Ilustración: Lenin Auris / DeChalaca.com 

Cuenta la tradición popular senegalesa que la Teranga es el espíritu de la hospitalidad. Que promueve valores como la tolerancia, el respeto, la ayuda y la felicidad. Todo eso lo ha interpretado futbolísticamente el mejor de los leones de esa parte del mundo: Sadio Mané (Sédhiou, Senegal, 10 de abril de 1992), Balón de Oro africano y mayor crack del Liverpool campeón de todo.

Cuenta también la historia que en Corea/Japón 2002, los Leones de la Teranga asombraron al mundo con un triunfo que derrumbó estanterías sobre el campeón vigente. Francia sucumbió y lo más llamativo era que los veintidós jugadores del plantel senegalés pertenecían a clubes de la Ligue 1 o la Ligue 2 francesas. Era casi una colonización futbolística vigente: alumnos les habían ganado a los maestros, de los que hasta entonces habían dependido para desarrollarse en este juego.

Todo eso se comenzó a romper a partir de la hazaña de Papa Bouba Diop y compañía. Y por eso la generación de Mané, quien si bien se inició en el Metz galo tuvo su despegue al estrellato en el Red Bull Salzburgo austriaco, ha sabido globalizar el talento innato del fútbol senegalés y optimizarlo con lo mejor de las ligas más competitivas del planeta. El Southampton le abrió a 'Sad10' las puertas de la Premier League y desde 2016 el Liverpool goza de su magia, su inventiva, su pique corto y mortífero. En 2018 marcó en la final de Champions, pero se quedó con la miel del éxito en los labios. Toda la revancha se consumó en 2019, con un rendimiento notable que en promedios de DeChalaca le confirió un 14.14 altísimo para los partidos de octavos de final en adelante. Porque si los goles en Anfield los aportan Mohamed Salah y Roberto Firmino, el fútbol viene por cuenta de un Mané que no es Garrincha, pero ya tiene un nombre propio en el planeta fútbol.

Ilustración: Lenin Auris / DeChalaca.com


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