Recorte: La Crónica, 20/03/53

Las siguientes líneas cuentan la única vez que Brasil se fue derrotado de Lima. Como en la actualidad, no eran días gloriosos para el balompié nacional. La selección llegaba con múltiples problemas. Las críticas de la prensa arreciaban. Campeaba la desorganización. Y aun así, el gol de Luis Navarrete sirvió como bálsamo. Era el Sudamericano de 1953 y Perú ganó 1-0.

 

No todo tiempo pasado fue mejor. La precariedad, muchas veces, suele reflejarse en el espejo de lo pretérito. Terminaba el verano de 1953 y Paraguay organizaba el Sudamericano en Lima. Sí, en Lima. Al no contar con infraestructura básica, el torneo tuvo que mudarse a la capital peruana. Abría sus puertas el flamante Estadio Nacional. Se congregaban los vecinos de la región. La fiesta se resentía con la ausencia de Argentina, Colombia y Venezuela; como contraparte, Brasil pisaba por primera vez un gramado limeño. Y la selección peruana sufría severos dolores de cabeza.

 

Cook y Fernández Roca, la dupla técnica de Perú en el Sudamericano del 53, tuvieron múltiples desencuentros (Recorte: La Crónica, 06/03/53 edición de la mañana p. 24)El mundo estaba en otra. El derrame cerebral que había sufrido Joseph Stalin se encargaba de monopolizar el interés de los diarios. El Comercio emitía en sus dos ediciones del día minuciosos reportes cablegráficos sobre el estado de salud del líder soviético. Con su muerte, el día 5, algunos intelectuales y políticos, sobre todo odriístas, vaticinaban el principio del fin del comunismo. La prensa deportiva, no menos ideologizada, especulaba sobre la salida del técnico de la selección peruana, el anglosajón William Cook. O Mr. William Cook, dicho mejor y con todo respeto.

 

Una derrota inaugural ante Bolivia (0-1) en el primer partido disputado por la selección en el nuevo estadio Nacional (que unos meses antes había mutado para siempre de  la madera al cemento) había atizado la indignación colectiva. La Crónica sentenciaba que el equipo peruano había tenido “el más grave desastre en su historia futbolística”. Bueno, hacían prensa, no futurismo. Las cosas tampoco mejoraron en el encuentro contra Ecuador. Ganó Perú 1-0 con gol de Villamares, pero las inquietudes se agudizaban. “La victoria angustiosa sobre Ecuador ha dejado en pie la desfavorable performance del equipo”, apuntaba El Comercio en su edición vespertina del 2 de marzo.

 

Por ello, la dirigencia optó por un viraje y contrató como asesor técnico al argentino Ángel Fernández Roca, quien ya había dirigido al seleccionado nacional a principios de los cuarenta. Con ello, el comando técnico quedó conformado por un triunvirato: Cook, Fernández y el preparador físico Roberto Michelena. La designación del entrenador rioplatense hizo que hasta El Comercio abandonara su habitual solemnidad: “¡Por fin acertaron los dirigentes!”, opinó.

 

Arriba, los brasileños Julinho y Baltazar salen escoltados por la policía. Abajo, el capitán Guillermo Delgado festeja el triunfo con los hinchas; tuvo duras disputas con la dirigencia de entonces (Recorte: La Crónica, 20/03/53 edición de la tarde p. 5)Seguía la crisis, sin embargo. Llegó un empate sin goles ante Chile. El cuestionamiento se volcó esta vez, como de costumbre, sobre los delanteros. Ya la ineficacia frente al arco asomaba como marca indeleble del balompié nacional. Entretanto, Brasil concitaba la atención de la prensa, sobre todo tras golear a Bolivia por 8-1. Aún faltaban semanas y rivales a enfrentar antes de toparse con los cariocas, pero el partido se vivía de forma anticipada. Para matar el tiempo, los brasileños realizaron algunos partidos de práctica ante equipos locales. Así constó, por ejemplo, en el siguiente aviso publicado en la página 20 de la versión matutina del diario El Comercio del 3 de marzo:

 

Club Atlético Chalaco. La Dirección Deportiva cita para hoy martes 3 a horas 3.00 p.m. al Estadio Nacional a los jugadores y suplentes del primer equipo con el fin de realizar un partido de práctica con la selección brasileña: siendo el lugar de ingreso la Puerta Sur”. Difícil saber si todos los integrantes del ‘León Porteño’ se dieron por enterados, pues al día siguiente se consignó que el Chalaco había perdido 3-0 ante los suplentes brasileños en un partido que apenas había durado 50 minutos. Por el contrario, los titulares sí sostuvieron hora y media de fútbol, la misma tarde, frente al Ciclista Lima. 8-1 fue el resultado final. Ganó Brasil, por si acaso.

 

Los ánimos en el seleccionado se crisparon, paradójicamente, luego del partido ante Paraguay el 8 de marzo, once días antes de enfrentar al Scratch. Resumiendo, esto fue lo que ocurrió en el juego ante los guaraníes: Perú ganaba 2-1 hacia los 36 minutos del segundo tiempo. En ese instante, por motivos no explicitados, un jugador peruano cayó tendido sobre el gramado. Los futbolistas paraguayos se acercaron al árbitro, Mr. Maddison, para increparle por algún fallo que tampoco se explicó. Acto seguido, le informaron que abandonarían el terreno de juego y el juez concluyó el partido. Los peruanos regresaron al vestuario, mas no sus pares. Bajaron al campo los dirigentes paraguayos e intercedieron para que el partido se reanudara. Ya duchados y risueños, los jugadores peruanos se toparon con un dirigente de apellido Valdivia, que los conminó a vestirse nuevamente y regresar a la cancha, aún pese a la oposición del técnico Fernández. Cinco minutos después de reanudado el juego, Paraguay empató. La prensa fue implacable. La Crónica abrió su edición vespertina del día siguiente con el siguiente titular: “Crimen en el fútbol”, y editorializó que “una vez más pedimos que se vayan a su casa los dirigentes. Lo sucedido no tiene nombre. Desde cuándo nos ponemos a regalar puntos”. Cabe señalar que era 1953 y Manuel Burga no había nacido, así que, al menos en este caso y salvo mejor parecer, queda libre de toda sospecha.

 

Toma frontal del gol de Navarrete. Como se aprecia en la foto, los brasileños utilizaron una indumentaria oscura. Posiblemente fuera su uniforme alterno, de color azul (Recorte: La Crónica, 20/03/53 edición de la tarde p. 8)Aunque los puntos finalmente le fueron dados a Perú (curiosamente no por la paralización del encuentro, sino porque el técnico guaraní Fleitas Solich realizó cuatro cambios durante el partido, hecho que el periodismo omitió), el partido ante Paraguay dejó graves estragos en la interna del seleccionado. El primero lo constituyeron unas declaraciones del capitán Guillermo Delgado, que aseguraba no había orden en el equipo debido a la conducción bicéfala, que en realidad era tricéfala. “Nos dicen cosas distintas, uno nos dice que juguemos por derecha, el otro por izquierda, el otro hacia arriba”, declaró el popular 'León de José Díaz'. Se refería, naturalmente, a Cook, a Fernández y a Michelena que, pese a ser solo preparador físico, también metía su cuchara. Para colmo, Cook ni siquiera hablaba español, contando con un traductor que respondía al nombre de Roldán Cobilich. De paso, Delgado se animó a revelar que el dirigente Valdivia, el mismo que los había obligado a volver al gramado en el partido con Paraguay, los había tratado groseramente en los camarines. Al día siguiente, el capitán fue obligado a rectificarse, y lo hizo mediante carta pública, pero ya todo estaba dicho.

 

Lo peor, sin embargo, estaba por venir. Mr. Cook se ausentó un par de días de los entrenamientos del seleccionado sin justificación alguna. Al reincorporarse, ordenó un partido de práctica y cuando se llevaban 23 minutos del mismo, apareció el argentino Fernández, detuvo el juego y le ordenó al inglés dedicarse exclusivamente al trabajo calisténico de los jugadores. Fue el último de sus cortocircuitos. Cook fue suspendido por la Federación por dos partidos, es decir, el número de encuentros que le faltaba disputar a la selección. Peor no podían marchar las cosas. Y venía Brasil.

 

En esta imagen puede observarse el gol desde atrás del arco, así como la celebración de Navarrete (Recorte: La Crónica, 20/03/53 edición de la tarde p. 8)Y llegó el partido. Fernández Roca mandó a la cancha a Rafael Asca; en defensa, Allen y Guillermo Delgado; en la volante Joe Calderón, Villamares y Cornelio Heredia; arriba, el quinteto estuvo integrado por Gilberto Torres, ‘Tito’ Drago, ‘Toto’ Terry, Guillermo Barbadillo y Luis Navarrete. Este último era, probablemente, el jugador con menos aprecio entre hinchada y periodismo. “Todos, excepto Navarrete, actúan con inteligencia y decisión”, apuntaba El Comercio. Alguien podría considerarlo un precursor de Pizarro. Y se coincidiría con tal criterio, salvo por el pequeño detalle de que Pizarro juega en el Chelsea y Navarrete era apenas un empeñoso puntero del Deportivo Municipal.

 

Pero llegó el minuto 62 del enfrentamiento ante Brasil y, predestinado, Navarrete tocó el cielo, de forma breve pero consistente. 35 metros recorrió un balón lanzado de sus pies para enredarse en la valla de Castilho. Y aprovechó su celebridad para contarle su gol al diario La Crónica, relato que de seguro deben haberse aprendido de memoria sus hijos, nietos y bisnietos: “Recibí un pase de Tito (Drago) y me atreví a realizar lo imposible. Dribleé a Nilton Santos, el back que me marcaba y a Ely Do Amparo que me salió al encuentro. Cambié de pie, oí que alguien dijo “pásamela” pero pensé que Castilho, el arquero, no iba a imaginar mi jugada característica (sic) y mi asombro fue mayor cuando de las tribunas sentí el grito de gol”. Navarrete no vio su gol, porque la defensa brasileña jugaba tan cerrada que “me impidieron toda visual. Me sentí morir cuando Tito dio un salto tremendo para abrazarme. Los dos caímos al suelo. Después vinieron todos mis compañeros a felicitarme. Algunos hasta me besaron”. Sobre esto último no dio nombres y no se harán mayores indagaciones para evitarle a estos ídolos del ayer una vejez con sobresaltos.

 

A la izquierda, Cook felicita a Navarrete por su gol a Brasil. A la derecha, éxtasis pleno de fanáticos de los cincuenta (Recorte: La Crónica, 20/03/53 edición de la tarde p. 1)Al término del partido, el camarín peruano recibió una visita inesperada: Cook atravesó la puerta. Saludó a los jugadores y, olvidando sus británicas maneras, derramó algunas lágrimas. Los jugadores ovacionaron al Míster. Ellos lo querían, el resto no. La prensa tampoco. “Perú le ganó a Brasil y a Cook”, comentó un diario.

 

Como en aquellos tiempos el fútbol era solo eso y el dinero no sobraba, algunos hinchas se organizaron y realizaron una colecta para premiar a los jugadores. No se sabe si aquello rindió frutos o si convocó suficiente entusiasmo, sobre todo cuando nueve días después se cayó 0-3 ante Uruguay y los paraguayos acabaron consagrándose como campeones y anfitriones en casa ajena. Lo único cierto es que los jugadores recibieron dos mil soles cada uno como premio por el triunfo sobre Brasil y aquello les alcanzó para invitarle un almuerzo a Víctor Morón Muñoz, jefe de la concentración, en el restaurante La Selva. Y aquel agasajo fue el corolario de la primera, la última y la única vez que Perú le ha podido ganar a Brasil en Lima.

Comentarios (1)add
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escrito por LUIS JESUS , agosto 20, 2010
Este sudamericano de 1953 fue un torneo muy parejo. Lo curioso es que Peru no lo gano porque previamente había perdio 0-1 con Bolivia y se quedó con 7 puntos empatado con Chile y Uruguay, como Brasil y Paraguay terminaron con 8 puntos en la Tabla general desempataron en otro partido, como ya sabemos los paraguas se llevaron el título.
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