Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comCroacia hizo historia. Por tercera vez consecutiva se sobrepuso tanto a un marcador adverso como a 120 minutos de intenso juego para, con coraje y dinámica, clasificar a la final de la Copa del Mundo tras ganarle 2-1 a una Inglaterra que fue voraz hasta que el físico y la menor experiencia de sus hombres le pasaron factura. Los hijos de la Guerra de los Balcanes reinventan la infancia de los niños vatreni de hoy.

    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

Enviado especial a Moscú

El campo de juego del Luzhniki está ya tan vacío que hasta la seguridad de hombrecitos de chaleco verde se apresta a retirarle los arcos. Pero antes, se ha dejado que haya tiempo y espacio para que cinco niños hagan un pequeño show para el deleite de toda la cabecera Norte de este estadio olímpico, para ese espacio convertido en tablero de ajedrez de cuadrícula roja y blanca.

Los pequeños son la hija y el hijo de Ivan Perisić, la hija y el hijo de Ivan Strinić y el pequeño hijo de Domagoj Vida; todos ellos identificables por lucir las camisetas de sus respectivos padres. Casualidad o no, son los precisos protagonistas que las cámaras del circuito cerrado de este estadio necesitan a esta hora. Los dos primeros futbolistas fueron los grandes protagonistas por méritos de la que desde hoy es la jornada más importante, a reto de superarse a sí misma este domingo 15 en este mismo lugar, de la breve historia del fútbol croata. El tercero, el zaguero Vida, se había robado las luces de la crítica por sus videos virales de infortunadas declaraciones pro-Ucrania en el terrible contexto que une a ese país con Rusia, la anfitriona del Mundial en que los vatreni han logrado lo impensable -que ya no es imposible-.

Pero la escena es más que cinco niños peleándose por anotar un gol en un arco que va a quitarse y una enfervorizada marea de hinchas que voló 1,867 kilómetros para ver a su selección cobrarle, veinte años después, una revancha a las semifinales de la Copa del Mundo. Es, en metáfora perfecta con el héroe-villano de la zaga croata, justamente vida: la de un país joven y sufrido que consigue a través del fútbol revertir mucho de la historia de este deporte y acaso de Europa misma. Que rompe los cánones al dejar fuera al país que inventó el fútbol mediante un equipo inventado luego de que este deporte ya tuviera mucha fama en los Balcanes.

 

Resuena, mientras juegan los niños, Don't look back in anger de la británica Oasis en los parlantes del Luzhniki. Es el segundo teledirigido que ellos envían a los de la Rubia Albión, pues en el minuto 108, cuando cayó el tanto de ese goleador implacable que no necesitó gritar demasiado en este Mundial -apenas un gol más, ante Dinamarca- para hacerse sentir, ya le habían lanzado una indirecta de las muy sonoras. "Mandzuuuuuukić", bramó en ruso convergente a croata el locutor del estadio. Y acaso fue la emoción combinada de saber que se convertía un gol histórico en esta cancha y de que además quedaba fuera esa Inglaterra de hinchas de amenazas of drinking all your vodka.

Ese gol definió un encuentro que había comenzado a decantarse hacia Croacia por dos dimensiones. La primera fue una futbolística, y a su vez se subdivide en dos vías que encontró Zlatko Dalić para hacer daño al muy buen formado y automatizado sistema defensivo de Gareth Southgate.

- La primera vía fue la del centro pasado, el balonazo largo al segundo palo. Complicaba a Inglaterra sobremanera porque el 3-1-4-2 de Southgate exigía, en labor defensiva, el cierre de sus dos aleros -Kieran Trippier por derecha y Ashley Young por izquierda- como marcadores luego de que estuvieran recorriendo de cabo a rabo la banda. Eso fue dejando de funcionar bien en la medida en que tal trajín pasó factura física a los Three Lions, y sobre todo a los two sidebacks. Entonces, ese balón largo casi encontró libre en una a Ivan Perisić -se la sacó Young antes de que disparara-; en otra a Ante Rebić, quien -cambiado de lado- no le pudo pegar bien; y en la tercera sí halló la planta del pie de Perisić para que este, con violencia, anticipara la palomita de Kyle Walker y sellara el gol de empate.

 

- La segunda vía fue la del pase en cortada, profundo hacia el centro de la zaga. También tenía una explicación física: si los ingleses juegan al centro es porque zagueros como John Stones van al ataque en los balones parados. Entonces, el hombre del Manchester City era vulnerable a la carrera, en el uno a uno, fuera vía Mario Mandzukić o quien ocasionalmente quedara de frente hacia el arco de Jordan Pickford. Fue así como se generó el mano a mano que el ariete de la Juventus transformó en el 2-1.

La otra dimensión fue más abstracta, y tuvo que ver con la mayor jerarquía de un equipo que, aunque aspiracional como esta Croacia deseosa de hacer historia, sí era más experimentado en la praxis. Inglaterra, respaldada por la tradición de su camiseta, era un cúmulo de veinteañeros -apenas Young supera la barrera de los treinta- que así como arremetió todo lo que pudo mientras el físico le permitió, también adelantó los réditos de un proyecto llamado a ser aun más exitoso de Qatar 2022 en adelante. En ese ajedrez, a tono con su camiseta, lo de los vatreni llevaba ventaja, y eso fue notorio sobre todo en el suplementario.

De ese modo, Croacia se gradúa de equipo grande en la primera órbita del fútbol mundial no solo por resultado, sino por madurez de propuesta. Por capacidad de haberle sacado favorable vuelta a tres partidos de 120 minutos en un certamen pesado, complejo, con el marcador en contra en primera instancia siempre. Esta vez lo tuvo abajo demasiado temprano, vía aquel formidable estiletazo al ángulo superior izquierdo de Danijel Subasić enviado por un especialista como Trippier. Igual lo acabó ganando.

 

Sí: esos niños con enternecedoras camisetas de cuadritos que corren en el campo del Luzhniki encarnan la reivindicación de la difícil infancia de los Modrić, los Rakitic, los Brozović en un territorio llenos de cañonazos y explosiones. De la niñez de papá Perisić y papá Strinić, ahora devorándose entre ambos toda la banda izquierda para que la pelota siempre esté en campo inglés. De ese niñito apellidado Vida que -lejos de tener que repetir discursos belicosos y desafortunados, porque los hijos están para pasarla mejor que los padres- podrá contar por el resto de su vida, con más mayúscula que minúscula, que la primera parte de ella fue muy feliz gracias a su país y lo que la selección de este hacía sobre un campo de juego.

El Resumen

 

Los Goles

Fotos: FIFA


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La ficha del Croacia 2 - Inglaterra 1

 

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