En ocho años, Liga Deportiva Universitaria saltó de la Serie B ecuatoriana al título de la Copa Libertadores. Un ejemplo para contemplar desde canchas donde reina el cortoplacismo.

Fotos: revista El Gráfico Perú, diariocorreo.com.ec, MEXSPORT

Marko Ciurlizza en acción ante LDU en enero de 2001. Esa noche, los ecuatorianos ganaron 2-3 en el Nacional de Lima al Alianza del centenario (Foto: revista El Gráfico Perú)El fútbol ecuatoriano ha conseguido en el Maracaná el éxito más importante de su historia.

Porque amén de lo importantes que puedan haber sido las clasificaciones de su selección a los dos últimos mundiales, conseguir un título es un logro mayúsculo y con mayores efectos de largo plazo para el desarrollo de un sistema futbolístico sólido. El caso de Liga Deportiva Universitaria constituye, así, una lección que bien convendría repasar en el fútbol peruano.


OCHO AÑOS BASTAN Y SOBRAN

Pocos memoriosos recordarán que a inicios de la década, en enero de 2001, Liga vino a Lima para jugar un amistoso contra Alianza Lima, que estrenaba a Paulo Autuori como técnico. Era aquel equipo del centenario íntimo conformado con un ostentoso gasto, tan insostenible que luego de conseguido el título del Apertura de ese año, el plantel se desmanteló y en el Clausura el cuadro blanquiazul acabó décimo.

Liga, en cambio, atravesaba uno de los capítulos más difíciles de su historia. El equipo blanco acababa de descender a la Serie B (segunda categoría) del fútbol ecuatoriano y había sufrido el éxodo de sus principales figuras, entre ellas Alfonso Obregón y el colombiano Álex Escobar. De hecho, cuando Liga llegó a Lima su máxima carta de gol era nadie menos que el argentino Oscar Pacheco, un atacante regularón que en 1996 había pasado sin pena ni gloria por la delantera del FBC Melgar de Arequipa.

El 'Chorri' Palacios también pasó por LDU durante el proceso de la década actual y fue ídolo (Foto: diariocorreo.com.ec)Las críticas a la directiva aliancista no se hicieron esperar. "Cómo van a estrenar el equipo del Centenario contra un club de Segunda", se decía. El hecho es que en la cancha del Nacional, Alianza cayó derrotado 2-3 ante ese equipito segundón, para colmo luego de haber estado arriba por dos goles de ventaja.

Aquel partido, como todo amistoso, constituye una mera anécdota. Pero sirve para comparar historias de dos grandes capitalinos. Uno de Lima, que cortoplacista y populistamente se empecinó en ganar un título para celebrar su aniversario 100, y otro de Quito que trabajó para salir de su mal momento hasta alcanzar un logro verdaderamente significativo.

La historia íntima es conocida: tras ese título de Apertura y posterior Clausura desastroso, ganó el campeonato 2001 en el Cusco con el español Herráez de técnico -hasta ahora seguramente no se la cree- y por penales gracias a las manos de Roverano, a quien los directivos echaron vilmente dos años después por el pecado de exigir su salario. Sobre la base de un esquema dirigencial de corte gamonal, Alianza consiguió algunos títulos más en la década hasta que el mecenas se fue y el desorden se impuso para coronar un primer semestre de 2008 catastrófico.

En Liga, en cambio, se apostó por un desarrollo serio. El equipo volvió a la Serie A para 2002, y un año después alcanzó el título de la Primera División ecuatoriana. Pero antes que dilapidarse en festejos locales, creyó en la inversión para cosechar logros internacionales. Por Ponceano pasaron, entre otros, Jorge Fossati y Juan Carlos Oblitas, cada cual con un título bajo el brazo. En la Copa Libertadores fueron acumulando pasos: octavos de final en 2004 y 2005, cuartos de final en 2006. En la Copa de 2007, ya con la dirección de Edgardo Bauza, hubo un traspié en la primera fase al quedar eliminados a manos de Colo Colo y Caracas; pero no hubo desesperación ni cabezas rodadas. Bauza continuó, alzó el título ecuatoriano a finales de temporada y ahora fue el gestor de esta campaña histórica.
 

La fiesta ecuatoriana en el Maracaná (Foto: MEXSPORT)PARA APRENDER

En Ecuador los dirigentes no son la última Coca-Cola del desierto ni nada que se le parezca. Como muestra bastó anoche, durante la entrega de medallas a los jugadores liguistas, escuchar el sonoro "¡Chiriboga fuera!" como clamor de la Muerte Blanca (barra de LDU) por la salida del presidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, Luis Chiriboga. Pero la diferencia con estas tierras pasa por que hay clubes que funcionan como instituciones y desarrollan proyectos deportivos integrales, como el propio Liga (poseedor de un country club de 45 hectáreas en las afueras de Quito) y el Barcelona de Guayaquil, por citar dos ejemplos.

El día que se entienda que Burga está enquistado, más que por su terca obstinación y nula vergüenza, por la incapacidad del sistema futbolístico de desarrollar entes sólidos, el fútbol peruano habrá dado un gran paso hacia su desarrollo. El día que se entienda, también, que una clasificación al Mundial no es el principio y el fin del universo, también se habrá dado un avance decisivo hacia el desarrollo de un sistema maduro, ese que entiende que sus clubes, los que construyen semana a semana el producto-fútbol, son los principales agentes de éxitos. Y, por ende, que un título internacional como el de la Libertadores es mil veces preferible como logro.

Por ahora, queda seguir quemando muñecos de año nuevo y aplaudiendo, a lo lejos y en voz baja, el éxito ajeno de un club modelo que en ocho años saltó de la segunda categoría de su fútbol al podio más alto de Sudamérica.

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