Vallejo se fue al descenso por segunda vez en su historia al caer 2-0, sin atenuantes, contra Real Garcilaso en el Cusco. El 'Poeta' dijo adiós dejando la postal de su verso más triste: el de un equipo desanimado, con pocas agallas y nula convicción acerca de qué y por qué peleaba en un partido decisivo.
    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

No fue en París, tampoco con aguacero y ni siquiera un jueves.

El deceso del 'Poeta' ocurrió en el Cusco, bajo un sol abrasador y un domingo. Día de fútbol y, para la Primera División, ya no más de poesía. Día del cual nadie pareció tener ya el recuerdo, pues aunque los descensos -a diferencia de muchos de los decesos- no se explican solo por la fatalidad del momento final, sino por los males que van germinándose a lo largo de una (mala) campaña, pocas veces se vio a una Universidad César Vallejo tan apocada, capaz de tan poco, carente de vergüenza deportiva y entregada anímicamente al capricho de su verdugo con nombre de escritor, Real Garcilaso.

César Vallejo ha muerto y le pegaban todos sin que él le hicieran nada. Por ejemplo, el paraguayo Carlos Neumann, con ese latigazo a 7' del final inatajable incluso para el mejor Salomón Libman, el único nombre que puede exigir derecho a purgatorio a la luz de lo expuesto por los suyos en este descenso al infierno. Le pegó también, no con un palo ni duro pero sí con un centro pasado al segundo palo y con mucha más misericordia, Jhoel Herrera, quien acabó celebrando luego de que ninguno de los de naranja fuera capaz de interponerse ante un balón tan inofensivo. Esa fue la soga que atestiguó la agonía de un 'Poeta' que no pudo sacársela de encima ante la ambición de un rival sabedor de que necesita sumar todo lo posible antes de que alguna nueva peripecia en mesa busque comprometerlo con la baja con que esta vez condenó a su rival.

Y en estos casos, desgraciadamente, el dolor crece en Trujillo a cada rato. Crece a más de treinta, noventa minutos por segundo, paso a paso, gol a gol; y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces. Y la condición del martirio, carnívora, voraz, es el dolor dos veces: el padecimiento de sufrir por segunda vez un descenso. Con Franco Navarro como eje común entre la historia de 2005 -cuando la cerró con poco margen para cambiar una dura realidad azotada por el promedio- y la de 2016 -cuando la abrió y, más bien, la dejó con mucho margen para su sucesor de corregir el rumbo-.

Ronald Quinteros fungió una vez más de lateral izquierdo. (Foto: prensa Real Garcilaso) 

Ángel Comizzo se convierte en el quinto entrenador que fue campeón nacional que años luego acaba perdiendo la categoría; y sus decisiones tienen mucho que ver con ese dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, en el vaso, en la carnicería, en la aritmética de todos quienes en estos veinte años se hicieron hinchas poetas. Porque el equipo se fue a la baja con Ronald Quinteros una vez más de lateral, con Junior Viza en primera línea, con el novel Kevin Príncipe preguntándose qué hacían él y sus 92 minutos en Primera como responsables de anotar en 45 minutos los goles, hermanos, que hicieran lo muchísimo que había por hacer para cambiar tan aciago destino.

Al fin de la batalla, y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre apellidado Libman y le dijo: "¡No mueras, te amo tanto!". Pero el cadáver siguió muriendo, y todos los ayes quedan para lamentos estériles. Porque cuando solo es un individuo -o acaso dos, sumando al también empeñoso Alejandro Hohberg- y no millones o siquiera once quien rodea al cadáver con un ruego común revestido de amor propio, de interés por defender la camiseta, el cadáver se sigue muriendo y se muere lentamente, sin reincorporarse ni echarse más a andar.

>>>Clic aquí para leer más: Las filiales de Vallejo que también descendieron

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Fotos: prensa Real Garcilaso


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