Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comLos combinados africanos insinúan, pero no llegan a consolidarse como una realidad en la Copa del Mundo. Las cinco selecciones de la CAF quedaron eliminadas a pesar de que unas mostraron más que otras. ¿Cuáles fueron los motivos del estrepitoso fracaso?

Adrián Cabrejo | @adriancabp
Editor

Desde Rusia

Alguna vez Pelé dijo que el futuro del fútbol estaba en África. La realidad es que aún esperamos por una selección de ese continente que se consolide como un combinado serio, que sostiene una línea de trabajo en el tiempo y que consiga resultados auspiciosos en un Mundial.

Lo que el continente africano nos ofreció hasta ahora fueron algunos buenos equipos como la Camerún de 1990, la Nigeria de 1994, la Senegal del 2002, la Ghana del 2010 o la Argelia del 2014, pero ninguno pudo consolidarse en el tiempo. La historia ahora pinta mucho peor porque todos los participantes de la CAF se fueron prematuramente.

Después del fracaso no viene la calma

Es verdad que todas las selecciones africanas quedaron eliminadas en primera ronda, pero unas mostraron una mejor cara que otras. Marruecos y Senegal fueron las que dejaron mejores sensaciones. La primera por su buen juego asociativo y por contar con jugadores interesantes que militan en las distintas ligas europeas, lo que le da un toque distinto. En el caso de los senegaleses, su juego directo y su potencia generaron buenos comentarios.

Ahmed Musa es la figura de Nigeria, pero su presencia no pudo cambiar el destino de la selección. (Foto: FIFA) 

No se puede decir lo mismo de Nigeria, Túnez y Egipto. Las Águilas Verdes fueron una decepción porque llegaban con el rótulo de selección que podía dar la sorpresa, sobre todo por la calidad que podía exhibir algunos jugadores como Obi Mikel, Musa, Iheanacho y Moses. Al final la falta de jerarquía para manejar un resultado los terminó dejando fuera. Pero si hablamos de decepciones, ninguna mayor que la de Egipto.

Los faraones se toparon con la lesión de Mohamed Salah y al parecer entraron en pánico porque sucumbieron en sus tres partidos y se fueron sin sumar punto alguno, pero también deben su mal Mundial a un exceso de pragmatismo por parte de un Cúper que nunca pudo formar un equipo sólido a pesar de que venía de ser subcampeón de la Copa Africana (en parte por la excepcional actuación del portero Essam El Hadary y de Mohamed Salah).

En el caso de Túnez, siempre se trató de una selección combativa que no tenía demasiadas opciones en un grupo complicado. No tiene grandes figuras y tampoco se consolidó como un equipo, lo que disminuyó totalmente cualquier tipo de chances.

Falta de cabeza

Mohamed Salah no llegó en su mejor estado a Rusia. (Foto: FIFA) 

Existe un claro contraste entre las selecciones del norte de África, las de influencia árabe, y las del África subsahariana, las de la denominada África Negra. Mientras los del norte se destacan por contar generalmente con jugadores con una mayor sensibilidad con el balón, las que vienen más abajo lo hacen principalmente por su enorme potencia física.

Pero existe un factor en el que se parecen la mayoría de selecciones africanas, sin importar su ubicación geográfica: la falta de cabeza para sostener un rendimiento importante cuando las papas queman. Nigeria fue el claro ejemplo de esto. Tuvo contra las cuerdas a Argentina, pero fue incapaz de liquidar el encuentro y terminó siendo eliminado en los minutos finales. A Senegal le pasó algo similar porque había neutralizado bien los circuitos de Colombia, pero se dejó estar y acabó fuera por tener más tarjetas amarillas que Japón, selección con la que había igualado en el resto de criterios de desempate.

La cabeza es un factor en el que las selecciones africanas deben trabajar. De nada sirve contar con muy buenos jugadores como Mohamed Salah, John Obi Mikel, Karim El Ahmedi o Sadio Mané, si al final no vas a ser capaz de construir un cuadro sólido que crea en sus condiciones y que plasme todo su potencial en el terreno de juego. Por eso no sorprende que estas selecciones se vengan abajo tan rápido.

Es que no les tienen paciencia

Aliou Cissé ha hecho un trabajo interesante con Senegal. (Foto: AFP) 

Un problema central de las selecciones africanas es la rapidez con la que suelen cambiar de entrenador. Es muy raro encontrar un caso de estabilidad en el que un director técnico se mantiene por un ciclo de más de cuatro años. Esto aplica para las cinco selecciones clasificadas a Rusia 2018. Mientras Egipto y Senegal empezaron a contar con Héctor Cúper y Aliou Cissé en el 2015, el alemán Gernot Rohr asumió Nigeria en el 2016, el mismo año en el que Hervé Renard tomó el mando de Marruecos. En el caso de Túnez, Nabil Maâloul se hizo cargo del combinado nacional en abril del 2017.

Con procesos tan cortos, la mayoría de ellos con entrenadores que asumieron solo para la Eliminatoria, es muy complicado obtener resultados en el primer mundo futbolístico. Incluso ya se conoció que Egipto decidió no renovarle a Héctor Cúper tras la flojísima participación de los faraones. Tampoco debe sorprender que otras selecciones les sigan los pasos.

En términos formales se puede decir que la única selección que sigue una línea es la senegalesa. Aliou Cissé primero fue asistente en la Sub-23, luego pasó a ser entrenador principal y tras esa experiencia se hizo cargo del combinado absoluto. Curiosamente Senegal fue la que estuvo más cerca de avanzar a octavos de final, y fue la que mejor juego mostró.

Vaya y mejore

Marruecos tuvo un grupo muy complicado, pero perder con Irán fue catastrófico. (Foto: AFP) 

El cambio en el fútbol africano solo llegará cuando las selecciones obtengan la estabilidad que tanto necesitan para sostener procesos, pero sobre todo para saber qué es lo que quieren. Marruecos y Senegal parecen tener clara una identidad y eso es una ventaja de cara al futuro, pero deben darle continuidad a esa idea para que el siguiente paso no sea solo la participación mundialista.

De nada sirve contar con jugadores desperdigados por las principales ligas europeas si al primer fracaso van a cambiar todo de golpe. Las selecciones africanas necesitan orden, estabilidad y trabajo mental para salir al campo con la idea de que pueden conseguir cosas importantes. Mientras trabajen pensando solo en lo inmediato entonces continuaremos viéndolas ser los eternos candidatos que se estrellan.

Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.com
Fotos: FIFA, AFP


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