fútbol peruano a nivel de clubes actualmente está en el sótano de Sudamérica. Se cuenta con los clubes más goleados y han pasado ya cinco ediciones de la Libertadores sin poder insertar un equipo a octavos de final. Y esto sin contar las paupérrimas presentaciones en Sudamericana, en las que los clubes representantes de la Liga 1 quedan expuestos ante rivales de poco nombre y plantillas de la misma humildad.

Reconocer esa realidad no significa entregarse a ella. Aceptarla no es regocijarse en la actualidad del fútbol del país. Sí requiere que los objetivos a inicios de año se ajusten entre dirigentes, hinchas y comando técnico para no abandonar la nave al tercer partido como probablemente sucedió en Alianza Lima. En los planes de nadie estaba que los íntimos compitieran (en este contexto) con River e Internacional, pero Palestino era un rival al que pudieron (y debieron) sacarle puntos de local y visitante.

Alianza Lima perdió ante Palestino en Matute y se quedó al margen de todo en Sudamérica. (Foto: Pedro Monteverde / DeChalaca.com) 

¿Qué va a permitir la clasificación de los peruanos a la Sudamericana? Por un lado, seguir compitiendo internacionalmente y acostumbrar a sus equipos a jugar más de 6 partidos en fase de grupos. Por otro lado, y quizá lo más importante, la inyección económica de los derechos de televisión y premios de participación permitirá a estos clubes volverse competitivos en el certamen más importante en los siguientes años. No se puede sacar dinero del aire ni aumentar el nivel de un plantel sin inversión y, por eso, si bien no es un “logro”, es positivo que Cristal y Melgar hayan logrado quedarse con ese tercer puesto en sus grupos que ya no solo es consuelo vacío sino tiene una consecuencia tangible.

No hay que despreciar, además, lo que significa haber sacado triunfos en Barranquilla y Asunción. Si bien Olimpia jugó sabiendo que cualquier resultado le venía igual, los rimenses supieron aprovechar esa situación, algo que no siempre ha sucedido con los representantes peruanos. La reconstrucción del fútbol doméstico tiene que ser escalonada y paciente. Porque lo que ocurrió con Real Garcilaso en 2013 o Universitario y Alianza en 2010 fue una casualidad del momento y no fruto de una política de esos clubes. Y si no se comienza a pensar en cómo escalar el ranking sudamericano poco a poco, todo lo que se consiga seguirá siendo eso: casualidades.

Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.com
Foto: Pedro Monteverde / DeChalaca.com


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