Foto: ReutersLas lesiones obligaron a cambios de última hora en Perú. Ricardo Gareca decidió conformar su volante de primera línea con la dupla compuesta por Pedro Aquino y César Ortiz. Esta elección trajo efectos negativos en la selección.
Jair Villanueva | @Jair_Villanueva
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El estilo no lo marcan los técnicos. Tampoco los hinchas. Menos los dirigentes. El estilo lo marcan los jugadores. Con sus rasgos técnicos, conceptuales y tácticos. En marzo del 2015, en su presentación en la Videna, Ricardo Gareca dio un adelanto de cuál sería el elegido para Perú, con una frase contundente: "creo en el talento del futbolista peruano". ¿Cuál es? Balón al ras del campo y progreso mediante asociaciones.

El Perú de Gareca empezó con ese estilo acomodado al talento de los jugadores. Ello dio confianza y potenció a varios. El mejor ejemplo: Christian Cueva. Pero en el camino las dudas llegaron. Los resultados, quiérase o no, quitan convicción al jugador. El mal inicio en las Eliminatorias lo hizo. Una Copa América 2016, además, en la que solo el primer tiempo ante Ecuador fue el mejor recuerdo de lo que Gareca quiso para Perú. El resto fue ordenado, disciplinado y entregado: más que correcto. Pero lejos de la intención principal.

A la selección le tocó regresar tras un primer semestre complicado. Partidos muy distintos y cambios seguidos. Regresó a las Eliminatorias en La Paz. Pero era favorito y no nos cuesta decirlo. Por su mejor momento -casi el mismo plantel de la Copa América 2016- y un rival atrapado por el caos. El contexto era favorable, incluso con la lesión de Óscar Vílchez días antes del partido. La repentina lesión de Yoshimar Yotún, no obstante, cambió planes de imprevisto y Gareca tuvo que elegir. Para eso está, principalmente, un director técnico.

 

Tomó la decisión de poner a Aquino y Ortiz. Dos jugadores con pase de salida, pero sin la trayectoria en selección de los lesionados. Ambos, pues, no rindieron como una dupla esperada. Individualmente lo de Aquino fue bueno y lo de Ortiz irregular. Como dúo nunca se compenetraron. Los movimientos del segundo condicionaron la soledad del primero cuando se tuvo que proponer ante el 1-0.

La necesidad llevó a la volante peruana a adelantar líneas ante un rival que se replegó sin ponerse rojo. Luego ingresaron Edison Flores y Joel Sánchez que le dieron más y mejor posesión a Perú, pero salvaron tarde un problema que apareció desde el inicio. Ortiz y Aquino no sintieron la responsabilidad de tomar las riendas de un Perú que tenía que ser protagonsita. Un Perú que era favorito porque tenía mejores herramientas. Porque tiene a un jugador que hizo 7 goles en 6 partidos (Raúl Ruidíaz) en México. A otro consolidado y titular en Sao Paulo (Christian Cueva). Peso ofensivo suficiente para no temerle al rol de dominador.

La selección peruana reflejó en Aquino y Ortiz la poca convicción para salir a pasar por encima a un rival menor. La misma que tuvo la sociedad futbolera del país días antes. Ese temor que nos impide decir que somos favoritos se trasladó a la cancha. No porque vamos a ganar diciendo eso, sino por la intención que se tuvo. Aquino y Ortiz no son los culpables ni mucho menos. Pero sí refleja a un equipo al que le costó creérsela. Al que le costó confiar en su propio talento como lo hizo Gareca en marzo del 2015.

Foto: AFP


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