Composición fotográfica: Víctor Sierra / DeChalaca.comLa selección peruana escribió la página más brillante de su historia en su retorno a los mundiales tras 40 años. Los de Didí, con todo en contra, consumaron una remontada épica para vencer 3-2 a Bulgaria. En un día aciago para el país, la blanquirroja regala esperanza de clasificación.
    Diego Rodríguez | @diroda86
    Redactor

¿Quién podría haber pensado que el regreso a una Copa del Mundo después de cuatro largas décadas entrecruzaría tantos sentimientos? ¿Quién escribe la historia, fría y ajena a los designios del mismo tiempo, para volverla tan repleta de circunstancias inesperadas y al final tan calientes como el sol de la ciudad de León, a más de 4,500 kilómetros de ese epicentro de nuestro dolor más profundo de las últimas horas?

Por un lado, en la cancha, nada pudo ser más feliz. Los once -o trece, ahora que felizmente los cambios son oficiales en el fútbol- de Didí lograron su primera victoria gracias a un 3-2 producto de una remontada épica que ratificó el mejor estilo del fútbol peruano: ese que hace tres décadas y media brilló en Berlín y, así como para finlandeses y austriacos, ahora fue incontrolable para Bulgaria.

Por el otro, en los diferentes rincones de ese país que escucha por radio o tiene en casos la suerte de ver por televisión a sus ídolos defender a su tierra al norte de América, se llora y se sufre por las víctimas de ese incontrolable fenómeno natural que, parecía estar indicado, tenía que bañar de sufrimiento estas horas de por sí históricas. Bastará contar que Teodoro Fernández, el máximo goleador de la historia de la selección, consiguió llegar a México para acompañar a la blanquirroja en este hito gracias al auspicio de una línea aérea; pero enterado como muchos de los peruanos presentes en tierras aztecas de la catástrofe en el país, 'Lolo' optó por no tomar el bus del Distrito Federal a León para espectar el partido. Su prioridad era buscar un avión para regresar a Lima y de allí a Cañete a reencontrarse con los suyos.

En defensa, Perú no la tuvo fácil ante los duros búlgaros. Aquí Fuentes sale con balón dominado. (Foto: Pinterest) 

Los que no pudieron dar la vuelta y poner el pecho fueron los que vistieron de camiseta alterna roja, por similitud con la blanca de los búlgaros. Y si los peruanos vestían un crespón negro y le pedían al árbitro Antonio Gabardella un minuto de silencio, los de Europa Septentrional también guardaban un luto importante en el interior de sus seres. Georgi Naydenov, el mejor arquero de su historia y quien defendiera su portería en los dos mundiales anteriores, falleció el último miércoles 28 de mayo en Damasco, durante una gira con el Maritsa Plovdiv, club al que dirigía. La noticia llegó a los oídos de los dirigidos por Stefan Bozhkov, sobre todo por la polémica desatada por las quejas de la familia, que culpa al gobierno búlgaro de un supuesto envenenamiento por una discusión que el exgolero habría sostenido con un funcionario público por oponerse a la fusión de los clubes Levksi Sofía y Spartak Sofía.

Como fuere, el partido irradiaba dolor por todas partes. Y por eso quizá ambos equipos se volcaron sobre el césped del 'Nou Camp' de León como fieras heridas. El estadio apoyaba mayoritariamente a los de Didí, aunque con respeto por un rival que ya en México -con un plantel bastante distinto, hay que decirlo- cosechó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de hace dos años-. Que apelaba a una táctica ordenada que le permitiera causar metódicamente desequilibrio: lenta defensa, pero veloces punteros.

Ese libreto le permitió a Bulgaria ponerse en ventaja relativamente temprano. En momentos en que Perú había llegado más y hasta intentado con algunas de esas escapadas de Alberto Gallardo que siempre buscan el arco desde el ángulo que sea, Dinko Dermendzhiev logró avivarse a la salida de un tiro libre. Una jugada de laboratorio, de libro de texto que dejó estupefactos a Héctor Chumpitaz y Orlando de La Torre, parados como el resto de la barrera. Una desventaja que se hizo más patente con la lesión de Eloy Campos, quien al parecer se dobló el tobillo en una proyección por derecha hacia los 20 minutos de juego, por lo que 9' luego le acabó dejando su lugar a Javier Gonzales.

La postal del grito de Gallardo en la red tras el golazo de Chumpitaz. Imborrable. (Foto: libro Goles con Historia, Teodoro Salazar Canaval) 

Con Pedro Pablo León algunos metros alejado del arco y Teófilo Cubillas intentando construir juego para llegar al área rival, se le fue a Perú un primer tiempo desfavorable en el marcador pero no del todo en un trámite que dominaba. Por eso Didí decidió quemar su segundo cambio rápido, sin titubeos. Retiró a Julio Baylón -de opaco partido- y mandó a Hugo Sotil. El joven puntero de Deportivo Municipal no se amilanó y desde el comienzo marcó diferencias por sus conocidos amagues: Dimitar Penev, el lateral izquierdo búlgaro, empezó a sufrirlos en especial.

Pero el que también sufrió, una vez más, fue Perú. Y mucho. Porque un nuevo balón parado se encontraría con una nueva licencia, y de tamaño mundial como el torneo. Desde unos 25 metros, Hristo Bonev pateó fuerte y recto al medio del arco peruano. Luis Rubiños se movió hacia el balón y, tocándolo con las dos manos, no pudo atenazarlo y lo mandó él mismo adentro de su pórtico. Error infame del guardameta, que como acostumbra atajó sin los guantes que otros porteros ya lucen en esta Copa del Mundo.

Así, en 50 minutos la imagen del equipo peruano era de uno descompensado: repleto de frescura y entusiasmo, pero también de inexperiencia. Es en esos momentos duros, terribles como los que vive el país, que necesariamente tienen que aparecer quienes poseen el mayor peso y recorrido. No pasó un solo minuto desde el gol búlgaro para que Alberto Gallardo les recordara a todos en León por qué un emisario del Milan llegó hace unos años a La Florida para llevárselo a Europa. El 'Jet' no hizo más que lo que mejor sabe: pelear el balón y patear al arco; desde donde sea y como sea, pero al arco. Gol no muy vistoso, pero sí lleno de coraje; gol gritado con rabia y con el alma. Descuento clave para ir a pelear por no perder y primera celebración peruana en Copas del Mundo desde aquella del ingeniero Luis de Souza Ferreira en la desaparecida cancha de Pocitos contra Rumania en 1930.

La precisión de Cubillas para mandarla adentro a la carrera y sellar el tercer gol peruano. (Foto: libro 'Goles con Historia', Teodoro Salazar Canaval) 

Lo que sucedió en los 17 minutos siguientes quedará en la memoria de todo peruano que haya visto este partido y en la de las generaciones que los sucedan y lean lo que aquí se escribe. Porque fue la mejor expresión de Perú, país arruinado por designios de la naturaleza pero que nunca se derrumba. Puede resbalarse, como Héctor Chumpitaz al ejecutar su tiro libre; pero igual consigue su objetivo. El golazo del 'Granítico' a rastrón y el festejo enfurecido de Gallardo, casi llorando en las redes, son la mejor metáfora de las sensaciones y el necesario desahogo para estas horas.

Como se indicó, la presencia de Sotil fue clave. Como en el amistoso de verano en que le marcó tres goles a los búlgaros, el 'Cholo' desequilibró como quiso; intentó por su cuenta y permitió también que Cubillas se soltara y manejara los ataques peruanos junto al capitán Chumpitaz, que tenía plena libertad para sumarse al ataque. El 'Nene' lo buscó una vez y pasó cerca; lo intentó otra vez y se fue encima del travesaño. Sotil también tuvo la suya: la atajó Simeon Simeonov. Pero como toda esta maravillosa historia, parecía estar escrito que quien portara la '10' tenía que rubricar la hazaña. Cubillas no lo hizo solo: le tiró la pared a Ramón Mifflin, quien había cometido las dos faltas previas a los goles búlgaros. El 'Cabezón' contaría a la salida del estadio que no miró al 'Nene': sabía por dónde se iba a perfilar. Pase certero y entrada mágica; disparo a la salida de Simeonov. Éxtasis rojo y blanco.

La sonrisa de Cubillas, con los dientes de conejo afuera, es la única que el país se ha permitido esbozar en las últimas horas. Pudo haber un cuarto tanto, pero Sbardella se lo anuló a Sotil por posición adelantada. Bulgaria quedó muy golpeado por el tercer gol y salvo una escapada de Petar Zhekov que no asustó a Rubiños, no tuvo en realidad opción de reaccionar. Los lulovetes -leones en búlgaro-, como en los dos mundiales anteriores, no pudieron ganar y tendrán que buscar lo imposible ante Alemania Federal; sucede que los únicos a quienes estaba permitido rugir en León era a los hijos de Didí, designados por la historia para rescatar a 13 millones de peruanos de la tristeza y alzarse ante la desgracia, como quien mira a lo alto del Huascarán para gritar que está vivo y nunca se dará por vencido.

Los Goles

Fotos: Tugmug Escate / DeChalaca.com


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La ficha del Perú 3 - Bulgaria 2

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