Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.comDebutan en la Libertadores Juan Aurich y Alianza Lima. Uno de los extranjeros que defendió ambas camisetas, a fines de los noventa, fue Bernardo Erli Settembrino ‘Chiquinho’, cuando el presente de ambas instituciones era muy diferente al actual.

 

El campeón nacional, Juan Aurich, es una institución sólida en los días que corren. Cuenta con un plantel amplio, que le permite pensar seriamente en repetir la hazaña conseguida hace un par de meses, con un técnico de primer nivel como Diego Umaña, quien no se cansa de ser campeón, y también con la billetera generosa del Grupo Oviedo. Alianza Lima es el vigente subcampeón peruano, pero arrastra un lastre financiero muy grave.

Cuando terminaba el siglo pasado y empezaba el actual, gracias a la excelente gestión de Alberto Masías, las cuentas en el club victoriano estaban en azul. Gran diferencia en el aspecto económico, pero no en lo deportivo: la grandeza de Alianza le permite hoy, como ayer, luchar arriba en las tablas de posiciones. En ese entonces, era un hecho que Aurich competía por no descender en el Descentralizado y en las cuentas bancarias. En esos años fue que Bernardo Erli Settembrino, ‘Chiquinho’ para el mundo pelotero, jugó por ambos clubes.

Siempre fue ‘Chiquinho’

 

Cuando llegó al Perú, la prensa tardó poco y nada en encontrarle una similitud física con algún personaje. Famoso, o no tanto, a Settembrino, nacido el 26 de septiembre de 1971, lo bautizaron ‘Franco de Vita’, por su incuestionable parecido al cantante venezolano. Pero él traía otro apelativo: siendo niño, fue su hermana mayor quien le dijo a sus padres que su hermano Bernardo era muy pequeño y, desde entonces, desde la casa, pasó a ser ‘Chiquinho’, ya para siempre.

Así de ‘chato’, su fútbol no pasó desapercibido y, a despecho de sus escasos centímetros, debutó muy joven en el fútbol de Brasil. A los 16 años, apareció en el Caixas do Sul, un equipo de su ciudad natal. Solo estuvo una temporada en dicho club: ese fue el mismo tiempo que duró en todos los clubes que representó en el país de la samba, que no fueron pocos. Entre ellos se cuentan el Botafogo FC, Guarany FC, Gremio Bagé, 14 de Julho Livramento (al que volvió en 1995), Atlético Carazinho y SER Brasil Farroupilha. Destacó solo lo suficiente para cruzar la frontera amazónica y llegar a nuestro país, en el verano de 1996.

Claro que sabe perder

Con la divisa del Pesquero, Chiquinho recién pudo mostrar su buen fútbol en el torneo peruano. Aquí, el brasileño figura como el segundo de los hincados, entre Orlando Prado y Francesco Manassero (Recorte: revista Once)Aunque casi nadie lo recuerda, ‘Chiquinho’ llegó al Perú para jugar por Melgar. Disputó algunos amistosos de la Copa Cervesur con la camiseta rojinegra, pero sus actuaciones no convencieron en Arequipa. Todo indicaba que regresaría a su país a jugar los torneos estaduales que siempre lo acogieron, pero se le abrió una nueva puerta: se mudó a Chimbote y firmó por Deportivo Pesquero.

Debutó el 28 de abril de ese año frente a un Sporting Cristal repleto de suplentes (los titulares concentraban para los duelos coperos contra River Plate), en la victoria por 3-0 de su escuadra. Esa tarde reemplazó a Francesco Manassero cuando ya corrían varios minutos del segundo tiempo. Jugó frecuentemente en la volante del cuadro porteño y destacó más por la calidad de sus asistencias que por sus goles. Apenas marcó tres en su primera temporada: su estreno como goleador fue de penal ante Cristal, por la fecha 20, en la derrota de Pesquero por 3-1 en el estadio San Martín. Ese año, también le marcó a Aurich/Cañaña por el Descentralizado y a Sport Boys por la preliguilla. Con Pesquero, llegó a disputar la liguilla por el subtítulo nacional en Lima, que terminó clasificando a Alianza a la Libertadores.

Si quiere celeste…

Pese a los problemas económicos que debió afrontar, su estancia en Chiclayo le permitió a Chiquinho confirmar que lo suyo daba para más (Recorte: revista Don Balón Perú)‘Chiquinho’ se quedó un año más en Chimbote: en 1997, marcó seis goles más y, a pesar de sus buenas actuaciones, no pudo dar el salto a un equipo grande. Permaneció por el norte, pero en otra ciudad. Su destino para 1998 fue Chiclayo, donde el ascendido Juan Aurich lo acogió por una temporada.
 
Con el ‘Ciclón’, ‘Chiquinho’ mostró un fútbol que sopló fuerte: ese año convirtió cuatro goles con la camiseta roja. Pocos goles y poca plata también. En Chiclayo, las cosas eran muy distintas a ahora y los jugadores aurichistas pasaron hasta seis meses sin cobrar sus sueldos. En algún momento, se creyó que ‘Chiquinho’ había abandonado la institución, pero luego aclaró que viajó a Brasil a acompañar a su esposa en los últimos momentos de su primer embarazo. No por nada dicen que todo hijo llega con un pan bajo el brazo, porque, al terminar ese año, ‘Chiquinho’ consiguió su primer contrato estelar.

Donde está el amor…

En 1999, Alianza Lima puso los ojos en ese brasileño que llegó en silencio al Perú. De pronto, ‘Chiquinho’ se encontró en uno de los clubes más grandes del país, que por entonces se manejaba con orden, como bien lo señalaba el brasileño: “(…) el club tiene todas las comodidades que un jugador requiere para trabajar y desarrollarse profesionalmente. A los jugadores solo nos queda darnos íntegros en cada entrenamiento para poder corresponder de la mejor manera en la cancha”.

El día de su debut con Alianza no pudo ser mejor para Chiquinho al conseguir uno de los goles de su equipo ante el IMI de Talara (Recorte: revista Don Balón Perú)En la cancha, su actuación con los íntimos fue irregular: anotó solo tres goles, los tres durante el Apertura. El primero de ellos fue en su estreno oficial ante el IMI de Talara (hizo el cuarto de la goleada 5-0 en Matute) y los otros dos fueron ante Cristal, en los dos partidos en que enfrentó al cuadro bajopontino (empate 2-2 y triunfo blanquiazul 3-2). Esa temporada, bajo la batuta de Édgard Ospina, compartió camarín con los colombianos Tressor Moreno, Víctor Mafla y James Nazarith. ‘Chiquinho’ arrancó bien el año, fue titular habitual, pero perdió el puesto con el correr de los partidos: ante la presencia de la dupla goleadora Tressor Moreno-Claudio Pizarro, Waldir Sáenz bajó a cubrir el puesto de ‘10’ y Ospina decidió que su acompañante fuera Mafla. Ya en el Clausura, fue desplazado por la consolidación de una joven promesa, como Henry Quinteros, y por el arribo de Carlos ‘Kukín’ Flores. Jugó muy poco.

Por ello, en 2000, no le quedó más que retornar a Chiclayo. En su regreso a Aurich hizo -como nunca- once goles y se marchó dejando un recuerdo más grato.

No hay cielo…

La imagen muestra a Bernardo Erli Settembrino, Chiquinho, festejando su última conquista en el fútbol peruano (Recorte: diario El Bocón)Su mejor momento ya había pasado. Con más de treinta años, ‘Chiquinho’ arribó a equipos de menor envergadura. En el Perú, en 2001, llegó a Deportivo Wanka, donde no marcó goles, y concluyó su participación en Bolognesi, en 2002. Su último gol en el Perú fue con el cuadro tacneño, en una derrota 2-1 contra Cienciano en Cusco, el 15 de mayo de 2002. Antes había pasado seis meses en la Segunda División de Ecuador y después regresó a los campeonatos estaduales de Brasil. Sus últimos equipos fueron Potiguar (2004), ASSU (2005), Baraúnas (2006) y Guamaré (2007), todos ellos de Rio Grande do Norte.

Sin duda, fue una carrera difícil la de ‘Chiquinho’, como la historia del Aurich y el presente de Alianza, equipos que, al debutar en sus respectivos encuentros coperos, podrían dedicar unos segundos en recordar el buen juego de este brasileño.

Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.com
Recortes: diario El Bocón; revistas Don Balón Perú y Once

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