Foto: AFPEl Real Madrid volvió a pasearse ante un rival alemán. Ahora goleó 3-0 al Dortmund en el Bernabéu y se cobró revancha del baile del año pasado en un partido de un solo lado y en el que ni siquiera tuvo necesidad de apretar el acelerador.

 

Bale para Ronaldo, Ronaldo para Bale. Bale para Modric. Modric para adelante. Isco para Benzema. Benzema que intenta. Después del saque de meta, Xabi Alonso que recibe y administra. Carvajal que sube y hace el pase en callejón. Isco para Bale, Bale para Ronaldo, Ronaldo para Bale, Bale para Isco. Isco que mira a Benzema. Isco que decide patear. Y según cuán preciso esté para vencer a un estupendo arquero, será gol. En caso contrario, seguirá el runrún.

Lo que usted ha leído no es el relato de un tiki taka barcelonista: es el Madrid de Carletto. Y la diferencia fundamental es que no se trata de un toque corto y buscado ex profeso, sino de pases generalmente largos y no necesariamente veloces. Un poco de fulbito con tintes de escuela inglesa por los cambios de frente, y con una manija -Isco- que en vez de cargar con el peso del equipo encarna el rol del distribuidor que sabe cómo hacer que otros con más cartel y obligaciones, como Ronaldo y Bale, soporten el peso del partido y jalen las marcas para que él ¡pum! la pueda mandar a guardar.
Real Madrid resultó muy superior a lo que el Dortmund podía ofrecer y selló su goleada con un tanto de su goleador Cristiano Ronaldo (Foto: AP)
¿Y en toda esta historia, se preguntará el lector, dónde encajan los alemanes? Pues bien podría omitírselos porque, salvo Weidenfeller, en el Bernabéu el vigente subcampeón de Champions decepcionó, y feo. El Dortmund, azotado por sus seis bajas por lesión, fue presa de impotencia en la zaga central -huecos groseros en los goles de Bale y Ronaldo-, en los laterales - Drum hizo que la camiseta de Schmelzer le quedara como si fuera una extra extra extra large-, en primera línea -con Kehl y sus veteranos galones impotentes ante los fantasmas del joven Gündogan-, en segunda línea -con Mkhitaryan desubicado de lanzador- y en el ataque -¿por qué no Mkhitaryan de punta neto, Jürgen?-. Perdió en todas las líneas, superado de cabo a rabo, en lo individual y en lo colectivo. Fue, de modo increíble, un aplastamiento de un nivel de brecha aún mayor que el baile que el año pasado el Dortmund le pegó al Madrid.

Así las cosas, la vuelta difícilmente asome como para un escenario distinto. Pero esto es Champions, diríase por lo general. El tema es que estos partidos que el Madrid viene jugando contra rivales alemanes no parecen de Champions, sino de esos que rellenan la Liga. Es una superioridad incuestionable: por billetera o por fútbol, qué más da, pero no admite discusiones. Que a quienes preferimos el fútbol parejo eso nos desagrade, es nuestro problema. Al final el que gana por estos días -y quien sabe si hasta mayo en Lisboa- es el que viste de merengue.

Fotos: AFP, AP

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