Ilustración: Lenin Auris / DeChalaca.com

Es un torpedo, pero no es de Moscú. Proviene de Kiev, capital de una de las repúblicas soviéticas más prósperas e importantes: Ucrania. Ha jugado toda su carrera por el Dinamo de su ciudad, club al que guió a un tricampeonato entre 1966 y 1968; y desde detrás de la cortina de hierro, logró a punta de goles ser nominado para recibir el Balón de Oro en 1967.

Todas esas credenciales que a veces pasan desapercibidas en el mundo occidental son las que presentan al fantástico Anatoly Fedorovich Byshovets (Kiev, 23 de abril de 1946). Jugador potente, rápido e inteligente; que causa zozobra como conductor de juego y también como tipo que encara a los arcos rivales. En el Azteca, ante los ojos del mundo y sobre todo de los mexicanos, que ven en él al prinicipal obstáculo del Grupo A que comparten en su Mundial, se despachó con dos golazos -en los que hizo gala de su potentísimo remate- en el arco del belga Christian Piot para avisarle al planeta que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas es uno de los importantes candidatos para pelear por el título en esta Copa del Mundo.

Su ascendencia sobre sus compañeros es importante: por algo lleva la '10' y asume un importante rol de liderazgo especialmente necesario ahora que Lev Yashin mira los partidos desde el banco. Con esa personalidad, no sorprenderá verlo en un futuro convertido en entrenador o, quién sabe, incluso dirigente de fútbol: son transiciones que en el espectro comunista pueden darse con mayor frecuencia. Por ahora, tiene la oportunidad de que ese otro planeta al que no le resulta tan fácil saber lo que sucede en la URSS y sus satélites se entere de Byshovets y su magia.

Ilustración: Lenin Auris / DeChalaca.com


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