Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comEn ruso, así nomás se traduce el "nomás"; y así nomás ganó, goleó y gustó Uruguay, que arrolló al anfitrión por un contundente 3-0 en Samara. Rusia pagó cara su endeblez por bandas ante el innovador planteamiento de Tabárez con tres zagueros al fondo y carrileros efectivos, que combinados con la contundencia de Suárez y Cavani lanzan una importante advertencia a Portugal de cara a octavos.

    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

Desde Rusia

Alguna vez fue un carrito, ahora es un bastón. Por cualquiera de los medios Oscar Washington Tabárez Sclavo (Montevideo, 3 de marzo de 1947) está siempre allí, en el área técnica, de director técnico. Es un goleador de la estrategia. Un arquetipo de proyectos. Un Maestro.

En el campo las piezas pueden ser intercambiables. Incluso la estrategia: desde hace doce años, cuando su ciclo se echó a andar, Uruguay juega con línea de cuatro al fondo. La de Lugano y Godín, la de Godín y Giménez, mañana la de Giménez y alguien más; los nombres cambian, la propuesta queda. Salvo que al Maestro se le ocurra mover la pizarra en un momento adecuado y probar algo. ¿Qué tal contra el anfitrión en su propia casa? ¿Qué tal si desafiarse a sí mismo a funcionar bien de una nueva forma es una manera de mantener siempre vivo ese deseo de superación necesario para triunfar en el fútbol?

Uruguay, nomás, lo hizo. El Maestro nomás. Se paró en el Cosmos Arena de Samara con un 3-1-4-2 que, como tal, resulta inédito para su ciclo con la celeste. Con tres defensas centrales, como parte de una zaga de cinco, no jugaba desde 2015, ante Chile en Montevideo por Eliminatorias, vez en que goleó; pero con tres defensores solo no lo hacía desde setiembre de 2012, cuando recibió cuatro goles de Colombia en el Metropolitano de Barranquilla. Así y todo, se atrevió: porque Rusia y su vértigo ofensivo combinado con carencias en el el fondo podían ser un buen banco de pruebas para un sistema útil ante rivales más pintados.

Fedor Kudryashov pelea en el juego aéreo con Nahitan Nández. (Foto: FIFA) 

El equipo de Stanislav Cherchesov estaba con las luces prendidas a partir de su buen arranque ante Arabia Saudita y Egipto. Por eso las calles de las diferentes ciudades rusas estaban, desde la noche previa al partido, con más camisetas rojas carnesí de las que se habían visto hasta el momento en una Copa del Mundo jugada en un país que es más de hockey que de fútbol. Por eso, el DT anfitrión se animó también a renovar sus carriles, y buscar que con la titularidad de Igor Smolnikov y Fedor Kudyrashov pudiera prevenir a los titulares -Mario Fernandes y Yuri Zhirkov- de tarjetas amarillas que los condicionaran para los octavos de final. Aunque lo canjeó caro.

La movida táctica de Tabárez se decantó en una apuesta intensa por el juego precisamente de bandas, con Nahitán Nández por derecha y Diego Laxalt por izquierda como portadores del mayor peso en el andamiaje ofensivo de la celeste. Por eso, los carrileros rusos sufrieron, y de allí que la postal de un impotente -e irresponsable- Smolnikov arrollando a Laxalt cuando apenas se había cumplido la media hora de juego, para así ganarse la roja, resuma la superioridad que Uruguay imprimió sobre un desdibujado dueño de casa.

Para ese momento, ya Igor Akinfeev había acusado en su arco un doble golpe que inclinaba la cancha. Primero vía un estiletazo raso a balón parado de Luis Suárez que ratifica i) que el 'Pistolero' es de los mejores del planeta y un tiro libre con su firma en las inmediaciones del área puede facturar el gol por adelantado y ii) que en ese tipo de disparos el portero debe ocuparse centralmente de su primer palo, el espacio al que más probablemente le dirigirán el tiro. Luego, a partir de un zurdazo del dinámico Laxalt que rebotó primero en Denis Cheryshev y luego en Igor Gazinsky, pero que el árbitro senegalés Malang Diedhiou determinó como autogol del talentoso volante ruso -que había tenido poco antes una ocasión de estirar su cuenta goleadora en el mundial, conjurada por un atento Fernando Muslera, y acabó siendo victimario de su propia puerta-.

Uruguay le ganó a Rusia demostrando toda su jerarquía. (Foto: FIFA) 

Esa ventaja le dio a Uruguay toda la comodidad para seguir ensayando variantes tácticas, como con el ingreso de Giorgian de Arrascaeta para el complemento por Rodrigo Bentancur, el único volante que hasta el momento había sido intocable para Tabárez en el Mundial. Al frente, Rusia oponía deseos múltiples, algún esbozo del talentoso pero bisoño Aleksei Miranchuk y sobre todo arremetidas furiosas del grandote Artem Dzyuba, quien a diferencia de los choques anteriores estuvo poco preciso de cara al gol y las tiró todas no solo afuera, sino bastante lejos.

La rúbrica que Édinson Cavani le dio al encuentro ya sobre el final, en la puerta misma del gol y pocos minutos después de haber desperdiciado otra chance, solo sirvió para decorar como goleada un escenario que solo cuatro horas después quedó completo, cuando los resultados del Grupo B determinaron el futuro exacto de uruguayos y rusos. Pero sí sirve el score como respaldo sólido para que la celeste tenga más credenciales que solo la historia para soñar con vencer a un Portugal que comienza los partidos mejor que lo que los termina; y para que Rusia -en el Luzhniki, su mejor hábitat natural- entienda mejor cuáles deberían ser sus precauciones defensivas si no quiere drenar otra vez ante una España acaso sobredimensionada, pero que de cara al arco rival es efectiva. Destinos cruzados, acaso desequilibrados y quién sabe si felices o no al fin y al cabo.

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El Resumen

 

Los Goles

Fotos: FIFA


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La ficha del Uruguay 3 - Rusia 0

 

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