Foto: AFPZenit buscó la hazaña en el Westfalenstadion, pero al final su receta solo le sirvió para despedirse con honores. Pese a ganar 1-2 al Dortmund, el equipo ruso quedó al margen ante un BVB que avanzó a cuartos y que liquidó la llave con el empate transitorio de Sebastian Kehl.

 

Para muchos, esta llave parecía de trámite. Dortmund se había impuesto con autoridad en San Petersburgo e iba apelar a ello para redondear su clasificación a cuartos, como ha ocurrido en casi todos los partidos de octavos de esta Champions que tiene a los líderes de la fase de grupos en la siguiente instancia del torneo. Pero probablemente no contó con un Zenit que no había perdido la ambición y que le encaró el partido como un gigante herido que aspira poner las cosas en orden. Eso fue lo que demostró el equipo ruso en los 90', y si bien en el saldo global no le alcanzó, dejó atrás la imagen de equipo vulnerable -como ocurrió en los primeros minutos en el Stadion Petrovski- y regaló buen fútbol.

Por eso no sorprendió que Sergei Semak, el técnico del equipo visitante, disponga de una conformación bastante ofensiva, pero que siempre tomó sus precauciones en el Westfalenstadion. De hecho, empleó un 4-2-3-1 que tuvo a Danny y a Hulk como hombres que hacían el recorrido por los extremos, pero que de manera perspicaz se las ingeniaban para anexarse en el centro del ataque y conjugar con el buen pie de Shatov o el aporte incalculable de Fayzulin y sobre todo el del belga Witsel, uno de los jugadores que mejor representa el propotipo del volante moderno: con mucho desplazamiento en ataque y defensa y que contagia a su equipo para que nunca baje los brazos. Esa, pues, fue la expresión colectiva del Zenit: la de un equipo peleón, enemigo absoluto del trámite, y que asustó a los presentes con el golazo del brasileño Hulk.
Toda la fuerza de Hulk le sirvió para abrir el camino del triunfo del Zenit en Alemania aunque la derrota igual le sirvió al Dortmund para clasificar (Foto: AFP)
No obstante, aquel 0-1 levantó a un Dortmund que aún se muestra distante de aquel que rozó la gloria en la edición anterior de la Champions, porque sigue echando de menos a los lesionados Gündogan y Błaszczykowski (hoy tampoco alineó a Reus), y esta vez no estuvo fino con las sociedades que debieron de formar Sahin, Grosskreutz y Mkhitaryan: por eso es que muchas veces Lewandowski tuvo que retroceder metros para congeniar con el balón. Lo de los hombres de Klopp, pues, fue más impetu, algo que quedó muy bien plasmado en el trabajo que desarrolló Aubameyang por toda la franja derecha: si Zenit tuvo a Witsel como abanderado, Dortmund se mostró más lúcido cada vez que el gabonés se lanzó al ataque e hizo padecer al italiano Criscito.

Y si bien Aubameyang no pudo anotar un gol, Dortmund entendió que la mejor vía para encontrar el contacto con las redes era a través del juego aéreo (de hecho el africano había errado una acción increíble en el arranque del partido). Y así fue como apagó el incenció con un notable cabezazo del capitán Kehl, que estableció el 1-1 que trazó un antes y después en el trámite. Sí, porque Zenit ya no volvió a ser el mismo equipo ambicioso: tuvo menos espacios y solo apeló a algunas grietas para lanzarse al ataque. De más está decir que, bajo esa figura, encontró el 1-2 gracias al cabezazo del venezolano Rondón (en los pocos minutos en cancha hizo más que Kerzhakov), pero que igual ya no servía para la heroica porque el reloj era el principal enemigo de los rusos.

Al final, no hubo hazaña ni papelón: clasificó Dortmund, como lo sugerían las apuestas, y Zenit se marchó con la frente en alto; ergo, limpió su imagen. Y de lo que nadie se puede quejar es que en esta llave, como también ocurrió a kilómetros de distacia en Old Trafford, hubo emoción de principio a fin.

Fotos: AFP

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