Composición Fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.comLa curiosa historia del estadio Charrúa, un escenario poco conocido de Montevideo que fue creado para fungir de alternativa al mítico Centenario.

 

Dentro de las muchas bromas que se gastan entre rioplatenses, una de las más frecuentes en torno de ese pequeño país en extensión pero enorme en espíritu que es Uruguay tiene que ver con el estadio. Suele decirse que el "paisito" apenas cuenta con el Centenario y que Montevideo no soporta ningún estadio más, aun cuando ciertamente el torneo local se disputa en varios otros escenarios de la capital uruguaya que son propiedad del clubes -el Parque Central, cancha de Nacional, es el más conocido-.

Sin embargo, eso no es del todo cierto. En Montevideo existe, desde 1984, un estadio con capacidad para 14 mil espectadores que fue construido con el propósito de servir de alternativa al Centenario para partidos con convocatoria mediana (alrededor de 10 mi personas). Se lo bautizó como estadio Charrúa y su historia está salpicada de curiosidades -y dificultades-.

 

Veintiocho años de dudas

Los árboles que rodean las tribunas delatan la ubicación del estadio Charrúa en el Parque Rivera (Foto: municipioe.montevideo.gub.uy)  El Charrúa fue inaugurado en 1984, hacia el final de la dictadura militar que por entonces imperó en Uruguay. Su control fue otorgado a la Asociación Uruguaya de Fútbol, que lo empleó durante algún tiempo para los entrenamientos de las selecciones nacionales de diversas categorías. Sin embargo, con la inauguración hace un tiempo del Complejo Uruguay Celeste -una suerte de Videna uruguaya-, cayó en desuso y su administración fue parcialmente cedida a la Intendencia de Montevideo.

Para el fútbol profesional, el Charrúa fue empleado esporádicamente, debido a que su ubicación, enclavada en el Parque Rivera, en el corazón del residencial barrio de Carrasco -uno de los de mayor poder adquisitivo en Montevideo-, fue siempre complicada para el arribo de público. No obstante, han existido intenciones concretas de tomar la administración del estadio y la más firme fue la de Peñarol, que en 1993, bajo la presidencia del recordado Juan Luis Damiani, hizo una propuesta formal a Tabaré Vázquez, entonces intendente de Montevideo y quien años luego sería presidente de Uruguay, para tomar a cargo el Charrúa y ampliarlo a 25 mil espectadores. No obstante, el tema se perdió en trámites y Peñarol acabó optando por jugar de local en su campo de entrenamiento de Las Acacias -el cual tampoco pudo seguir usando luego-.

Danubio también tuvo intenciones de ser local en el Charrúa, pero tampoco prosperaron. Durante la última década, Peñarol lo ha empleado varias veces, la última de ellas en junio de 2011, durante el Apertura, en un partido que perdió 1-0 contra Racing de Montevideo. Ese día hubo incidentes de barras que acabaron con seis hinchas heridos y eso dio alas al gran problema que tiene el Charrúa: la oposición vecinal.

Las contradicciones de un parque

El estadio alberga de forma regular encuentros de diversas categorías juveniles del fútbol uruguayo (Foto: noticiasmanyas.com)Como se señaló, el Charrúa está ubicado en el seno del Parque Rivera, importante pulmón verde de Carrasco. Adyacente al estadio, incluso, se sitúa un lago de importantes proporciones que constituye un espacio de reunión para familias en picnics y excursiones.

Por eso, la Junta de Vecinos del Parque, al enterarse en 2006 de que el estadio Charrúa sería refaccionado con un presupuesto de 200 mil dólares donado por el Proyecto Goal de la FIFA, y que a partir de eso Peñarol reavivaba sus ansias de ser local allí, puso el grito en el cielo. Así, no se detuvo hasta enviar una misiva a puño y letra al propio Joseph Blatter para solicitarle se exima de dar el crédito e impida la realización en el Charrúa de partidos de Primera División.

Toda esa corriente frenó el nuevo proyecto de Peñarol, que como se señaló solo ha usado luego el estadio en ocasiones esporádicas. Hace poco, como parte de las celebraciones por los 120 años del club, la dirigencia manya anunció que construirá un estadio propio en el Parque Roosevelt, en Canelones, proyecto para el cual también enfrenta oposición vecinal, aunque ese es otro cuento. Lo concreto es que el Charrúa no es más una opción para el cuadro aurinegro.

Así, hoy en Montevideo existe incertidumbre sobre el futuro de un estadio cuyos detractores más acérrimos sostienen está viciado desde un inicio por haber sido uno de los últimos legados arquitectónicos de la dictadura militar. Asimismo, no faltan quienes resaltan otro hecho curioso que supuestamente "mancha" al estadio: recibió su nombre en homenaje a los indígenas charrúas que antiguamente poblaron Uruguay, pero está ubicado en el Parque Rivera, llamado así en honor al general Fructuoso Rivera, primer presidente uruguayo y responsable del exterminio de charrúas en la famosa matanza de Salsipuedes, en 1831.

Así, entre motivos urbanos y razones históricas, Montevideo sigue, por ahora, contando con el Centenario como único escenario de uso público. Y el Charrúa acaba, inexorablemente, convertido en un elefante blanco de alma celeste.

Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.com
Fotos: municipioe.montevideo.gub.uy, noticiasmanyas.com

Comentarios (1)add
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escrito por ñol , junio 15, 2012
muy parecido al caso del estadio de la universidad de san marcos, el cual tambien funge de elefante blanco pues a pesar que cuenta con capacidad para 60 mil espectadores este nunca pudo asentarse como un escenario habitual de nuestro futbol.
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