Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comUruguay llegará a la Copa del Mundo con una mixtura entre pilares de un largo proceso y jóvenes con mucho potencial. El objetivo es cerrar de la mejor manera el exitoso ciclo de Óscar Washington Tabárez.

Mariano Elías | @marianoeliasfut
Redactor

Uruguay es conocido históricamente, en el ámbito futbolístico, por ser un equipo que se vuelve grande ante las adversidades y que responde mejor en situaciones extremas. En los últimos años, por ejemplo, clasificó a Sudáfrica 2010 y a Brasil 2014 con el último cupo de Sudamérica, en el repechaje. Se recuerdan también los episodios en dichos Mundiales en los que eliminó a Ghana de forma extrema en cuartos de final y, cuatro años más tarde, cuando pasó a octavos de final tras perder con Costa Rica, pero logrando vencer a Inglaterra e Italia.

En esta ocasión, sin embargo, la coyuntura es algo diferente: el cuadro celeste llega tras haber terminado segundo en las Eliminatorias de la Conmebol, como favorito para ganar su grupo y con un equipo fuerte en todas sus líneas y que además se presenta nuevo y fresco. Para poder hacer un análisis de cómo le podría ir a Uruguay en Rusia, lo mejor sería empezar explicando sobre este equipo, qué ventajas y posibilidades le da esto y en qué se diferencia a otros en los últimos años o incluso del que llegó a Lima y cayó 2-1 con Perú en marzo de 2017.

Óscar Washington Tabárez asumió la dirección técnica de La Celeste en marzo de 2006, y luego de realizar una floja Copa América en el 2007, optó por realizar un corte abrupto y dejar de lado a algunos jugadores de la selección como Álvaro Recoba, Fabián Estoyanoff, entre otros. Comenzó con un nuevo grupo de futbolistas a disputar las Eliminatorias para Sudáfrica 2010, que fue la que finalmente quedaría marcada como una de las generaciones más exitosas de Uruguay en los últimos tiempos, luego de haber quedado en el cuarto puesto en la Copa del Mundo y tras conseguir la Copa América al año siguiente.

 

Es necesario recordar a aquella generación, ya que los pocos futbolistas sobrevivientes de aquel equipo son los que hoy sostienen su plantel. De lado quedaron referentes como Diego Lugano, Álvaro Pereira, Diego Pérez, Jorge Fucile, Egidio Arévalo Ríos y, como no, Diego Forlán. Para Rusia 2018, sin embargo, hay cinco jugadores que formaron parte de esa base y que hoy son los líderes y en algunos casos figuras del equipo. Se trata de Fernando Muslera, Diego Godín, Maximiliano Pereira, Edison Cavani y Luis Suárez.

Lo que ha venido ocurriendo es que cada vez van quedando menos de ellos, pero a través de un recambio generacional progresivo y a través del que quien aparece responde y el que se mantiene cumple un rol más protagónico. Godín, por ejemplo, se volvió un Lugano para José María Giménez. Cavani y Suárez hicieron que pocos extrañaran a Forlán y permitieron un cambio de sistema –de 4-3-3 a 4-línea-2- que favorece el surgimiento de nuevos jugadores en la mitad de la cancha, la zona más renovada del equipo de cara al presente Mundial.

Este cambio de grupo se ha dado con relativa tranquilidad y eso es bueno para Uruguay. Poco a poco, los nombres en las nóminas de Tabárez fueron cambiando, el universo se fue ampliando y el resultado es que hoy no sólo haya jóvenes, sino una gran cantidad de futbolistas que juegan al primer nivel y que pueden aportar mucho al equipo.

 

Seguramente serán titulares el lateral derecho de Peñarol Guillermo Varela, Nahitan Nández de Boca Juniors como volante derecho –puesto que en Brasil 2014 ocupó Carlos Sánchez, también en la nómina-, Matías Vecino –de gran año en Inter- y Rodrigo Bentancur de la Juventus al centro, y tirado hacia la izquierda Diego Laxalt de Genoa o el ya experimentado Cristian ‘Cebolla’ Rodríguez. También hay algunos que difícilmente tengan muchos minutos por sus posiciones pero que han tenido buenas temporadas como Giorgian de Arrascaeta, de excelente campaña en Brasil, o Christian Stuani y Maximiliano Gómez, ambos con aceptable producción goleadora en España.

Este nutrido plantel, sumado a un rendimiento que ha venido en alza a comparación de inicios de 2017, y también considerando que Rusia, Egipto y Arabia Saudita son rivales en el papel inferiores, obliga a que Uruguay asuma en la Copa del Mundo el rol que probablemente menos le gusta: el de tener que ser protagonista ante equipos que se le pueden cerrar atrás, sobre todo teniendo en cuenta las propuestas del anfitrión y del ultradefensivo Héctor Cúper en Egipto. El discurso de la garra o el temperamento probablemente no sea el más utilizado por Uruguay en esta ocasión, pero sí tiene las armas y es hoy un equipo con muchas herramientas para complicar a cualquiera.

Rusia 2018 se vislumbra como un torneo algo distinto para la celeste, que por primera vez en mucho tiempo clasificó tranquilo y para el que llega preparado y con buenas sensaciones. Quizás marque, además, el final de un proceso histórico dirigido por Tabárez, pero que sin embargo demuestra intenciones claras de continuidad, con un plantel que se va renovando de a pocos y que en unos años pueda tener nuevos referentes.  

Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.com


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