Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comEn el aniversario once de DeChalaca, la crónica desde Kazán de un partidazo definido en 11 minutos: los que necesitaron Francia y la magia de Kylian Mbappé para darle vuelta a un encuentro que inexplicablemente ganaba Argentina. Superado de cabo a rabo en lo táctico, el equipo de Sampaoli la sacó barata al despedirse con un 4-3 en contra.

    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

Enviado especial a Kazán

La capital de la república de Tartaristán está dividida en dos por el puente que cubre el río Kazanka, un afluente por la margen izquierda del caudaloso Volga. Aquí, en el límite del Kazán antiguo de las monumentales mezquitas y la herencia tártara -idioma que hoy habla solo alrededor del 30% de la población- con el Kazán moderno de edificios y centros comerciales, se pararon Argentina y Francia. Y tras 90 minutos quedó claro quién estuvo de cada lado.

Por lo general un 4-3 refleja paridad, equilibrio, lucha intensa. Hubo menos de eso que de desequilibrio, sobre todo táctico, en la tarde kazana. Porque el marcador en el duelo entre Didier Deschamps y Jorge Sampaoli fue bastante más holgado, aunque siempre a favor del excampeón del mundo en 1998. Una frontera inmensa entre el equipo que mejores relevos tácticos practica en Rusia 2018 y uno que quiso ser construido en torno de un jugador que, más allá de las bizantinas discusiones sobre si apareció poco o nada por él o por sus compañeros, nunca pudo ser el eje de un equipo pensado para tener uno.

He allí la diferencia central entre las maneras de leer los dorsales '10' de Kylian Mbappé y Lionel Messi en este inicio de octavos de final. Mientras el francés es un futbolista que encaja en un funcionamiento colectivo que le permite explotar lo mejor de sí, Argentina ha degenerado al punto de buscar explicarse para Messi y que este la haga existir. Y si ese "denle la pelota para que haga lo que sabe" que suena a charla de vestuario de Descentralizado noventero -Sampaoli llegó al Perú en 2002 para combatir, justamente, ese cavernario estilo de charlas de vestuario- ni siquiera puede aplicarse porque la pelota simplemente no-le-llega ni-le-lle-ga-rá si su posición de '9' es tan falsa como el eufemismo que defiende a ese delantero regateador que es un poquito de eso y otro tanto de aquello pero nada del clásico hombre de área llamado a hacer los goles con que el fútbol se gana.

 

Messi se ubicó, o lo ubicaron -da lo mismo-, como único punta para que Argentina fuera incapaz de construir juego orientado a explotarlo. La promocionada titularidad de Cristian Pavón por el extremo derecho se perdió en casi lo mismo que Ángel di María aportó por izquierda -amén de su golazo out of context-: centros al bulto que habrían tenido algo más de sentido si en el área hubiera existido un receptor adecuado para buscar el cabezazo. Si a eso se le suma una defensa con vocación por el desacomodo, también acostumbrada a que cada tanto Javier Mascherano retroceda para solucionarle sus trastes, la fórmula para la catástrofe ante un rival competitivo está servida.

Ese adversario letal fue Francia, que tras ponerse en ventaja vía un penal bien ejecutado por Antoine Griezmann después de una cachascanesca falta de Marcos Rojo -otra vez en rojo, porque en los mundiales no basta con coraje para irse al azul galo- se dio el lujo de encajar dos goles al hilo a partir de circunstancias distintas de esas que construyen el fútbol. Primero el comentado tiro sobrenatural de Di María, que en el vertical superior derecho de Hugo Lloris rompió el nido de las abejas para despertar a su equipo del shock a partir de una buena dosis de miel. Luego, el azar que llevó al botín izquierdo de Messi a encontrar el taco de Gabriel Mercado, autor en la praxis de un autogol en el arco contrario.

Pero repítase: de buen ánimo, de corajeadas, de muchos "vamos Argentina" no están ni estarán hechas las Copas del Mundo. Para ganar en estas se necesita jerarquía, orden, posición ganada en el campo. Como la que Francia cubría en solo dos movimientos tácticos que ya habían sido visibles ante Perú en Ekaterimburgo y que esta vez, con la sola modificación de tener a Paul Pogba tirado hacia la derecha y a Ngolo Kanté en el medio, se perfeccionaron inclusive. Ya es posible decir que no hay equipo de esta Copa del Mundo que maneje tan bien los relevos en dinámica de juego como esta oncena de Didier Deschamps, que a partir del desplazamiento en diagonal de su primera línea -Blaise Matuidi la completa por izquierda- migra del 4-3-3 a un 4-trapecio-2 que se configura con Mbappé haciendo el espejo por derecha y con Griezmann relevando a Olivier Giroud en la labor de que siempre quede uno detrás para jugar hacia delante con otro -exactamente lo que Messi no tiene en Argentina-.

 

Lo demás pasa por encender los motores en el momento correcto. Con la desventaja, los galos no solo se enfadaron sino que invocaron a todos los dioses de la aldea para acudir a tierras tártaras y hacerle unas pequeñas correciones al pleito. Y si la historia de Goscinny y Uderzo cuenta que Óbelix se cayó de pequeño a la marmita de poción mágica y a partir de eso se volvió invencible, habrá que preguntarle al druida Panóramix si por su choza no pasó un tal Mbappé, quien con 19 años de edad tiene a Tutatis, a Belenos y a Belisama de su lado. Así, después del lanzamiento de menhir que hizo Benjamin Pavard para igualar el marcador, apareció el nuevo gran '10' del fútbol mundial para, a lo Ásterix, lanzar un par de golpes que confirmaron que el festejo final en la aldea fuera con banquete no de jabalí, sino de ñandú.

Se ha acabado el Mundial para Argentina y ha empezado uno mucho más auspicioso para Francia, candidato de peso para llegar el 15 de julio al Olímpico Luzhniki de Moscú. Pasa que el argumento principal tiene a esta hora nombre y apellido, y porta la camiseta con el mismo dorsal que alguna vez sudaron Michel Platiní y Zinédine Zidane. Pero pasa también que este equipo de Deschamps no es Mbappé y punto: es una articulación que lo explota, que lo aprovecha y maximiza los beneficios de tenerlo. Como no pasa con el equipo que era Messi y punto y acabó, a la vera del Kazanka, siendo solo punto final.

After Party

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El Resumen

 

Los Goles

Fotos: FIFA


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