Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comEl 'Maracaná' abdicó ante el Rey de Copas. Un Flamengo acelerado y abrumado por las circunstancias adversas no pudo pasar del 1-1 ante un Independiente que ratificó que la casta en el fútbol no tiene parangones. El título de la Sudamericana consagra un proyecto, más bien, exitoso ante la adversidad: el de Ariel Holan.

    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

¿Por qué en un duelo de abolengos Independiente se mostró como un equipo de mayor casta copera que Flamengo?

No ocurrió en función de algún palmarés; sí de presentes, diferenciables a partir de la cara ante la mala circunstancia. Flamengo, si bien por ímpetu apretó el arco de Martín Campaña con persistencia, lo hizo con muy poco método. El mejor reflejo de eso fueron las dos chances claras que, en la recta final, procuró Réver, un zaguero central al que le sobró tanto coraje como a algunos de sus compañeros pero que tuvo cabeza un poco más fría que varios otros, excesivamente acelerados.

Y estaban así en filas rubronegras por la suma de todo lo que andaba mal por casa: no contar con su máximo referente y goleador -Paolo Guerrero- y tener que apelar al cuarto arquero -César- por tener lesionados a los otros tres. Cuando al joven guardameta se le resintió un dedo, en el Jornalista Mário Filho pareció respirarse un hastío por tanta mala pata junta, y no precisamente por alguna de conejo que haya llevado consigo Manuel, el tan folclóricamente mentado brujo que acompaña a Independiente.

Por el lado del 'Rojo', más bien, se vio buena, madura y sobria cara. Ante todo, frente al hostigamiento denunciado las últimas 24 horas por parte de aficionados locales y, en muchos casos, de comunes delincuentes. A Independiente tanto bullying pareció más bien engrandecerlo, empoderarlo. La camiseta esta vez fue blanca y el escudo, aquel de la primera época del club; pero sudó sangre y sudor para que al final llegaran las lágrimas.

El gol de Ezequiel Barco determinó el título de Independiente en el mismísimo 'Maracaná'. (Foto: AFP) 

Claro que para eso, el equipo de ese hombre metódico y trabajador llamado Ariel Holan argumentó algunas de las armas que lo fueron convirtiendo, en el curso de esta Sudamericana, en candidato principal a ganarla. Tuvo la solidez defensiva de la que su rival careció, con baluartes como el venezolano Fernando Amorebieta o el lateral y capitán Nicolás Tagliafico, revestido del caudillaje que alguna vez lució por la misma banda -y con la misma banda- un tal Ricardo Elbio Pavoni. Volvió a sus fuentes en un mediocampo que del talento viaja hacia el linaje, y para eso qué mejor que hacerlo en un Barco como el de Ezequiel; alguien que no es otro gran Ricardo ni apellida Bochini, pero al que le sobra magia para regalar. Que ha encontrado en Maximiliano Meza una inyección de agresividad inteligente que resulta letal en momentos como en el gol decisivo de la ida o el aun más determinante que igualó la vuelta. Y que en punta tiene en Emmanuel Gigliotti a un tipo que, con mayor puntería algunas veces que otras, garantiza tener preocupado al rival de manera relativamente constante.

Todo eso, en agregado, edifica una propuesta convalidada por la historia y el abolengo de un club acostumbrado a ganar. Así haya sabido irse al descenso, en una comprobación más de esa teoría ultrademostrada de que irse al fondo más profundo sirve para reconstruir y repotenciar. Lo sabe bien una mitad de Avellaneda, esa que hoy navega en Barco por un mar de vino rojo al que copas le sobran.

Los Goles

Fotos: EFE, AFP


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La ficha del Flamengo 1 - Independiente 1

 

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