Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comLa selección peruana le debía un buzo -o terno negro- a Juan Reynoso en algún momento de la vida y este ha llegado. El 'Cabezón' luce dispuesto a optimizar inmejorablemente la oportunidad: acá la interpretación de lo que ofrece este retorno suyo a la Videna tras más de dos décadas.

 

    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

Juan Máximo Reynoso Guzmán (Lima, 28 de diciembre de 1969) ha vuelto a la selección peruana veintidós años y cuatro meses después de marcharse de ella por la puerta falsa, producto de su reyerta con Lánder Alemán por la asignación de premios para las Eliminatorias rumbo a Corea/Japón 2002 y de no contar en ese punto, justo antes del inicio de la competición, con el respaldo necesario de parte de Francisco Maturana para mantener su presencia como capitán. Ha regresado por la puerta grande, como opción de consenso en un contexto en que la blanquirroja debe trabajar el pesado día después del proceso más largo de su historia, que ha dejado un listón altísimo para cualquiera que venga a continuación.

En ese contexto, dimensionar lo que significa Reynoso para el buzo de la selección peruana y, sobre todo, dicho buzo para Reynoso es una tarea que necesariamente resulta distinta para quien ha vivido a lo largo del tiempo la evolución del 'Cabezón' como hombre de fútbol. En épocas de algoritmos y mapas de calor, comprender al Juan seleccionador exige una interpretación multifacética de sus primeras declaraciones a la sociedad futbolística, comunicadas en una de esas conferencias de prensa a las que por tanto tiempo él fue sumamente reacio. Aquí, cual sermón de siete palabras, va un ensayo de lo que puede esperarse de esta nueva era con horizonte 2026.
 
(Foto: Luis Adrián Pérez / DeChalaca.com)ALEGRÍA. El rostro de Reynoso ha irradiado felicidad. Una sonrisa china que le fue ajena a toda su carrera profesional, acaso inevitablemente oculta por su condición de sobreviviente de una tragedia aérea de la que una lesión oportuna lo libró. Ni en su primera vuelta olímpica, ni en los goles a Colombia con el muslo o a Venezuela con lo justo abajo del arco para terminar con once años sin triunfos en Eliminatorias, ni siquiera en los títulos nacionales como entrenador con Universitario o Melgar, ni en la hazaña con Cruz Azul: nunca se lo había visto futbolísticamente tan alegre, risueño como en esta conferencia de prensa. "Este es un sueño de vida: estoy más que emocionado de tener este cargo". Juan, el contento.

(Foto: Luis Adrián Pérez / DeChalaca.com)BIENVENIDA. Los diversos giros de su trayectoria, en especial aquel súbito cambio de camiseta del verano de 1993, causaron que siempre existiera para él una vereda opuesta. Incluso la capitanía definitiva de la selección, heredada de la abrupta renuncia a ella de José del Solar, le implicó también asumir el pasivo de 'Chemo' como blanco central de las antipatías contra la blanquirroja noventera. Que es lento, que es antipático, que arrugó en Santiago: estigmas y diatribas muchas veces explicadas, hay que decirlo sin tapujos, en las cargas de hinchaje incorporadas en buena parte del periodismo deportivo local. Como entrenador, sus llegadas tampoco fueron celebradas, ni siquiera en los clubes en los que había sido campeón como jugador. Por eso es tan extraño este consenso sobre Reynoso como mejor elección; es casi haber ganado un partido contra todo y contra todos, Ángel Cappa dixit. "Nosotros entendemos que la selección es de todos y para todos". Juan, el aceptado.

(Foto: Luis Adrián Pérez / DeChalaca.com)CAMISETA. De los temores principales sembrados a partir de la salida de Ricardo Gareca se destacaba uno relacionado con la dimensión humana de la gestión: la solidez del grupo. Que pudiera venir alguien que puertas adentro del vestuario cohesione, una. Y puntualmente en esto su aporte puede ser inmejorable: donde fue, fortaleció el colectivo, retratado en esa foto con sus excompañeros noventeros. Es un tipo que hace sentir a todos los que están bajo su mando como pertenecientes a una misma camarilla, a un mismo petit comité de confianza; un líder que cuando cierra el puño te incluye adentro. Esa fue siempre su mejor expresión de inequívoco amor por la camiseta blanquirroja. "Un Mundial con mi selección sin duda sería el mayor logro de mi carrera; ni ganar la Champions se equipararía a eso". Juan, el incondicional.

(Foto: Luis Adrián Pérez / DeChalaca.com)CRECIMIENTO. Que es un hombre inteligente, qué duda cabe: siempre supo poner la cabeza no solo para el apodo, sino para la frialdad del caso. Eso le permitió promover transiciones hacia algo mejor, como en el Universitario que sacó campeón de la temporada completa después de que el antecesor, coincidentemente Gareca, se hubiera quedado en el título semestral del torneo corto. Si Chile tuvo en Sampaoli a un tipo menos expresivo que Bielsa pero más exitoso en resultados, ¿no existe en este caso una base para creer que se puede aspirar a un ciclo similar? "No creo en el borrón y cuenta nueva: hay mucho que rescatar y apuntalar". Juan, el constructor.

(Foto: Luis Adrián Pérez / DeChalaca.com)ENTUSIASMO. La manida referencia a las necesarias reformas pendientes en el fútbol peruano es un lugar común cuando se quiere buscar culpas para algo, como en la reciente eliminación de la Copa del Mundo. Por eso, más que hablar y sobrediagnosticar, es importante hacer. Y sobre todo aprovechar que se tiene un puesto de influencia para contribuir a esa ejecución. El primer paso Reynoso lo dio desde ya: dejó claro que tiene una visión de ver más allá de su oncena titular y aportar lo que pueda a un trabajo integral con las selecciones menores y hasta femeninas. La incorporación de un metodólogo (Sergio Fentanes) en su comando técnico es la primera piedra de ese necesario paso del discurso a la acción. "Nos hemos quejado a través de años de que hay muchas cosas que replantear: es el momento de poder hacer la reingeniería de nuestro fútbol". Juan, el consecuente.

(Foto: Luis Adrián Pérez / DeChalaca.com)EXPLICACIÓN. Y capacidad de diálogo. Porque para responder al consenso es necesario aprender a escuchar, y Reynoso parece haber entendido, a la luz de los 52 abriles, que por mucho que cuesten algunas interlocuciones, digerirlas -o al menos hacer la finta de- es un paso imprescindible para liderar con plenitud. Quién sabe si tener una hija erigida en politóloga, con bastante actividad en redes sociales, lo haya ayudado a comprender mejor a las masas; lo cierto es que incluso para una explicación futbolística obvia como que la política rotación no tiene sentido en un seleccionado como sí en un club tuvo tacto y paciencia. Es inimaginable, sin duda, pensarlo dando mensajes a la nación al estilo Gareca de esas que han sido por siete años la delicia de un país urgido de pastillitas para el alma; pero sí trasluce mayor inteligencia emocional que otrora. "En la madurez he encontrado los matices, pues quizá antes era menos tolerante: eso te lo dan los años". Juan, el sereno.

(Foto: Luis Adrián Pérez / DeChalaca.com)PERSPECTIVA. Siempre el paso del tiempo, pues, otorga una visión más amplia, omnicomprensiva. Parece que a la blanquirroja vuelve un Reynoso desprovisto de revanchas contra la vida; convencido de la integridad de sus acciones, como al ratificarse en su decisión de dejar la selección en 2000 por haber creído que hacía lo mejor para el resto, pero ya sin pendientes que saldar consigo mismo por eso. Asoma como un tipo menos anclado en el pasado y más bien dispuesto a vislumbrar desde ya un futuro que, por cierto y a pesar de todos los bemoles que rodean nuestro fútbol, esta vez se está preparando con más anticipación que nunca, con un técnico nombrado con anterioridad al Mundial previo a aquel al cual se pretende clasificar. "Entiendo que el fútbol es presente: si este el mejor momento de mi carrera, eso lo dirán los resultados". Juan, el ambicioso. El que nos permite ambicionar.

Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.com
Fotos: Luis Adrián Pérez / DeChalaca.com; Prensa FPF


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