Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.comCon motivo de la Cumbre ASPA, en la que los líderes árabes visitan nuestro país, repasemos lo que fue el ansiado proyecto del Rey Fahd: una Copa que reuniera a las mejores selecciones del mundo y que fue la pionera de la actual Copa Confederaciones.

 

Es inevitable advertir el potencial económico que ostenta la inversión árabe tanto en el sector industrial como en el petrolero, hotelero, entre otros ámbitos, y del cual el fútbol no está ajeno a la coyuntura. De hecho, la influencia árabe para llevar a cabo proyectos de gran trascendencia en el fútbol mundial tiene sus cimientos desde hace 20 años, cuando en 1992 el monarca saudí Fahd Ben Abdelaziz al Saúd tuvo la ambición de ver jugar a su país en un torneo internacional de selecciones ante la frustración que significó la no participación de Arabia Saudita en el mundial de Italia ’90.

Criatura rentable

Con el poder económico suficiente para materializar su ávido propósito, el 15 de octubre de 1992 se dio marcha al torneo que llevaría su nombre (Copa Rey Fahd) con la participación de Arabia como anfitrión junto a las delegaciones de Argentina (campeón de la Copa América ’91); Costa de Marfil (campeón de la Copa Africana ‘92) y Estados Unidos (campeón de la Copa de Oro Concacaf ’91), que fueron invitados oficialmente por la FIFA al consagrarse cada uno en su continente, si bien el máximo ente rector del balompié mundial no le dio el crédito esperado a este primer certamen.

 

Los encuentros se disputaron en un solo escenario en la ciudad de Riyadh, capital de Arabia, cuyo estadio también tiene como insignia la denominación Rey Fahd, en homenaje a su majestad, construido en 1987 para la Copa Mundial Sub-20. Allí se oficiaron los cuatro partidos, que arrancó con el triunfo de los locales por 3-0 sobre Estados Unidos con goles de Al Bishi, Al Tunian y Al Mullawhid; un día después, Argentina haría lo propio con Costa de Marfil con tantos de Ricardo Altamirano, el ‘Beto’ Acosta y doblete de Gabriel Batistuta. El cotejo por el tercer lugar terminó con un 5-2 que le propinó Estados Unidos a los africanos, mientras que la gran final dejó como campeón al cuadro albiceleste, que se impuso por 3-1 con anotaciones de Leonardo Rodríguez, Claudio Caniggia y Diego Simeone, descontando Saeed Al-Owairan para los anfitriones.

En consecuencia, este primer evento tuvo réditos no solo a nivel económico, sino también en lo deportivo, pues al año siguiente Arabia Saudita consiguió por méritos propios el boleto al mundial de Estados Unidos ’94. Luego, en 1995 se disputó la segunda edición, esta vez con la presencia europea representada por Dinamarca (campeona de la Euro ’92), que se alzó con el trofeo al vencer 2-0 a la Argentina.

 

Los beneficios que cosechó esta competición empezaron a llamar la atención de la FIFA, que notó el éxito de la tercera edición de 1997 con la consagración de Brasil y en donde el número de participantes creció a ocho, su formato actual, para rebautizar el torneo con el nombre de la Copa Confederaciones en 1999 y repartir las sedes más allá del Medio Oriente, si bien reconoció las ediciones anteriores como precursoras.

Los herederos

Sin embargo, vale precisar que la Copa Rey Fahd no es la primera competencia intercontinental de selecciones, pues años atrás podemos hablar de copas antecesoras cuya finalidad era confirmar la hegemonía de una selección por sobre el resto en todo el planeta. En efecto, el nacimiento de la Copa Rey Fahd tiene como antecedente inmediato la Copa Artemio Franchi, en memoria del presidente de la UEFA y personaje importante del Calcio italiano, cuya idea era enfrentar a los campeones continentales de Europa y Sudamérica. Este trofeo solo se disputó en dos ediciones: en 1985 lo ganó Francia al derrotar 2-0 a Uruguay, mientras que en 1993 Argentina venció por penales a Dinamarca para obtener el cetro.

 

Pero, si queremos ir más allá, encontramos otros torneos de carácter intercontinental a nivel de selecciones que tuvieron gran repercusión a nivel mundial, aunque no hayan tenido el reconocimiento oficial de la FIFA. Así, tenemos la Copa de Oro de Campeones Mundiales, más conocida como Mundialito, realizado en Uruguay a finales de 1980 e inicios de 1981 por los 50 años de la Copa del Mundo y que tuvo como ganadora a la escuadra charrúa entre seis participantes, que fueron los campeones del mundo hasta ese entonces sumado a Holanda, por ser subcampeón del mundial anterior.

Por último, la Copa Independencia de 1972 reunió a 20 selecciones del mundo, entre ellas la selección peruana, disputada en Brasil por los 150 años de su soberanía y que tuvo como corolario final la coronación del ‘Scratch’, ya sin Pelé, como campeón del certamen al vencer por la mínima a Portugal para ratificar su supremacía mundial luego de obtener a perpetuidad la Copa Jules Rimet en México ’70.

Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.com
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