Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comSi Perú le dio -literalmente- una mano a Brasil al eliminarlo de la Copa América y catapultar el proceso de Tite, el 'Scratch' le devolvió dos en Lima: las suficientes para aplaudir a un equipo que, aun derrotado 0-2, mostró señales de progreso, ambición y rumbo correcto.

 

    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

Pocos signos futbolísticos son tan infrecuentes en canchas sudamericanas como el aplauso en la derrota. Actitud conformista y descontextualizada en una realidad tan competitiva, dirán algunos a rajatabla. Pero otros, más realistas y globalizados, en contacto con ese primer mundo futbolístico que se paró en el Nacional de Lima esta noche de martes a ganar su sexto partido consecutivo de seis jugados en la era Tite, aterrizarán en que el paso inicial para crecer es reconocer las limitaciones propias y valorar lo que de a pocos va consiguiéndose.

Así, el mayor mérito de Perú fue plantarle durante 60 minutos un partido muy incómodo a Brasil. Que estuvo maniatado para construir el juego que le acomoda: ese con que bailó a Argentina y que se sostiene en la búsqueda del espacio en primera línea para que las inspiraciones de Coutinho y Neymar hagan su parte. El 'Scratch' estuvo impedido de sacar réditos de ese libreto y, más bien, para llevarse los tres puntos recurrió a un plan B que le funcionó muy bien: el aprovechamiento del error del rival.

Es en ese punto, justamente, donde Perú debe extraer las mayores lecciones de este 0-2. Brasil fue estudioso y humilde, incluso desde su grandeza reivindicada en este nuevo proceso que, paradójicamente, tuvo origen en aquella debacle de Foxborough en la que Perú acabó dándole la mano a Brasil a través de Raúl Ruidíaz de modo tan literal que lo sacó del pozo. Lo fue porque con circuitos cerrados, decidió ser menos estético y más frío para cansar a la blanquirroja y esperar con paciencia algún resbalón que le cediera espacio para entrar. A los 55', un balón perdido por Andy Polo cerca de la línea de mediocampo dio la clarinada de alerta: el prolijo trabajo defensivo peruano, con cero errores en los pases en salida, iba a comenzar a menguar producto del intenso desgaste físico que sostener un partido a tal ritmo contra una potencia implica. Y por eso 3 minutos luego, Gabriel Jesús aprovechó otra imprecisión similar de Pedro Aquino para inclinar la balanza hacia el lado con mayor peso.

A Cueva le cerraron los circuitos y no pudo explotar en el Nacional. (Foto: Raúl Chávarry / DeChalaca.com) 

La diferencia, pues, no la hizo el magnífico trabajo propio: Perú lo hizo en defensa y Brasil también, pues las mejores armas blanquirrojas -Paolo Guerrero y Christian Cueva- fueron impecablemente neutralizadas sin necesidad de aplicar juego fuerte, sino con especies de "campos de fuerza" en los que ambos podían moverse pero sin disponer del espacio para i) conectarse entre sí y ii) causar peligro por desequilibrio. La diferencia, más bien, vino determinada por que mientras Brasil sacó provecho de los poquísimos yerros peruanos como ese de Aquino o el de Nilson Loyola antes del tanto de Renato Augusto, Perú dejó pasar las también poquísimas ocasiones en las que el 'Scratch' falló, y que fueron dos puntualmente: sendos centros desde la derecha en los que hasta cuatro hombres peruanos rompieron la trampa del offside que recurrentemente ordenó ensayar Tite, y tras los que ninguno de los blanquirrojos se sintió, al parecer, lo suficientemente habilitado para continuar la jugada. Pecados mortales en un partido de márgenes mínimos.

Lo demás, en general, fue puro mérito para uno y otro lado. Para Perú, sobre todo, el haber encarado el partido como una tromba en el inicio, de forma acorde con una localía que se hizo sentir. La apuesta atrevida estuvo a punto de pagar a lo apostador inglés que se la juega por La Bocana, en esa corrida de André Carrillo -su mejor partido con la selección en muchas lunas y superlunas- que acabó en la base del poste izquierdo de Allison apenas comenzado el partido. Y en general, insufló suficiente confianza colectiva para algunos lucimientos de todo tipo: desde la elegancia europea de Alberto Rodríguez para cortar jugadas hasta el coraje a raudales de Aldo Corzo para despejar un balón con la cabeza pegada al suelo. Esa fue la selección de recursos variados, digna representante del país con mayor diversidad climática del mundo, que se paró a hacer lo mejor que pudo ante un rival potente y contundente, tan voraz que hasta pudo llevarse una goleada -exagerada para lo visto- en aquel último contragolpe que Paulinho no cerró en gol por una nada misericordiosa.

Para Brasil, pues, el mérito -además de la ya comentada humildad productiva de tener vocación por aprovechar el error de un rival inferior en lo individual y en lo colectivo- pasó por la cesión de la capacidad de decisión de juego a su primera línea. Maniatados Neymar y Coutinho y algo obligado a retroceder Gabriel Jesús ante la carencia de balones limpios, Tite definió roles con enorme acierto en la zona neurálgica del campo: Fernandinho capitán pero obrero, Renato Augusto trajinador pero director de orquesta, Paulinho elegante pero pulmón para el ida y vuelta. Armatoste sólido que aparece como principal credencial para que el pentacampeón exija en Rusia las muchas revanchas que dejó pendientes en su triste faena en casa hace un par de años.

Mientras Brasil aseguró practicamente Rusia 2018, para Perú está cada vez más lejos. (Foto: Raúl Chávarry / DeChalaca.com) 

A Perú, por cierto, Rusia le queda lejos. Principalmente por números: después del 0-2, le queda pendiente recuperar 4 de 10 puntos perdidos en casa en solo 9 unidades más por disputar de visita. Pero no se maree con matemáticas: el norte de este proceso siempre fue competir, y eso es lo que se está comenzando a hacer. Hablar de Qatar no es resignarse a celebrar derrotas: es entender que ese aplauso del que se habló al inicio de estas líneas es solo una señal de aliento para en efecto edificar nuevas mejoras sobre la base de las ya existentes, y no caer en el maldito borrón y cuenta nueva que enfermizamente ha promovido el cortoplacismo imperante en el medio.  Los Loyola, los Aquino, los Polo, los Flores son todo eso: apellidos que podrán repetirse en crónicas de acá a cuatro años. A los que habrá que exigirles, sí, ser cada vez mejores que en el partido anterior, como viene ocurriendo con esta selección de Ricardo Gareca a la que nada le sobra salvo entrega y afán de progreso.

Las Fotos

Los Goles

Fotos: Raúl Chávarry y Pedro Monteverde / DeChalaca.com


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La ficha del Perú 0 - Brasil 2

 

Comentarios (1)add
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escrito por Mencheli , noviembre 16, 2016
El mejor artículo que he leído en años, dentro del contexto peruano y a la vez desde una visión muy objetiva del partido. Siempre nos quedará la duda de que habría pasado si Carrillo abría menos el pie o el árbitro cobraba, sin mayor injusticia, el jalón a Cueva en la única jugada que pudo pasar entre la maraña defensiva brasileña... Yo también agradezco que Gareca le haya salido a jugar de frente a tremendo equipo y si bien el fútbol muchas veces no tiene lógica (la Sub-20 de Ahmed está decepcionando pese a un trabajo serio que ya lleva mas de 1 año) comparto la creencia de que esta vez Pareto favorece la perspectiva: 80% de muy posibles alegrías futuras.
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