Ilustración: Lenin Auris / DeChalaca.com 

Su apellido es largo, casi tanto como su estampa cuando se erige en el área y la pisa con firmeza. Porque sin ser demasiado alto (mide 174 centímetros), su presencia se impone y gana espacios para liquidar. Es de esos delanteros que no solo anotan: hace también que otros lo consigan. Lo sabe su socio Luigi Riva, a quien conoció en su destierro en el Cagliari y al que ahora, satisfactoriamente, reencuentra con la azzurra en el pecho.

Pasa que para Roberto Boninsegna (Mantova, Italia, 13 de noviembre de 1943) nada ha sido fácil en el fútbol. Canterano del Inter, no encontró lugar en el rico plantel de Helenio Herrera de mediados de la última década y por eso se marchó a buscar continuidad en la Serie B. Debutó en el Prato y pasó por el Potenza; sus condiciones llamaron la atención del Varese, que le dio la oportunidad de debutar en la elite del Calcio. Y así llegó en 1966 al Cagliari, con el que -luego de un breve paréntesis en el exótico Chicago Mustangs de Estados Unidos- pudo gestar con 'Gigi' Riva la conquista del Scudetto del año pasado. Eso fue suficiente para que del lado neroazzurro de Milán le llegara el telegrama de vuelta para pedirle il ritorno.

Y allí anda Boninsegna, elevándose en las áreas rivales con la camiseta que alguna vez fue de Giusseppe Meazza. Le dicen 'Bonimba' porque es más breve forma de llamarlo y así se ha hecho famoso en el Calcio. A veces lo critican por exceso de individualismo, y quizá sea eso lo que a veces le permita intentar el gol con disparos antojadizos como el que abrió la cuenta en el arco de Sepp Maier. Pero también puede refutar que habilita, como en los goles de Riva y Rivera. Y que por eso, su largo apellido podrá quedar inscrito como el más destacado del que ha sido -y quién sabe por mucho será- el mejor partido de la historia de los Mundiales.

Ilustración: Lenin Auris / DeChalaca.com


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