Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.comMiguel Araujo acaba de ser contratado por un equipo histórico a nivel mundial: el Estrella Roja de Belgrado. Recordemos el pico más alto del cuadro serbio: cuando ganó la Copa de Campeones de Europa en 1991.

 

Hasta hace poco más de veinte años, Serbia y otras naciones del este de Europa conformaban un país llamado Yugoslavia. Era un país pero no una nación pues la división interna siempre estuvo presente y la unión tuvo un final triste en medio de una atroz guerra. Yugoslavia no existe más, pero sí sus principales clubes de fútbol porque, para variar un poco, el deporte más hermoso trasciende incluso a las más devastadoras tragedias. En Serbia los clubes más populares y que protagonizan el llamado Derbi Eterno de Belgrado son el Partizan y el Estrella Roja; este último es el club que acaba de contratar a un compatriota nuestro, el joven Miguel Araujo, y que en 1991, tres años antes de que nazca el ahora ex jugador de Sport Huancayo, ganó la Champions League, entonces llamada Copa de Campeones de Europa.

El Crvena Zvezda (Estrella Roja) sostiene su popularidad en el tiempo gracias a sus múltiples logros deportivos: ha ganado 25 ligas nacionales desde su fundación en 1945 y otras 24 copas nacionales también. Estos títulos fueron ganados en Yugoslavia, en Serbia y en el híbrido de país que quedó en la post guerra a finales del siglo pasado. Obviamente un equipo grande en su historia debe trabajar para trascender sus fronteras y alcanzar títulos internacionales que lo sitúen en el contexto internacional. Así, en 1987 inició un ciclo que tenía como fin la consecución de la Copa de Campeones de Europa, logro que alcanzaría cuatro años después y que da pie a la historia que se cuenta en estas líneas. Este club demostró en aquel entonces que un plan bien trazado de mediano plazo y con los objetivos claramente establecidos, facilitan el éxito deportivo. No lo garantizan porque debe haber un soporte importante en los jugadores, pero sí ayuda mucho.

El equipo base del Estrella Roja que inicio la campaña hacia el título de Europa (Foto: mundialistasymitos.blogspot.comY, ¿qué jugadores tenían los rojiblancos? Entre otros, estos: Darko Pancev (ganador del balón de Plata y del Botín de Oro en 1991), Dejan Savicevic, Sinisa Mihajlovic, Vladimir Jugovic, Robert Prosinecki. ¿Los recuerda? Sin duda una banda afinada en la que el toque elegante de la pelota era la nota principal. El técnico para aquella Copa de Campeones fue Ljupko Petrovic, quien guió al equipo con una dirección fundamentalmente ofensiva. Veamos cómo le fue.

Lo que bien empieza

La ruta de la Copa de Campeones  era más corta y, tal vez, menos ardua de lo que lo es la de la actual Champions League. En la temporada 1990-91, cuando se dio el título del Estrella Roja, la disputaron 32 equipos bajo el formato de muerte súbita, es decir, como se juega hoy la Copa Sudamericana. El torneo empezó en los dieciseisavos de final con un Estrella Roja prometedor por toda la planificación realizada durante los últimos años y la calidad de su plantel. Sin embargo, en el primer partido todo parecía irse abajo porque no pasó de un empate a uno ante el modesto Grasshoper suizo en condición de local. Las críticas arreciaron pero los Crveno-beli (Rojiblancos) supieron vadear el temporal con una contundente goleada de 1-4 en el partido de vuelta disputado en el Hardturm Stadium.

 

 

Las dudas empezaron a disiparse para dar paso a la fe en la siguiente instancia. En ella se enfrentaron con el Glasgow Rangers, un equipo tradicional, al que le robaron un empate en Escocia a un gol, con espectacular anotación de tijera de Darko Pancev, en el partido de vuelta. Antes, en el Marakaná, como se le conoce al estadio Estrella Roja, había conseguido una cómoda victoria por 3-0. Con ello, se enrumbaron a los cuartos de final.

Una etapa bien sudaca

Si el torneo se jugaba como la Copa Sudamericana, los cuartos de final, al menos para el Estrella Roja, tuvo unas características muy propias de esta región del mundo.  Ya los hinchas son reconocidos, los de la zona macedónica, como los Latinoamericanos de Europa por su manera de sentir en fútbol, de vivir en general. La presión de la hinchada en las tribunas hace del Marakaná un estadio temible, fuera del uso del color por medio de banderas y fuegos de artificio. En esta instancia, la fiesta que se vivió allí en el partido de ida fue impresionante. El rival era el ignoto Dínamo Dresden de Alemania Democrática (otro país que ya no existe) y más causó problemas dentro que fuera de la cancha.

 

 

En el primer partido jugado en Belgrado, los locales se impusieron nuevamente por un 3-0 categórico que encendió la gallera. Los goles de Prosinecki (golazo de tiro libre), Binic y Savicevic (otro golazo tras memorable apilada de rivales) fueron suficientes para casi asegurar la clasificación. La vuelta iba a ser menos sencilla y más “sudaca” por lo que iba a suceder. El local empezó ganando el encuentro pero una corajeada de los yugoslavos logró dar vuelta al marcador. El 1-2 terminaba todo menos el exabrupto colectivo alemán que causó líos en las tribunas y obligó al árbitro a terminar el partido a casi diez minutos del final. La UEFA dio como ganador a los Crveno-beli por 0-3 y a las semifinales.

Más bueno que el Bayern

Bayern Munich fue el oponente del Estrella Roja, el primer rival verdaderamente grande que hubo de enfrentar. Los muniqueses llegaban luego de arrasar al Apoel Nicosia y al CSKA Sofía y también de eliminar al Porto de Portugal, otro grande del continente. Olaf Thon, Stefan Effemberg, Klaus Augenthaler, Jürgen Kohler, todos jugadores mundialistas y campeones del mundo con su selección defendían la camiseta del Bayern y hacían de la empresa una verdadera misión imposible. Ciertamente la mayoría de los jugadores del Estrella también eran mundialistas, pero el peso de la camiseta inclinaba la balanza, a priori, a favor de los alemanes. Pero las sorpresas existen y los héroes también.

 

 

En el estadio Olímpico de Munich, Wohlfarth abrió la cuenta para el local a los 22 minutos y se ponía todo cuesta arriba. Pero la calidad de los visitantes lograría imponerse gracias a los goles de Pancev y de Savicevic. Este último gol, a los 70 minutos, fue memorable por la corrida de 30 metros del joven atacante que fue perseguido infructuosamente todo ese trayecto por Kohler. Aumann, el portero, tampoco tuvo suerte en su intento de detener la arremetida de Savicevic. Fue 1-2 y se esperaba una clasificación poco angustiosa en el Marakaná. No fue así.

(Foto: srbija.gov.rs)La revancha se jugó el 24 de abril, exactamente dos semanas después del partido de ida. Las cosas fueron similares a aquel primer encuentro porque Mihajlovic abrió temprano la cuenta para los dueños de casa a los 25 minutos desde 25 metros con un impresionante tiro libre. Sin embargo, los alemanes, siempre son los alemanes y dieron vuelta al score con goles de Augenthaler y de Bender, a los 65 y a los 70 minutos respectivamente y en singular coincidencia con el minutaje de las anotaciones del primer partido. Pero el resultado no iba a ser el mismo porque en el minuto 90, con el impulso que bajaba de las tribunas, Sinisa Mihajlovic sacó un centro rasante que Augenthaler (autor del primer gol de los suyos) desvió involutariamente hacia su propio arco; Aumann ofreció una floja resistencia y la pelota se le coló por encima de su cabeza.

Fue el 2-2 y la clasificación a la esperada final. Si el partido ante los alemanes del este fue “sudamericanizado” por la bronca en las tribunas, frente a los alemanes occidentales lo fue por la invasión del campo por parte de los hinchas tan pronto acabó el partido para abrazar a sus jugadores. Eran otros tiempos y quizás la expresión de sincero afecto quedó bien en dicha ocasión.

Campeón brillante sin brillo en la final

(Foto: uefa.com)Luego de tanto remar en el torneo, Estrella Roja se iba a encontrar con el Olympique de Marsella en el partido definitivo. En el cuadro galo brillaba un conocido de ellos: Dragan Stojkovic, quien era la gran figura del equipo y formado en la cantera yugoslava. Él había emigrado al equipo francés para reemplazar a Enzo Francescoli y se había convertido en la figura de su nuevo club. El Olympique, en sus ocho partidos anteriores, había anotado 22 goles al KS Dinamo Tirana albano; al Lech Poznan polaco; al Milan italiano, que se negó a terminar de jugar el partido de vuelta y fue castigado con un año vetado de las competiciones europeas; y, al Spartak de Moscú, que había dejado atrás al Real Madrid y al Napoli. Era un equipo temible el francés que además era un habitual animador de los campeonatos continentales y un grande en su país. Por si faltaba algo, contaba con más fantásticos jugadores como Manuel Amorós, Abedi Pelé y Jean Pierre Papin.

Dos equipos goleadores y de tendencia ofensiva hacían presagiar que la final se iba a jugar con vértigo inusual, juego abierto y muchos goles. Pero no fue así. Ambos equipos plantearon estrategias defensivas y el partido, jugado en el San Nicola de Bari, el más bonito del Mundial de Italia 90, acabó sin goles por lo que hubo que patear penales. La mezquindad futbolera del técnico Petrovic fue explicada por el portero Stojanovic con un argumento blando ex ante pero que le dio la razón ex post: “Nadie esperaría eso de nosotros (…) Pero esto se dará una vez en la vida; prefiero jugar atrás y ganar a atacar abiertamente y perder. Siempre salimos a convertir más goles que el rival pero, esta vez, sorprenderemos”. El DT a su vez le había dicho a Dragisa Binic, quien le increpó la decisión de jugar a la defensiva, que “Ganaremos porque Dika ataja un penal, así vamos a ser campeones de Europa”. Así iba a ser.

 

Prosinecki convirtió su penal, el primero de la serie, justo antes de que Stojanovic le atajara el suyo a Amorós. Binic, Casoní, Belodedici, Papin, Sinisa, y Mozer fueron los que siguieron en la definición y ninguno de ellos erró. El título no se le iba a escapar al Estrella Roja porque el gran Darko Pancev no falló el disparo final. Los rojiblancos se consagraron así como campeones de Europa, los únicos yugoslavos (o serbios, si prefiere) en lograrlo y apenas el segundo equipo de Europa del este que lo hicieron.

Aún hay más

Sini%u0161a Mihajlovi%u0107 se escapa de Gabriel Mendoza en el partido que coronó al Estrella Roja como el mejor club del mundo (Foto: worldsoccer.com)No a nivel europeo porque la guerra impidió que los resultados favorables continuaran. El país desapareció, las ligas también y ningún equipo extranjero podía ir a jugar a lo que entonces aún era Yugoslavia. Los equipos de ese país oficiaban de locales fuera de su tierra con lo que se hizo todo muy complicado. Ni siquiera pudo ganarle ni terminar de jugar la Supercopa Europea al Manchester United, que se había impuesto 1-0 en la ida en el Old Trafford. Nunca se jugó la vuelta.

Sin embargo un éxito más iba a tener el equipo pero en la Copa Intercontinental. El 8 de diciembre de 1991, en Tokyo, enfrentó al Colo Colo de Chile, campeón de la Copa Libertadores. Ambos eran benjamines en este tipo de torneo y el que brilló más fue el Estrella Roja: un 3-0, con dos goles de Jugovic y uno de Pancev, le permitió coronarse en el nivel más alto de clubes. A ese equipo ya no lo dirigía Petrovic sino un conocido nuestro: el tristemente recordado Vladimir Popovic. El DT le ganó aquel partido a su “compatriota” Mirko Jozic, entrenador de los mapochinos, y eso le valió ganar un posicionamiento fuerte, tal que le permitió ser considerado en nuestro país para que se le entregue la conducción de la selección nacional. Nos lo mandaron desde allá y ya sabemos cómo le fue; ahora hay que ver cómo le va al que les acabamos de enviar nosotros: Miguel Araujo.

Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.com
Fotos: uefa.com, mundialistasymitos.blogspot.com, srbija.gov.rs, worldsoccer.com; Video: Youtube / Usuarios CrniGuja y Dragan Jokic

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