Como las épocas no dan para el optimismo, sería periodísticamente contradictorio reseñar alguna victoria peruana como antesala al partido contra Colombia. Estos días, por el contrario, invitan a ponerle sal a las propias heridas. Con dicha misión, la siguiente crónica relata la triste jornada de 1961 en la que Perú fue eliminado del Mundial de Chile por el próximo rival.

Foto: diario La Crónica

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Recortes: diario La Crónica

Una de las costumbres futbolísticas más recurrentes de este país es la evocación de un pasado idílico que nunca fue. O, para no herir susceptibilidades y darle su mérito a algunas generaciones que surgieron más por el azar que por el trabajo, que no fue tanto. Entre las múltiples falacias que abundan en la historia del fútbol peruano, suele irrumpir, con relativo rebote mediático, aquella de que antes el Perú sí le ganaba a Colombia.

Las portadas posteriores al partido lo dicen todo: la afición peruana no concebía quedar eliminada a manos de Colombia hace 47 años (Recorte: diario La Crónica, 06/05/62)Como nadie está dispuesto a especificar el cuándo, cómo y dónde de aquellas victorias, es de presumir que estas gaseosas alusiones se remitan a la prehistoria futbolística. O a algún hipo que alguno tomó por tendencia. Porque después, ¿cuándo? Salvo alguna jornada aislada, en la historia reciente (la del último medio siglo) el Perú solo está en condiciones de asumirse como el hijo dilecto de Colombia. Ellos sí que entienden el concepto de paternidad responsable.

La jornada del 5 de mayo de 1961 puede ser la cachetada que algunos necesitan para despabilarse: Colombia le empata a Perú en Lima y clasifica a costa suya a un mundial por primera vez en su historia. A continuación, el recuento de los daños.

 
LA TELEVISIÓN PRONTO LLEGARÁ

A las 10:10 p.m. del martes 30 de mayo de 1961, el vuelo de Apsa procedente de Bogotá llegaba al Jorge Chávez entre la más absoluta indiferencia. La selección había perdido 1-0 ante Colombia en el partido de ida por la clasificación al mundial del Chile, pero la gente no sacrificó la víspera de un feriado para aplausos o reproches. Lima, además, estaba paralizada por otros dos acontecimientos dignos de seguirse: el primer viaje de un ser humano (el norteamericano Alan Shepard Jr.) al espacio y el estreno de la taquillera Psicosis, de Alfred Hitchcock, en los cines Tacna y El Pacífico. Del resto se encargaba la televisión.

El equipo peruano de aquella infausta tarde. De pie: Carrasco, Fernández, Calenzani, Cruzado, Cárpena y Calderón. Hincados: Montalvo, Uribe, Márquez, De la Vega y Flores (Foto: diario La Crónica)La tele era el novedoso juguete que ya invadía algunas casas limeñas. Los aficionados más pudientes, por ejemplo, podrían comprobar por sí mismos las duras críticas que la prensa escrita (“Sin alma, sin nada”, tituló el diario La Crónica) había lanzado contra la actuación peruana en la altura bogotana. En el acápite de “programación televisiva” de los diarios del miércoles 1 de mayo se anunciaba que Canal 4 transmitiría a las 6:30 p.m. el “Match Colombia – Perú (film): Reseña del partido jugado en Bogotá”. La cinta contaba con un minucioso resumen de 30 minutos. Como para no salir de casa.

Con dicha transmisión, y en pleno anticipo de su influencia futura, la televisión ganaba por partida doble. Por un lado, permitía que los hinchas peruanos se entusiasmaran con la boga mediática (no importaba tanto lo que se viera, sino que eso se viera) y corrieran raudos a comprar sus entradas para el partido de vuelta, a jugarse el domingo en el Nacional. Con ello, cumplían con la condición que la Federación había puesto para que el encuentro pudiera transmitirse íntegramente y en directo: que el estadio se llenara. 'Caimán' Sánchez en acción bajo los tres palos ante un ataque peruano. El golero era la figura de aquella selección colombiana (Recorte: diario La Crónica, 06/05/62)Y el estadio se llenó. Dónde y en qué estado podría encontrarse dicha grabación, es algo que algún arqueólogo debería estar ya investigando.

 
¿DORADO O MORADO?

Colombia, ya en la etapa post-Dorado, llegó a Lima con dos personajes que acapararon entrevistas y reportajes: el técnico argentino Adolfo Pedernera y el arquero Efraín ‘Caimán’ Sánchez. El resto no existía. Tal mensaje caló hondo en la dirigencia nacional que, saltándose por alto el trámite de ganar el domingo, compró anticipados pasajes a Valparaíso. Para explicarlo: si Perú vencía a Colombia por la diferencia que fuera, forzaría un tercer partido de repechaje a jugarse en dicha ciudad. En fin, qué importaba dilapidar el dinero con tal de preservar un espíritu positivo.

La realidad fue distinta. Si bien Perú se puso rápidamente en ventaja con gol de penal de Faustino Delgado (2’), Colombia encontró el empate a los 15’ con cabezazo de Héctor González. De ahí, cerró el partido. Incluso, a 5’ del final, Rolando Serrano lanzó al palo un penal que pudo ser el 1-2 para los visitantes. Según los relatos de la época, Perú no tuvo ideas ni talento. El técnico, un bisoño Marcos Calderón, fue criticado por conservador, aunque el ‘Oso’ se defendió amparándose en las ausencias por lesión de jugadores como Willy Fleming, Carrasco, Tenemás, Ruiz y el arquero Rigoberto Felandro. Cae Ángel Uribe en área colombiana apenas a los 2' de juego. El juez uruguayo Mariño cobraría penal, que sería convertido por Faustino Delgado (Foto: diario La Crónica)Hubo que apelar a jugadores de poco recorrido internacional como Adolfo Calenzani, Eduardo ‘Sucre’ Flores y Lucho Cruzado, quien recién comenzaba su carrera. Al abandonar el estadio, los aficionados se retiraban amenazando con boicotear el campeonato local y no asistir a los encuentros en los que estuvieran presentes los seleccionados de aquella infausta tarde. Perú era un polvorín.

En camarines la cosa no andaba mejor. El arquero Fernando Cárpena (que había sustituido a Felandro), balbuceaba explicaciones a la prensa mientras fumaba un cigarrillo (ahora los jugadores lo hacen con audífonos; al menos eso no da cáncer, señal de que el país progresa). José Fernández, por otro lado, se atendía con el médico de la delegación, Dr. Bambarén, pues le dolía la nariz por un codazo de 'Maravilla' Gamboa. Rigoberto Felandro, ausente en el partido, tenía, en cambio, cosas más importantes en las que ocuparse: exaltado, afirmaba que le habían robado su máquina de afeitar eléctrica de la concentración. Tras el ritual de las duchas, los jugadores regresaron al campo. Con las graderías ya vacías, se pusieron en fila india y, uno a uno, fueron acercándose a estrechar la mano del técnico Marcos Calderón, quien se despedía del cargo sin imaginar aún lo que el futuro le depararía.

 
Juan de la Vega y 'Maravilla' Gamboa posan antes del partido (Recorte: diario La Crónica, 06/05/62)MALA DIGESTIÓN

Naturalmente, la debacle eliminatoria dirigió las miradas hacia la dirigencia nacional. Estaban los críticos: “No hay juveniles. No hay clubs. No hay instituciones. No hay ni dónde entrenar”. Los jacobinos: “El profesionalismo nos ha hecho daño. Hay que volver al amauterismo y dejar sin valor los contratos vigentes de los jugadores”. Los fatalistas: “Si seguimos por esa huella, tendremos cada vez menos peso internacional. Nos aislaremos del medio grupo suramericano y nos ubicaremos al lado de lo bajo, de lo podrido, de lo incierto”. Y, por supuesto, los premonitorios: “Los dirigentes solo piensan en las fabulosas entradas, en las giras turísticas, la figuración, dejando en segundo plano lo que es de mayor interés: el prestigio del fútbol peruano”.

Aunque algunos directivos trataron de zafar cuerpo culpando del fracaso al técnico anterior, el húngaro Gyorgy Orth (aquel del 4-1 contra Inglaterra), de quien afirmaban que no había dejado enseñanza alguna, sus errores eran evidentes. El primero era la incapacidad para negociar (o, en su caso, ponerse duros) con los equipos de Juan Joya, Miguel Loayza, Víctor Benítez y Óscar Gómez Sánchez, quienes no recibieron permiso para integrarse a la selección. El segundo era peor.

La nota periodística es explícita: las grandes soluciones a los problemas del fútbol peruano y las excusas de los dirigentes han sido cosa de siempre (Recorte: diario La Crónica, 06/05/62)La concentración fue fatal: de algún modo, la antítesis del Golf Los Inkas. Mientras Colombia se hospedó en el cómodo Hotel Riviera, los seleccionados peruanos durmieron en habitaciones artificiales al interior de una de las tribunas del estadio Nacional. Sí, en pleno estadio. El día del partido desayunaron en La Taormina de La Victoria y almorzaron en La Toscana de Magdalena, donde, según confesión de parte, “la comida estaba mala”. La justificación que dio el vicepresidente de la Federación, Jorge Góngora, hoy tranquilamente podría ser tildada de bárbara: “Fue con el fin de darle esparcimiento a los jugadores. En el hotel de Bogotá, por ejemplo, al jugador se le notaba cohibido porque debían cumplir ciertas reglamentaciones, como ingresar al salón de televisión con saco y no en mangas de camisa, limitar el tono de voz, etc.”. Añadió, además, que el almuerzo se realizó en La Toscana porque allí había dos guitarristas que podían amenizar el ambiente.

Naturalmente, prensa y afición se abocaron en pedir la renuncia de la dirigencia. Ante ello, el  presidente de la Federación, Nicanor Arteaga, alistó su defensa: “No he pensado en renunciar, ni creo que lo haga algún directivo de la Federación. Permaneceré en el cargo mientras merezca la confianza del Comité Nacional de Deportes”. Cámbiese en su discurso el dichoso “comité” por esa entelequia actualmente conocida como “las bases” y sáquense conclusiones. Sí, escalofriante. Nunca aquello de “parece que fue ayer” sonó tan literal.

 
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Comentarios (1)add
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escrito por luis espinoza , agosto 15, 2009
alguien puede dar la formacion del peru contra colombia en lima y bogota por las eliminatorias de 1961 . gracias.
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