Las críticas en contra de los árbitros arrecian en el torneo, casi siempre fijándose en los errores ajenos antes que en los propios.

 

Con errores o no, la labor de Luis Seminario acabó por ser muy criticada por hechos que se repiten en cada partido (Foto: Prensa Juan Aurich)En Moquegua, una vez más el arbitraje cobró protagonismo desde, incluso, antes que se diera inicio al encuentro. No son pocas las veces que los equipos reclaman la falta de criterio de las ternas que controlan los partidos, pero la autocritica casi nunca existe, tal como se pudo comprobar en el choque que sostuvieron Cobresol y Aurich.

Cuando la hora pactada para el choque en el 25 de Noviembre llegó, al árbitro Luis Seminario no le quedó otra opción más que retrasar el pitazo inicial al tener que ordenarle al arquero de los chiclayanos, Diego Penny, cambiar de indumentaria para no generar confusión en el campo. Esta situación ya se dio en la anterior fecha, cuando en Chimbote los porteros de Gálvez y Cobresol tuvieron que hacer lo mismo. Detalles de este tipo podrán significar cosa de nada para algunos, pero resulta poco serio que no se eviten siendo necesaria una simple coordinación.

Resulta curioso que luego se ponga en tela de juicio la seriedad de los árbitros con tanta facilidad, tal como sucedió durante y culminado el choque en Moquegua donde a la terna se la acusó de estar “digitada desde Lima” para favorecer a los chiclayanos, siendo justo Aurich el equipo que al final se abalanzó sobre los jueces con airados reclamos por el triunfo que se les escapó en los minutos de descuento. A ver para cuando se empiezan a mirar los errores propios para corregirlos en lugar de estar justificándolos con argumentos que solo logran quitarle seriedad al campeonato.

Foto: Prensa: Juan Aurich

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