Foto: AFPPerú consiguió un triunfo vital en Barranquilla por 0-1. Gracias a su solidez defensiva -combinada con falencias en definición de su rival-, la blanquirroja se llevó la victoria ante Colombia en una gesta histórica que cada vez se torna moneda más común con los dirigidos por Ricardo Gareca.
Daniel Orrego | @dorrego1411
Redactor

Enviado especial a Barranquilla

Resulta difícil explicar cuál fue el momento en el que el cero en el marcador se hacía cada vez más firme en Barranquilla. Quizá debido a esas señales de que todo está de pronto a favor -como el penal no cobrado, debido a una posición adelantada, de Luis Abram a Yerry Mina- o a las constantes fallas en la definición de Colombia. Los minutos corrían en el Metropolitano Roberto Meléndez y el empate ya generaba expectativas. pues estaba al alcance de la mano.

En ese escenario volvió a aparecer la magia de Christian Cueva. El amague para sacarse la marca de un rival y el pase excelso hacia Édison Flores dejaron a ‘Orejas’ a tiro de gol en una jugada completamente aislada para el tipo de trámite que había seguido el partido. Vista a lo lejos en el estadio, la corrida del volante peruano apuntaba a terminar en un remate fácil de controlar por el poco ángulo que tenía.

Sin embargo, volvió a aparecer David Ospina, así como en 2017 en Lima, para darle una mano al cuadro peruano. Confiado en el remate cruzado, dejó el primer palo descubierto y por allí se coló el balón. Así como cinco años atrás -cuando el grito de gol fue confuso desde la tribuna del Nacional por la señal previa del tiro libre indirecto-, la reacción fue tardía y motivada por el abrazo de los jugadores peruanos. Los rostros de la parcialidad local reflejaban señales de desconcierto y asombro, pues era difícil de creer que había llegado el gol visitante en un duelo en el que ni de casualidad Perú había asomado por el área contraria.

Callens fue el más parejo del campo. Aquí sale con balón dominado delante de Borré. (Foto: AFP) 

Y fue Flores el elegido, o predestinado si se quiere poner así, para anotar tras meses -sino años- en los que su rendimiento había declinado desde lo mostrado en las Eliminatorias pasadas. Desde su ingreso, el hombre del DC United tuvo que perseguir el balón de un lado a otro -así como todo el equipo bicolor-, pero le quedaron energías para superar a sus perseguidores en velocidad por la banda izquierda y decretar el tanto que calló por completo al Metropolitano.

Palmas aparte, y las más merecidas, para un cuadro que se entregó en cada jugada para defender su portería. Si la idea de Ricardo Gareca era parar un bloque impermeable en el fondo, pues así lo logró con puntos altos de rendimiento como los de Pedro Gallese y Alexander Callens. Tanto el golero como el zaguero lideraron la conversión de la línea de cuatro en un bloque de cinco en el segundo tiempo, con la novedad interesante de Luis Abram ubicado como marcador de punta izquierdo neto.

A eso se sumaron los sacrificios indesmayables de Aldo Corzo y Renato Tapia. Destacó sobremanera lo del primero, impecable en la marca del promocionado Luis Fernando Díaz. El lateral de Universitario asumió además rol de caudillaje -no en vano lleva ya más de una década de convocatorias infalibles a la selección- y se dio abasto para pechar a James Rodríguez en su propio patio y ante la atónita mirada del estadio cuando el mejor futbolista de Brasil 2014 quiso pasarse de listo y simular un penal en el área peruana.

Gallese fue una muralla y delante de él hubo una importante capacidad de bloqueo, como la que aquí complementan Araujo y Tapia ante la carga de Borja. (Foto: AFP) 

Todo lo expuesto condujo al desgaste natural de la oncena blanquirroja, aunque ello se vio equilibrado por la cantidad de cambios ejecutados temprana y oportunamente por Gareca para mantener el estado físico que se requería. El técnico, sin miramientos, se propuso parar el bus delante de Gallese y así lo consiguió.

A medida que se ocultaba el sol, los gritos del público cafetero disminuían al ver a su selección recaer en los mismos errores frente a la portería peruana una y otra vez. Los silbidos bajaban al campo en cada intento de hacer tiempo de parte de los de Gareca y dejaron de sonar tras el gol de Flores. En adelante, solo se escuchó el aliento de los ubicados en el intersticio entre las tribunas Oriental y Sur, quienes recibieron con palmas y cánticos a su selección tras el pitazo final.

Casi la totalidad del equipo, encabezada por Santiago Ormeño, se acercó a agradecer el apoyo y a cantar, como si cada futbolista fuera uno más en la tribuna. Camisetas y polos fueron lanzados cual señal de que tanto los que están en el campo como los que lo ven desde afuera son parte de una misma ilusión. Ante esta situación se escucharon aplausos de los hinchas locales, en plausible muestra de la deportividad que este tipo de eventos merece y de la consabida hermandad entre peruanos y colombianos.

Carrillo alza los brazos y dirige el éxtasis peruano tras el pitazo final en Barranquilla. (Foto: AFP) 

El bus sigue su rumbo a Qatar -con algo más de gasolina que antes de su paso por Barranquilla- y ahora tiene una dura parada en Lima ante Ecuador. Pero si el empate en la excursión al Caribe colombiano era bien recibido, el triunfo se celebró al ritmo de Joe Arroyo, vallenato y el infaltable Contigo Perú, que suena muchísimo mejor tras un triunfo histórico fuera de casa.

Fotos: Prensa FPF


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La ficha del Colombia 0 - Perú 1

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